para ser encontrado en Él, no teniendo mi propia justicia que es por la ley, sino la que es mediante la fe del Cristo[3], esto es, la justicia que proviene de Dios.
a la Iglesia de Dios que está en Corinto, llamados y santos que han sido santificados en Jesucristo, y a todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor suyo y nuestro:
Y esto eran algunos de ustedes, pero han sido lavados, santificados y justificados mediante el nombre de nuestro Señor Jesucristo y por medio del espíritu de nuestro Dios.
Pero el Cristo nos ha rescatado de la maldición de la ley, al hacerse maldición por nosotros, porque está escrito: 'Maldito todo aquel que es colgado en un madero',
porque el Dios que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz, ha resplandecido en nuestros corazones para que seamos iluminados con el conocimiento de la gloria de Dios en la presencia de Jesucristo.
Éstos son los que no se contaminaron con mujeres, porque son castos; son los que siguen al Cordero adondequiera que va; son los que fueron redimidos de entre los hombres por Jesús, primicias para Dios y para el Cordero.
Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a quienes junto con nosotros han sido hechos dignos por la misma fe gloriosa por medio de la justicia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo:
porque les he dado las palabras que me diste, y ellos las han aceptado y en verdad han entendido que procedo de tí, y han creído que tú me has enviado.
y no sólo ellas, sino también nosotros que tenemos las primicias del espíritu, gemimos dentro de nosotros mismos, y aguardamos la adopción para la redención de nuestros cuerpos;
Pero ustedes no están en la carne, sino en el espíritu, si en verdad el espíritu de Dios mora en ustedes. Pero si alguno no tiene el espíritu del Cristo, el tal no es de Él,
porque así como por causa de la desobediencia de un hombre muchos fueron constituídos pecadores, así también, mediante la obediencia de uno, muchos serán constituídos justos;
y entonaban un cántico nuevo, diciendo: ¡Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque fuiste inmolado, y con tu sangre nos compraste para Dios de todo linaje, lengua, pueblo y raza,
[1]que fueron escogidos por el previo conocimiento de Dios Padre, mediante la santificación del espíritu, para que sean obedientes, y para ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz les sean multiplicadas.
Que si palabra habite abundantemente en ustedes en toda sabiduría, enseñándose y amonestándose entre ustedes con salmos, con cánticos e himnos del espíritu, cantando con gracia a Dios con sus corazones.
para la administración del cumplimiento de los tiempos, para que todo lo que está en los cielos y en la Tierra sea hecho nuevo otra vez[1] por medio del Cristo.
Saluden a Andrónico y a Junias, parientes míos, que estuvieron prisioneros conmigo, y que son conocidos por los apóstoles, y llegaron al Cristo primero que yo.
Porque todas las cosas son de Él, y todo es por medio de Él, y todas las cosas existen por su mano. A Él sean nuestras alabanzas y nuestra bendición eternamente y para siempre. Amén.
para que abras sus ojos, para que se vuelvan de las tinieblas a la luz, y del poder de Satanás a Dios, y reciban el perdón de pecados y tengan parte con los santos por medio de la fe que está en mí'.
Conozco a un hombre en el Cristo hace catorce años (pero no sé si en el cuerpo o si fuera del cuerpo, Dios lo sabe), que fue arrebatado hasta el tercer cielo.
Y el mismo Dios de paz los santifique por completo a todos ustedes, y mantenga irreprensible todo su espíritu, alma y cuerpo, hasta la venida de nuestro Señor Jesucriso.