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5.0★★★★★
Protégeme, pues estoy dedicado a ti. Sálvame, porque te sirvo y confío en ti; tú eres mi Dios.
De algo pueden estar seguros: el Señor ha separado para sí a los justos; el Señor me responderá cuando lo llame.
¡Confío en ti, mi Dios! No permitas que me avergüencen, ni dejes que mis enemigos se regodeen en mi derrota.
Ahora me voy del mundo; ellos se quedan en este mundo, pero yo voy a ti. Padre santo, tú me has dado tu nombre; ahora protégelos con el poder de tu nombre para que estén unidos como lo estamos nosotros.
Soy tuyo, ¡rescátame!, porque me he esforzado mucho en obedecer tus mandamientos.
Oh Señor, a ti acudo en busca de protección; no dejes que me avergüencen. Sálvame, porque tú haces lo correcto.
Me condujo a un lugar seguro; me rescató porque en mí se deleita.
Mantenme a salvo, oh Dios, porque a ti he acudido en busca de refugio.
Pero yo confío en tu amor inagotable; me alegraré porque me has rescatado.
Así que, como ven, Dios decide tener misericordia de algunos y también decide endurecer el corazón de otros para que se nieguen a escuchar.
Todo el que quiera servirme debe seguirme, porque mis siervos tienen que estar donde yo estoy. El Padre honrará a todo el que me sirva.
En tu amor inagotable, silencia a todos mis enemigos y destruye a todos mis adversarios, porque soy tu siervo.
«Tráiganme a mi pueblo fiel, a los que hicieron un pacto conmigo al ofrecer sacrificios».
Pues el Señor ama la justicia y nunca abandonará a los justos. Los mantendrá a salvo para siempre, pero los hijos de los perversos morirán.
Pero yo confío en ti, oh Señor; digo: «¡Tú eres mi Dios!».
»Él protegerá a sus fieles, pero los perversos desaparecerán en la oscuridad. Nadie tendrá éxito solamente por la fuerza.