»Hijo de hombre, profetízales y bate las palmas. Después toma la espada y esgrímela dos veces en el aire, incluso tres veces, para simbolizar la gran masacre, la gran masacre que los amenaza por todas partes.
Por eso el enojo del Señor arde contra su pueblo y ha levantado el puño para aplastarlo. Los montes tiemblan y los cadáveres de su pueblo están tirados por las calles como basura. Pero aun así, el enojo del Señor no está satisfecho. ¡Su puño todavía está listo para asestar el golpe!