Referencias Cruzadas

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Salmos 50:3

Biblia Nacar-Colunga

Viene nuestro Dios, y no en silencio; le precede un fuego devorador, en su derredor cruje furiosa tempestad,'

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28 Referencias Cruzadas  

Un río de fuego procedíay salía de delante de él, y le servían millares de millares y le asistían millones de millones; el tribunal tomó asiento, y fueron abiertos los libros.'


También los doscientos cincuenta hombres que ofrecían el incienso fueron abrasados por un fuego de Yahvé.


Entonces salió ante Yahvé un fuego que los abrasó, y murieron ante Yahvé.


Tiene ya el bieldo en su mano y limpiará su era y recogerá su trigo en el granero, pero quemará la paja en fuego inextinguible.


Dice el que testifica estas cosas: Sí, vengo pronto. Amén. Ven, Señor Jesús.


porque mostró Dios ser un fuego devorador.


(19) Pues he aquí que llega el día, ardiente como horno, y serán entonces los soberbios y obradores de maldad como paja, y el día que viene le prenderá fuego, dice Yahvé, de suerte que no les quedará ni raíz ni follaje.


Delante de El va la mortandad, y a su zaga va el azote.


ante la presencia de Yahvé, que viene, porque viene a juzgar la tierra” Regirá el orbe con justicia, y a los pueblos con equidad.


Bendito sea todos los días el Señor; El lleva nuestra carga, es el Dios de nuestra salvación. Selah.'


Esto haces, y ¿voy a callarme? ¿Creíste que era yo como tú? Yo quisiera corregirte, poniendo esto ante tus ojos.


Poned atención a sus murallas; considerad sus alcázares, para poder contarlo a las generaciones venideras.'


Has de saber desde hoy que Yahvé, tu Dios, irá El mismo delante de ti como fuego devorador, que los destruirá, los humillará ante ti, y tú los arrojarás y los destruirás pronto, como te lo ha dicho Yahvé.


Todo el Sinaí humeaba, pues había descendido Yahvé en medio del fuego, y subía el humo, como el humo de un horno, y todo el pueblo temblaba.


¿cómo lograremos nosotros rehuirla, si tenemos en poco tan gran salud? La cual, habiendo comenzado a ser promulgada por el Señor, fue entre nosotros confirmada por los que le oyeron,


Decid a los apocados de corazón: ¡Valor! No temáis, he ahí nuestro Dios. Viene la venganza, viene la retribución de Dios, viene El mismo, y os salvará,


Miré, y he aquí que venía del septentrión un viento impetuoso, una nube densa, y en torno a la cual resplandecía un remolino de fuego, que en medio brillaba como bronce en ignición.





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