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5.0★★★★★
¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado? Lejos estás de mi socorro, de las palabras de mi gemido.
¿Y Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a El día y noche, aun cuando los haga esperar?
Mi alma está sedienta de Dios, del Dios vivo: ¿Cuándo iré y veré la faz de Dios?
Al maestro del coro. Cántico de los hijos de Coré. Sobre la “enfermedad.” Para la “aflicción.” Maskil. De Ernán ezraíta.
Doy gracias a Dios, a quien sirvo, a ejemplo de mis mayores, con pura conciencia, y sin cesar hago memoria de ti en mis oraciones noche y día,
orando noche y día con la mayor instancia por ver vuestro rostro y completar lo que falta a vuestra fe?
Aconteció por aquellos días que salió El hacia la montaña para orar, y pasó la noche orando a Dios.
Dejándolos, de nuevo se fue a orar por tercera vez, diciendo aún las mismas palabras.
Sámec. — Te has cubierto de una nube para que no llegue a ti la plegaria.
Guímel. — Y aunque clamo y voceo, no se hace accesible a mi oración.
¡Oh Dios! restaúranos, haz esplender tu rostro, y seremos salvos.