Entonces dirá el Rey a los que están a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
Pues no se apoderaron de la tierra por su espada, ni les dio su brazo la victoria, sino tu diestra, tu brazo, la luz de tu rostro, porque te complaciste en ellos.
¡Maldito el fraudulento, que, teniendo en el rebaño machos y habiendo hecho un voto, sacrifica a Dios lo estropeado! Porque yo soy Rey grande, dice Yahvé de los ejércitos, y mi nombre es temible entre las gentes.
Pues tiene Yahvé en su mano el cáliz del espumoso vino lleno de mixtura, y lo derrama sobre unos y otros8; beberán hasta las heces, beberán todos los impíos de la tierra.'