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5.0★★★★★
No creyendo aún ellos, en fuerza del gozo y de la admiración, les dijo: ¿Tenéis aquí algo que comer?
Díjoles Jesús: Muchachos, ¿no tenéis a la mano nada que comer? Le respondieron: No.
Vosotros, pues, ahora tenéis tristeza; pero de nuevo os veré, y se alegrará vuestro corazón, y nadie será capaz de quitaros vuestra alegría.'
Y aunque le hablara yo y El me respondiese, no osaría creer que había oído mi voz.
pero, oyendo que vivía y que había sido visto por ella, no lo creyeron.
Estos, vueltos, dieron la noticia a los demás; ni aun a éstos creyeron.'
Al fin se manifestó a los Once, estando recostados a la mesa, y les reprendió su incredulidad y dureza de corazón, por cuanto no habían creído a los que le habían visto resucitado de entre los muertos.
pero a ellos les parecieron desatinos tales relatos y no los creyeron.
Diciendo esto, les mostró las manos y los pies.
Le dieron un trozo de pez asado,
que, luego que conoció la voz de Pedro, fuera de sí de alegría, sin abrir la puerta, corrió a anunciar que Pedro estaba en el vestíbulo.
Tenían unos pocos pececillos, y, dando gracias, dijo que los sirviesen también.