y para el sacrificio pacífico, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos primales. Esta fue la ofrenda de Natanael, hijo de Suar.
Restableció el altar de Yahvé, y sobre él ofreció víctimas y sacrificios pacíficos y eucarísticos, y mandó a Judá que sirviese a Yahvé, Dios de Israel.
Luego dijo Ezequías: “Vosotros habéis llenado seguramente vuestras manos para Yahvé. Llegaos, pues, a ofrecer víctimas y sacrificios eucarísticos en la casa de Yahvé.” Y así toda aquella muchedumbre ofreció hostias, sacrificios eucarísticos y holocaustos con gran piedad y liberalidad.