de parte de los que desprecian tus palabras. Consúmelos. Eran para mí tus palabras el gozo y la alegría de mi corazón, porque yo llevo tu nombre, ¡oh Yahvé, Dios de los ejércitos !
¿Por qué has de ser como hombre azorado, como guerrero incapaz de salvar? Pues tú, Yahvé, (habitas) en medio de nosotros, y tu nombre es invocado sobre nosotros, No nos desampares.
No se dice la casa de Jacob: “¿Se ha acortado la paciencia de Yahvé? ¿Dónde están sus obras?” ¿Mis palabras no están plenas de bondad para los que caminan en rectitud?