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5.0★★★★★
Había un hombre tullido desde el seno de su madre, que traían y ponían cada día a la puerta del templo llamada la Hermosa para pedir limosna a los que entraban en el templo.
En Listra vieron a un hombre inválido de los pies, paralítico desde el seno de su madre y que nunca había podido andar.
Los vecinos y los que antes le conocían, pues era mendigo, decían: ¿No es éste el que estaba sentado pidiendo limosna?
Un pobre, de nombre Lázaro, estaba echado en su portal, cubierto de úlceras,
que me dijo: Cornelio, ha sido escuchada tu oración y tus limosnas recordadas delante de Dios.
Acercándose a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna.
El le miró, y sobrecogido de temor, dijo: ¿Qué quieres, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y limosnas han sido recordadas ante Dios.
El hombre en quien se había realizado el milagro de la curación pasaba de los cuarenta años.
reconoció ser el mismo que se sentaba a pedir limosna en la puerta Hermosa del templo, y quedaron llenos de admiración y espanto por lo sucedido.