Cuando volvía de Padán Aram, se me murió Raquel en el camino, en tierra de Canaán, a distancia de un “kibrat” de Efratá, y allí la sepulté en el camino de Efratá, que es Belén.”
(1) Pero tú, Belén de Efratá, pequeño entre los clanes de Judá, de ti me saldrá quien señoreará en Israel, cuyos orígenes serán de antiguo, de días de muy remota antigüedad.
“Cuando hoy me dejes, encontrarás al mediodía dos hombres cerca del sepulcro de Raquel, en tierra de Benjamín, que te dirán: Las asnas que has ido a buscar han aparecido, y tu padre no piensa ya en ellas, sino en vosotros, y dice: ¿Cómo haré yo para saber de mi hijo?
Había entre las gentes de Rama un hombre de la familia de Suf, originario de los montes de Efraím, llamado Elcana, hijo de Jeroam, hijo de Eliú, hijo Toú, hijo de Suf, efraimita.
Llamábase el hombre Elimelec; la mujer, Noemí, y los dos hijos, Majalón el uno y Quelyón el otro, efrateos, de Belén de Judá. Llegaron a la tierra de Moab y habitaron allí.'