Así celebraron los hijos de Israel que se hallaron en Jerusalén la solemnidad de los ácimos durante siete días, con gran gozo, cantando todos los días las alabanzas de Yahvé y tocando los levitas y los sacerdotes los instrumentos con toda fuerza a Yahvé.
Una gran parte del pueblo de Efraím, de Manases, de Isacar y de Zabulón, que no se había purificado, comió la pascua sin ajustarse a lo prescrito; pero Ezequías rogó por ellos, diciendo: “Quiera Yahvé, que es bueno, perdonar a todos aquellos que de todo corazón buscan'
Todo el pueblo de Judá estaba rebosando de alegría, lo mismo sacerdotes y levitas, que la muchedumbre venida de Israel, que los extranjeros que habían venido de la tierra de Israel o habitaban en Judá.
Por haberse conmovido tu corazón y haberte humillado ante Dios al oír sus palabras contra este lugar y contra sus habitantes; porque has rasgado tus vestiduras y has llorado ante Yahvé, también yo he oído, dice Yahvé,'
También su oración, y cómo fue oído, y todos sus pecados y prevaricaciones, los lugares donde edificó altos y puso “aseras” e ídolos antes de humillarse, todo está escrito en la historia de los videntes.
Tras de aquéllos vinieron también, de todas las tribus de Israel, los que tenían puesto su corazón en seguir a Yahvé y Dios de Israel, para poder sacrificar en Jerusalén a Yahvé, el Dios de sus padres.
y que, por habérseme opuesto a mí, me opuse yo a ellos y los eché a tierra de enemigos. Humillarán su corazón incircunciso y reconocerán sus iniquidades;'
Moisés y Aarón fueron al faraón y le dijeron: “Así habla Yahvé, el Dios de los hebreos: ¿Hasta cuándo no querrás someterte a mí? Deja ir a mi pueblo para que me sacrifique.