¡Oh Yavé, mi fuerza y mi fortaleza,
mi refugio en el día de la desgracia!
A ti vendrán a verte las naciones
desde los últimos límites de la tierra, y dirán:
Era sólo mentira lo que se transmitían nuestros padres,
y vanidad y falta de poder.
En ese momento, un hombre de Dios se acercó al rey de Israel diciéndole: 'Esto dice Yavé: Los arameos afirman que Yavé es un dios de montaña y no un dios de la llanura; por esa razón voy a poner en tus manos a todo ese gran ejército, y ustedes sabrán que yo soy Yavé'.
Dijo: 'Yavé, Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en el cielo y no dominas tú en todos los reinos de las naciones? En tu mano está el poder y la fortaleza sin que nadie pueda resistirte.