Firmaré con ellas una alianza de paz, haré que desaparezcan del país las fieras salvajes; mis ovejas podrán quedarse en el desierto y dormir en los bosques.
El gobernará este país según la justicia y el derecho. En aquel tiempo Judá gozará de paz, e Israel permanecerá seguro. Y éste es el nombre que le darán: Yavé-nuestra-justicia.
Hará de árbitro entre las naciones
y a los pueblos dará lecciones.
Harán arados de sus espadas y sacarán hoces de sus lanzas.
Una nación no levantará la espada contra otra
y no se adiestrarán para la guerra.
El lobo pastará junto con el cordero;
el león comerá paja como el buey
y la culebra se alimentará de tierra.
No harán más daño ni perjuicio
en todo mi santo cerro, dice Yavé.
Ese día pondrá su pie sobre el Cerro de los Olivos, que queda al oriente de Jerusalén. Y el Cerro de los Olivos se partirá en dos de este a oeste, dejando en medio un profundo valle; una parte del cerro quedará al norte y la otra mitad al sur.
No temas, pues, servidor mío, Jacob, dice Yavé, ni te asustes, Israel, porque yo acudo, desde lejos, para sacarte a ti y a tus hijos del país en que están cautivos. Jacob volverá y encontrará la paz y vivirá tranquilo, sin que nadie lo moleste.
En ese día cantarán de esta manera en el país de Judá:
Tenemos ahora una ciudad amurallada;
El ha construido para defendernos
no una, sino dos murallas.
Destruirá los carros de Efraím
y los caballos de Jerusalén.
Entonces se podrá romper el arco con flechas,
pues él dictará la paz a las naciones.
Extenderá su dominio de un mar al otro mar,
y desde el Eufrates hasta el fin del mundo.