¿Quién es bastante sabio para comprender estos acontecimientos? ¿A quién se lo ha dicho la boca de Yavé para que lo publique? ¿Por qué el país está perdido, incendiado como el desierto, por donde nadie pasa?
(A Jerusalén y a las ciudades de Judá, sus reyes y sus príncipes, para que queden hechos una ruina, un espanto, una payasada, una maldición, como les está ocurriendo ahora.)
Pues aunque no florezca la higuera
ni den las viñas uva en adelante;
aunque falte el producto del olivo
y se niegue la tierra a darnos pan;
aunque no tenga ovejas el corral
y se queden sin bueyes los establos;'
Pon atención, oh Dios mío, escucha, abre tus ojos, mira nuestra ruina y la ciudad sobre la cual ha sido pronunciado tu Nombre. Te lo suplicamos; no esperamos nada de nuestros méritos, sino que confiamos en tu gran misericordia.
Ese primer año de su reinado, yo Daniel estudiaba las Escrituras y sacaba la cuenta de esos setenta años que debían pasar sobre Jerusalén en ruinas como le fue revelado al profeta Jeremías.
Yavé no ha podido contenerse más al ver la mala conducta de ustedes y las cosas horribles que ustedes han hecho. Por eso, su país es ahora un desierto espantoso, maldito y abandonado.
Así dice Yavé de los Ejércitos, el Dios de Israel. Ustedes han presenciado todas las desgracias que sufrieron Jerusalén y todas las ciudades de Judá, que hoy no son más que un montón de ruinas abandonadas.
Nuestro templo, santo y magnífico,
en que te rezaban nuestros abuelos,
ha sido consumido por el fuego;
todo lo que nos hacía felices está ahora en ruinas.
derribaré el muro, y será pisoteada.
Ya no la cuidaré en adelante,
no se podará ni se limpiará más,
sino que crecerán en ella la zarza y el espino,
y les mandaré a las nubes
que no dejen caer más lluvia sobre ella.
Ustedes dicen que este lugar está abandonado, sin habitantes ni ganados. Pero así dice Yavé: En todas las ciudades de Judá y en las calles desoladas de Jerusalén, ahora sin habitantes ni ganados, aún se oirán