Les has herido, pero no han sentido; los has aplastado, pero no han querido aprender la lección. Han endurecido su frente como una roca y se han negado a convertirse.
Inútilmente he corregido a sus hijos,
ya que nadie me ha hecho caso.
La espada, más feroz que un león,
ha devorado a sus profetas, pero no entendieron.
Cayó sobre nosotros la desgracia como está escrito en la Ley de Moisés, pero no apaciguamos a Yavé nuestro Dios, renunciando a nuestra mala conducta y prestando atención a su verdad.