Una vez bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los Cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y se posaba sobre él.
Sobre él reposará el Espíritu de Yavé,
espíritu de sabiduría e inteligencia
espíritu de prudencia y valentía,
espíritu para conocer a Yavé y para respetarlo,
y para gobernar según sus preceptos.