Pero al primogénito de vaca, o de oveja, o de cabra, no lo rescatarás: es sagrado. Derramarás su sangre sobre el altar y su grasa la harás arder como manjar abrasado de calmante aroma para Adonai.
El sacerdote derramará la sangre sobre el altar de Adonai, a la entrada de la Tienda del Encuentro, y quemará las grasas como calmante aroma para Adonai.