Nadie, sin embargo, podrá consagrar los primogénitos de su ganado que ya, por ser tales, pertenecen a Adonai. Sean del ganado mayor o del menor, pertenecen a Adonai.
Todo primogénito que nazca en tu ganado mayor o menor, si es macho, lo consagraras a Adonai tu Di-s. No someterás al trabajo al primogénito de tu vaca ni esquilarás al primogénito de tu oveja.
Pero al primogénito de vaca, o de oveja, o de cabra, no lo rescatarás: es sagrado. Derramarás su sangre sobre el altar y su grasa la harás arder como manjar abrasado de calmante aroma para Adonai.
Si se trata de un animal impuro, y lo quiere rescatar según la tasación, añadirá la quinta parte al precio; pero si no es rescatado, será vendido, conforme a la tasación.
Porque todo primogénito me pertenece. El día en que herí a todos los primogénitos de Egipto, consagré para mí a todos los primogénitos de Israel, tanto de hombre como de ganado. Son para mí. Yo, Adonai.'