Yo mismo volveré mi rostro contra ese hombre y los exterminaré de en medio de su pueblo, por haber entregado un hijo suyo a Mólek, haciendo impuro mi santuario y profanando mi nombre santo.
Si un hombre cualquiera de la casa de Israel, o de los forasteros que residen en medio de ellos, come cualquier clase de sangre, yo volveré mi rostro contra el que coma sangre y los exterminaré de en medio de su pueblo.
Pero el hombre que quedó impuro y no se purificó, ése será extirpado de la asamblea, pues ha manchado el santuario de Adonai. Las aguas lustrales no han corrido sobre él: es un impuro.
Todo el que toca un muerto, un cadáver humano, y no se purifica, mancha la Morada de Adonai; ese individuo será extirpado de Israel, porque las aguas lustrales no han corrido sobre él: es impuro; su impureza sigue sobre él.
Si alguien toca cualquier cosa inmunda, sea inmundicia de hombre, o de animal, o cualquier otra abominación impura y luego come de la carne del sacrificio de comunión ofrecido a Adonai, será exterminado de su parentela.
Santos han de ser para su Di-s y no profanarán el nombre de su Di-s, pues son ellos los que presentan los manjares que se han de abrasar para Adonai, el alimento de su Di-s; han de ser santos.