Cuando nazca un ternero, o un cordero, o cabrito, quedará siete días con su madre; y desde el día octavo en adelante será grato como ofrenda de manjar abrasado para Adonai.
Todo primogénito que nazca en tu ganado mayor o menor, si es macho, lo consagraras a Adonai tu Di-s. No someterás al trabajo al primogénito de tu vaca ni esquilarás al primogénito de tu oveja.
A los ocho días será circuncidado entre vosotros todo varón, de generación en generación, tanto el nacido en casa como el comprado con dinero a cualquier extraño que no sea de tu raza.
Porque yo soy Adonai, vuestro Di-s; santificaos y sed santos, pues yo soy santo. No os haréis impuros con ninguno de esos bichos que se arrastran por el suelo.
Todo nativo o forastero que coma carne de bestia muerta o destrozada lavará sus vestidos, se bañará en agua y quedará impuro hasta la tarde; después será puro.
No comeréis ninguna bestia muerta. Se la darás al forastero que vive en tus ciudades para que él la coma, o bien véndesela a un extranjero. Porque tú eres un pueblo consagrado a Adonai tu Di-s. No cocerás el cabrito en la leche de su madre.