responderéis: 'Este es el sacrificio de la Pascua de Adonai, que pasó de largo por las casas de los israelitas en Egipto cuando hirió a los egipcios y salvó nuestras casas.'' Entonces el pueblo se postró para adorar.
Y sucedió que, a media noche, Adonai hirió en el país de Egipto a todos los primogénitos, desde el primogénito de Faraón, que se sienta sobre su trono, hasta el primogénito del preso en la cárcel, y a todo primer nacido del ganado.
Presentáronse, pues, Moisés y Aarón a Faraón, e hicieron lo que Adonai había ordenado: Aarón echó su cayado delante de Faraón y de sus servidores, y se convirtió en serpiente.
Yo endureceré el corazón de Faraón, y os perseguirá; pero yo manifestaré mi gloria a costa de Faraón y de todo su ejército, y sabrán los egipcios que yo soy Adonai.' Así lo hicieron.
Así, pues, Besalel, Oholiab y todos los hombres hábiles en quienes Adonai había infundido habilidad y pericia para saber realizar todos los trabajos en servicio del Santuario, ejecutaron todo conforme había mandado Adonai.
Así fue acabada toda la obra de la Morada y de la Tienda del Encuentro. Los israelitas hicieron toda la obra conforme a lo que Adonai había mandado a Moisés. Así lo hicieron.
Habló entonces Moisés a los israelitas. Sacaron al blasfemo fuera del campamento y lo lapidaron. Los israelitas hicieron como Adonai había mandado a Moisés.
Tomó Moisés de la mitad de los israelitas, a razón de uno por cincuenta, hombres y bestias, y se los dio a los levitas, que se encargan del ministerio de la Morada de Adonai, como había ordenado Adonai a Moisés.
Josué, hijo de Nun, estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés le había impuesto las manos. A él obedecieron los israelitas, cumpliendo la orden que Adonai había dado a Moisés.