a cuantos no ponemos nuestros ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles; pues las cosas visibles son pasajeras, mas las invisibles son eternas.
fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe, el cual, en lugar del gozo que se le proponía, soportó la cruz sin miedo a la ignominia y=está sentado a la diestra=del trono de Dios.
«Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla;
el cual, siendo resplandor de su gloria e impronta de su sustancia, y el que sostiene todo con su palabra poderosa, después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,
Este es el punto capital de cuanto venimos diciendo, que tenemos un Sumo Sacerdote tal, que se=sentó a la diestra=del trono de la Majestad en los cielos,
Dícele Jesús: «Sí, tú lo has dicho. Y yo os declaro que a partir de ahora veréis=al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo.»=