griego Páulos; del latiin Paulus, un nombre romano que significa 'pequeño', El gran apóstol a los gentiles. En la Biblia se lo presenta como Saulo griego Sáulos, del hebreo Shazul, 'pedido a Dios', o Fue hebreo (Fil. 3:5). Era de la tribu de Benjamín (Ro. 11:1). Su padre era un ciudadano romano (Hch. 22:28). Nació Tarso (Hch. 21:39), donde se mezclaban elementos griegos, romanos y judíos. No sólo hablaba el hebreo y el arameo (Hch. 21:40; 22:2), sino también el griego. También aprendió a hacer carpas o tiendas. Siendo joven fue a Jerusalén (Hch. 26:4) y se sentó a los pies del rabino y fariseo más renombrado de sus días: Gamaliel.
El primer contacto de Pablo con el cristianismo tuvo relación con la muerte de Esteban. Se cree que Pablo fue uno de los de Cilicia que, con otros, no pudo vencerlo en el debate (Hch. 6:9, 10; 21:39). La acción de masas que resultó en el apedreamiento de Esteban señaló el comienzo del primer período de persecución que devastó a la iglesia naciente; y Pablo, se destacó en esta persecución. Pablo hacía esta tarea primero en Jerusalén, pero luego siguió a los creyentes esparcidos hasta otras ciudades (Hch. 8:4; 26:11; Gá. 1:13).
En una de esas campañas de persecución escuchó que había cristianos en Damasco, pidió cartas del sumo sacerdote que lo autorizaran a arrestar y llevar a Jerusalén a cualquier cristiano que encontrase en dicha ciudad (Hch. 9:1, 2). Mientras Pablo se acercaba a Damasco a mediodía con un grupo de hombres para ayudarlo en sus planes, lo rodeó una luz enceguecedora, más brillante que el Sol. Pablo y sus compañeros cayeron a tierra, y una voz, que se identificó como Jesús de Nazaret, le preguntó: 'Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?', y añadió: 'Dura cosa te es dar coces contra el aguijón'. Abrumado por esta manifestación del Cielo, preguntó qué debía hacer. La voz le ordenó ser testigo para Cristo entre los gentiles. Al incorporarse, Pablo descubrió que estaba ciego. En esas condiciones, fue conducido por sus compañeros al hogar de un cierto Judas, en Damasco, donde estuvo tres días sin comer ni beber (Hch. 9:8, 9, 11). Mientras oraba, Jesús se le apareció en visión a un cristiano llamado Ananías y le indicó que fuera a la casa de Judas, donde encontraría a Pablo, quien había recibido una visión acerca de su visita. Ananías, con todo respeto, le recordó a Jesús las persecuciones de Saulo, pero se le informó que el anterior perseguidor había sido elegido por Dios. Siguiendo las instrucciones, Ananías encontró a Saulo y al imponerle las manos recuperó la vista en forma inmediata, recibió el don del Espíritu Santo y fue bautizado. No se sabe cuánto tiempo permaneció en Damasco. Allí se asoció con los cristianos. También, en armonía con su carácter comenzó a predicar en las sinagogas a Cristo que ahora adoraba. Tan poderosa y convincente era su predicación que ninguno podía derrotar su lógica o negar su poder (v 22).
Habiéndosele terminado la oportunidad de trabajar en Damasco, Pablo se dirigió a Jerusalén. Ya habían pasado tres años desde su conversión, pero hasta entonces no había tenido contacto alguno con los dirigentes de la iglesia (Gá. 1:17, 18). Su razón básica para ir allá era ver a Pedro (Gá. 1:18). Su lógica incontrovertible despertó la ira de ciertos judíos helenistas que decidieron quitarle la vida (Hch. 9:29). Sus hermanos de inmediato lo acompañaron al puerto de Cesarea , y lo pusieron a bordo de un barco para asegurarse de que escaparía de sus enemigos.
De Jerusalén donde había estado quince días (Gá. 1:18), Pablo fue a las regiones de Siria y de Cilicia (Hch. 11:25; Gá. 1:21-23) junto con Bernabé. Pablo y Bernabé trabajaron juntos por un año entero. Mientras estaban en Antioquía, vinieron de Jerusalén ciertas personas con don profético (Hch. 11:27). Uno de ellos, Agabo, fue inspirado divinamente para predecir una hambruna mundial. Como resultado, los creyentes de Antioquía decidieron enviar ayuda a los cristianos de Judea, y para ello eligieron a Pablo y Bernabé. Habiendo cumplido su misión, regresaron a Antioquía trayendo consigo a Juan Marcos, sobrino de Bernabé (Hch. 12:25; Col. 4:10). Mientras estaba en Antioquía por segunda vez, Pablo recibió un llamado que lo inició en sus grandes viajes misioneros hacia el Asia Menor y Europa, lo que le significó el título de apóstol a los gentiles. Cuando algunos de los miembros de la iglesia estaban ayunando y adorando, recibieron del Espíritu Santo la orden de apartar a Pablo y a Bernabé para una obra especial (Hch. 13:2). Así lo hicieron, con ayuno y oración; y luego, dirigidos por el Espíritu Santo, los apóstoles salieron para su primer viaje misionero, acompañados por Juan Marcos .
Fueron a Seleucia, el puerto de Antioquía, y allí tomaron un barco para Chipre (Hch. 13:4) . Comenzaron a predicar en las sinagogas judías (Hch. 13:5). Invitado a hablar en la sinagoga el sábado, Pablo predicó acerca de la resurrección de Cristo. El sermón impresionó tanto a los presentes que le pidieron que predicara a los gentiles el sábado siguiente y se juntó casi toda la ciudad para escuchar el evangelio. En Listra, Pablo sanó a un hombre que había sido inválido toda su vida (Hch. 14:8-10). Este milagro llevó a los habitantes supersticiosos a creer que Bernabé y Pablo eran Júpiter y Mercurio (Hch. 14:11, 12). En Listra las labores de los apóstoles terminaron cuando los judíos enemigos de Antioquía y de lconio soliviantaron a una multitud que apedreó a Pablo y lo arrastró fuera de la ciudad como muerto (Hch. 14:19). Conservado milagrosamente, se reanimó y entró de nuevo en la ciudad, pero salió de ella al día siguiente, acompañado por Bernabé.
Pablo y Silas comenzaron su segundo viaje misionero. Viajaron por tierra visitando las iglesias de Siria y de Cilicia (Hch. 15:40, 41). Sin duda estuvieron con los creyentes de la ciudad originaria de Pablo, Tarso, en Cilicia. Al llegar a Derbe y Listra, Pablo encontró otro compañero de viaje: Timoteo. Luego Pablo y sus compañeros viajaron atravesando Frigia y la provincia de Galacia (Hch. 16:6). En consecuencia, es en este viaje que Pablo fue afligido con la enfermedad del cuerpo (Gá. 4:13). En Troas, Pablo entró en un campo nuevo y lleno de desafíos. En una visión nocturna un hombre de Macedonia lo instó a llevar el evangelio a ese país (Hch. 16:9). No había sinagoga judía en Filipos pero existía cierto lugar para la oración fuera de la ciudad junto a un río; Pablo y sus acompañantes fueron allí el sábado, y él predicó a un grupo de mujeres que estaban reunidas (Hch. 16:13).
De regreso en Jerusalén, Pablo y su grupo fueron recibidos alegremente por los cristianos del lugar. El informe que dio a los dirigentes de la iglesia, con respecto a la difusión del evangelio entre los gentiles, produjo gran regocijo. Sin embargo, al mismo tiempo los líderes le contaron que circulaban informes de que estaba instando a los cristianos judíos helenistas, como también a los conversos gentiles, a no seguir la circuncisión y las demás leyes de Moisés (Hch. 21:15-21). No obstante sugerían que, con el fin de demostrar que las acusaciones eran falsas, Pablo se uniera a otros cuatro judíos cristianos que habían hecho un voto y se sometiera a un acto de purificación ceremonial en el templo, demostrando así públicamente que él no había rechazado las leyes mosaicas. El apóstol aceptó la idea. Casi había terminado el período de su voto cuando unos judíos del Asia, lo reconocieron y agitaron a la gente contra él acusándolo falsamente y atrayendo una multitud a los recintos sagrados, queriendo matarlo, lo tomaron y lo sacaron del edificio. Entretanto, Claudio Lisias, oyó los disturbios y rápidamente acudió con sus soldados para aplastar el movimiento. Al ver que el motivo se centraba en Pablo, lo arrestó y lo hizo encadenar. Después de esto, preguntó quién era el hombre y cuál era su crimen por haber provocado tanto tumulto. Como no pudo conseguir una respuesta de la turba, ordenó que el apóstol fuera escoltado hasta la fortaleza. Luego de haber sido conducido con dificultad en medio de la multitud airada, Pablo pudo convencer al comandante de que no era un criminal buscado por las autoridades romanas. Se le permitió hablar a la gente desde la escalinata que llevaba a la fortaleza (Hch. 21:30-40), desde donde les contó en lengua hebrea historia de su vida.
Su audiencia lo escuchó en calma hasta que les dijo cómo Dios lo había comisionado para predicar a los gentiles. Ante estas palabras, los judíos comenzaron a gritar y exigieron su muerte. Por esto, el comandante que tal vez no entendía arameo y no sabía la razón por el repentino desorden, ordenó que Pablo fuera examinado con azotes. Mientras lo ataban, el apóstol reveló que era ciudadano romano, lo que lo salvó de la tortura. Al día siguiente, Lisias reunió al Sanedrín y puso a Pablo ante él, para que esclareciera el problema. Tan grave fue la discusión que Lisias, temiendo que el apóstol fuera descuartizado en la refriega, envió a sus soldados para rescatarlo y llevarlo a la torre. Esa noche, Pablo recibió la seguridad divina de que Dios lo estaba conduciendo y que testificaría en Roma, como él había deseado . Al día siguiente, su sobrino, informado de que un grupo de más de cuarenta personas se habían juramentado para asesinarle, fue a la fortaleza para avisarle. El apóstol le pidió que le contara al mismo Lisias del plan. El comandante, al saber que le pedirían como pretexto que al día siguiente presentara a Pablo otra vez ante el Sanedrín con el fin de dar oportunidad a los asesinos de matar al prisionero, ordenó de inmediato que con una fuerte escolta armada esa misma noche lo llevaran a Cesarea. Donde lueo de audiencias ponen al apóstol en la carcel que fue una experiencia difícil para el anciano apóstol (Ef. 3:1; 6:20; Col. 4:18; Flm. 1, 9, 10). Después de 2 años, Pablo fue juzgado por Nerón y absuelto. Las epístolas escritas durante este período de libertad, muestran que el apóstol realizó viajes misioneros después de su liberación.
Murió por decapitación. Las propias palabras del apóstol en 2 Ti. 4:7 y 8 ofrecen un epitafio apropiado para su vida y resumen el propósito de ella: 'He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida'. Fue un orador hábil (Hch. 17:22-31) y un escritor de prosa vigorosa, que a veces llega a ser poética (1 Co. 13). También un gran evangelizador y organizador.
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