Este territorio estaba rodeado de montañas que enmarcaban una llanura llena de plantas salitrosas y desiertos inhabitables de inviernos fríos y veranos abrasadores. La zona estaba en el camino de las caravanas comerciales que unían a Mesopotamia y Asia Central.
Los primeros habitantes de la Meseta del Irán se dedicaron al pastoreo y la agricultura, en estos fértiles valles, desarrollaron el cultivo de cereales, frutas y hortalizas. La región también era rica en minerales, lo que los llevo a fabricar herramientas de metal para mejorar la producción agrícola y el arte de la guerra, en las montañas hallaron hierro, cobre plata, etc.
Organizados como tribus, eran dirigidos por las familias mas poderosas, (nobleza). Una de estas familias, la de los Aqueménidas fue la creadora el imperio. Un miembro de esta familia, Ciro el grande (550-530 antes de Cristo), unificó a los persas, sometió a los medos, tomó Babilonia y extendió el territorio hasta Asia Menor, después de anexionarse las colonias griegas de esta zona. Su hijo Cambises (530-521 antes de Cristo) conquistó Egipto. El gran organizador del imperio fue Darío I (521-486), que conquistó los territorios hasta el río Indo por el Este, y de Tracia y Macedonia (Grecia) por el Oeste.
El rey mandaba en el ejército, era juez y gobernaba en todo el territorio, que estaba dividido en satrapías. La satrapía era como una gran provincia administrada por un sátrapa, que representaba al rey; aunque el monarca los tenía controlados mediante un jefe militar y un secretario real, que a su vez eran controlados por inspectores reales (los ojos y oídos del rey). Para mantener esta organización se construyeron, con abundantes impuestos, una importante red de calzadas y caminos.
La decadencia del imperio empezó a mediados del siglo V antes de Cristo, por el enfrentamiento con los griegos en las guerras médicas (del nombre que recibían los persas, que habían incorporado por conquista el pueblo de los medos), y desapareció en el siglo IV antes de Cristo bajo el dominio de Alejandro Magno.
Persia se situó en lo que hoy conocemos como Irán. Elam fue el primer reino destacado de este territorio, donde se mantuvo desde el año 3000 a.C hasta el 646 a.C., cuando fue aniquilado por los asirios.
No obstante, había otros pueblos en la zona. Es el caso de los medos, que llegaron desde las estepas rusas y que se aliaron con los babilonios para derrotar a los asirios en la Batalla de Harran (609 a.C.).
Los persas eran otro de los pueblos iranios que habían llegado a Mesopotamia desde tierras indoeuropas. Su nuevo asentamiento estaba situado junto a Elam y muy próximo a Babilonia.
De forma general, la sociedad se dividía en guerreros, sacerdotes y campesinos. También existían cargos de la administración real, que normalmente ocupaban integrantes de las familias de la aristocracia que gozaban del favor del rey. En la época aqueménida no existía la esclavitud, aunque sí hay evidencias de la venta de soldados de los ejércitos derrotados.
Las sólidas infraestructuras persas facilitaban el comercio entre las distintas zonas del imperio (el Camino Real Persa permitía que los mensajeros recorriesen 2700 kilómetros en pocos días, algo esencial para el éxito del sistema postal creado por Darío I).
Otro aspecto a destacar sobre la economía persa es que las monedas que se utilizaban eran el dárico (moneda de oro) y el siclo (moneda de plata).
Las lenguas que se emplearon fueron el persa antiguo, el elamita y, sobre todo, el arameo. Otros idiomas sólo se utilizaban de forma local, tal y como sucedía con el griego y el egipcio.
Persas (heb. Pâras y Parsî; aram. Paras y Parsay). Habitantes de Persia* (; ; ; etc.). Para algunos estudiosos, 'los de Persia' (aram.'afarsâyê') de se referiría a una clase de oficiales hasta ahora desconocidos; para otros sería un término genérico para designar a los persas (aunque, como vimos arriba, esta última definición requeriría una vocalización diferente).
→ 2 Crónicas 36:22 Mas al primer año de Ciro rey de los persas, para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, Jehová despertó el espíritu de Ciro rey de los persas, el cual hizo pregonar de palabra y también por escrito, por todo su reino, diciendo:
→ 2 Crónicas 36:20 Los que escaparon de la espada fueron llevados cautivos a Babilonia, y fueron siervos de él y de sus hijos, hasta que vino el reino de los persas;
→ 2 Crónicas 36:23 Así dice Ciro, rey de los persas: Jehová, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra; y él me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá. Quien haya entre vosotros de todo su pueblo, sea Jehová su Dios con él, y suba.
→ Ezequiel 27:10 Persas y los de Lud y Fut fueron en tu ejército tus hombres de guerra; escudos y yelmos colgaron en ti; ellos te dieron tu esplendor.
→ Daniel 5:28 PERES: Tu reino ha sido roto, y dado a los medos y a los persas.
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