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Lucas 6 - Biblia Reina Valera 1862

Los discípulos recogen espigas en el día de reposo

1. Y ACONTECIÓ que pasando él por entre los panes el segundo sábado después del primero, sus discípulos arrancaban espigas, y comían, estregándolas entre las manos.

2. Y algunos de los Fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los sábados?

3. Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Ni aun esto habéis leido, lo que hizo David cuando tuvo hambre, él, y los que con él estaban?

4. ¿Cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, y comió, y dió también a los que estaban con él; los cuales no era lícito comer, sino a solos los sacerdotes?

5. Y les decía: El Hijo del hombre es Señor aun del sábado.

El hombre de la mano seca

6. Y aconteció también en otro sábado, que él entró en la sinagoga y enseñó; y estaba allí un hombre que tenía la mano derecha seca.

7. Y le acechaban los escribas y los Fariseos, si sanaría en sábado, por hallar de qué le acusasen.

8. Mas él sabía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y pónte en medio. Y él levantándose, se puso en pié.

9. Entónces Jesús les dice: Preguntaros he una cosa: ¿Es lícito en sábados hacer bien, o hacer mal? ¿salvar la vida, o matar?

10. Y mirándolos a todos en derredor, dice al hombre: Extiende tu mano; y él lo hizo así, y su mano fué restituida sana como la otra.

11. Y ellos fueron llenos de rabia, y hablaban los unos a los otros qué harían a Jesús.

Elección de los doce apóstoles

12. Y aconteció en aquellos dias, que fué a orar en un monte, y pasó la noche orando a Dios.

13. Y como fué de día, llamó a sus discípulos; y escogió doce de ellos, los cuales también llamó Apóstoles:

14. A Simón, al cual también llamó Pedro, y a Andrés su hermano, Santiago y Juan, Felipe y Bartolomé,

15. Mateo y Tomás, y Santiago, hijo de Alfeo, y Simón, el que se llama Zelador,

16. Júdas hermano de Santiago, y Júdas Iscariote, que también fué el traidor.

Jesús atiende a una multitud

17. Y descendió con ellos, y se paró en un lugar llano; y la compañía de sus discípulos, y una grande multitud de pueblo de toda Judea, y de Jerusalem, y de la costa de Tiro y de Sidón, que habían venido a oirle, y para ser sanados de sus enfermedades;

18. Y otros que habían sido atormentados de espíritus inmundos; y eran sanos.

19. Y toda la multitud procuraba de tocarle; porque salía de él virtud, y sanaba a todos.

Bienaventuranzas y ayes

20. Y alzando él los ojos sobre sus discípulos, decía: Bienaventurados los pobres; porque vuestro es el reino de Dios.

21. Bienaventurados los que ahora tenéis hambre; porque seréis hartos. Bienaventurados los que ahora llorais; porque reiréis.

22. Bienaventurados sois cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os apartaren de sí, y os denostaren, y desecharen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre.

23. Gozáos en aquel día, y alegráos; porque, he aquí, vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres a los profetas.

24. Mas ¡ay de vosotros ricos! porque tenéis vuestro consuelo.

25. ¡Ay de vosotros, los que estáis hartos! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reis! porque lamentaréis y lloraréis.

26. ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros! porque así hacían sus padres a los falsos profetas.

El amor hacia los enemigos, y la regla de oro

27. Mas a vosotros los que oís, digo: Amád a vuestros enemigos: hacéd bien a los que os aborrecen.

28. Bendecíd a los que os maldicen; y orád por los que os calumnían.

29. Y al que te hiriere en una mejilla, dále también la otra; y del que te quitare la capa, no le impidas llevar el sayo también.

30. Y a cualquiera que te pidiere, dá, y al que tomare lo que es tuyo, no se lo vuelvas a pedir.

31. Y como queréis que os hagan los hombres, hacédles también vosotros así.

32. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores aman a los que los aman.

33. Y si hiciereis bien a los que os hacen bien, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores hacen lo mismo.

34. Y si prestareis a aquellos de quienes esperais recibir, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto.

35. Amád pues a vuestros enemigos; y hacéd bien, y emprestád, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno aun para con los ingratos y los malos.

36. Sed pues misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.

El juzgar a los demás

37. No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados: perdonád, y seréis perdonados:

38. Dad, y se os dará: medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida que midiereis, os será vuelto a medir.

39. Y les decía una parábola: ¿Puede el ciego guiar al ciego? ¿no caerán ámbos en el hoyo?

40. El discípulo no es sobre su maestro; mas cualquiera que fuere como su maestro, será perfecto.

41. ¿Y por qué miras la arista que está en el ojo de tu hermano, y la viga que está en tu propio ojo no considerás?

42. ¿O cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, deja, echaré fuera la arista que está en tu ojo, no mirando tú la viga que está en tu ojo? Hipócrita, echa fuera primero de tu ojo la viga; y entónces mirarás de echar fuera la arista que está en el ojo de tu hermano.

Por sus frutos los conoceréis

43. Porque no es buen árbol el que hace malos frutos; ni árbol malo el que hace buen fruto.

44. Porque cada árbol por su propio fruto es conocido: que no cogen higos de las espinas, ni vendimían uvas de las zarzas.

45. El buen hombre del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el mal hombre del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.

Los dos cimientos

46. ¿Por qué me llamais, Señor, Señor, y no hacéis lo que digo?

47. Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras, y las hace, yo os enseñaré a quien es semejante.

48. Semejante es a un hombre que edificó una casa, que cavó y ahondó, y puso el fundamento sobre roca; y habiendo avenida, el río dió con ímpetu en aquella casa, mas no la pudo menear; porque estaba fundada sobre roca.

49. Mas el que oye, y no hace, semejante es a un hombre que edificó su casa sobre tierra sin fundamento, en la cual el río dió con ímpetu, y luego cayó; y fué grande la ruina de aquella casa.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)

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