Salmos 63 - Biblia Torres Amat 18251 ¡Dios mío, oh mi Dios!, a ti aspiro, y me dirijo desde que apunta la aurora. De ti está sedienta el alma mía. ¡Y de cuántas maneras lo está también este mi cuerpo! 2 En esta tierra desierta, intransitable y sin agua, me pongo en tu presencia, como si me hallara en el santuario, para contemplar tu poder y la gloria tuya. 3 Más apreciable es que mil vidas tu misericordia; por tanto se ocuparán mis labios en tu alabanza. 4 Por esto te bendeciré toda mi vida, y alzaré mis manos invocando tu Nombre. 5 Quede mi alma bien llena de ti, como de un manjar jugoso; y entonces con labios que rebosen de júbilo, te cantará mi boca himnos de alabanza. 6 Me acordaba de ti en mi lecho; en ti meditaba luego que amanecía; 7 pues tú eres mi amparo, y a la sombra de tus alas me regocijaré. 8 En pos de ti va anhelando el alma mía; me ha protegido tu diestra. 9 En vano han buscado cómo quitarme la vida; entrarán en las cavernas más profundas de la tierra: 10 Entregados serán a los filos de la espada; serán pasto de las zorras. 11 Entretanto el rey se regocijará en Dios: loados serán aquellos que le juran; porque quedó así tapada la boca de todos los que hablaban inicuamente. |
Copyright © Félix Torres Amat. Traducción de la Vulgata al castellano 1825.