Salmos 62 - Biblia Torres Amat 18251 ¿Cómo no estará mi alma sometida a Dios, dependiendo de él mi salvación? 2 El es mi Dios y mi salvador ; siendo él mi defensa, no seré jamás conmovido. 3 ¿Hasta cuándo estaréis acometiendo a un hombre todos juntos para acabar con él, y derrocarle como a una pared desnivelada, y como a una tapia ruinosa? 4 Mas ellos maquinaron despojarme de lo que más aprecio. Corrí como sediento; ellos hablaban bien de mí con la boca, mas en su corazón me maldecían. 5 Tú, ¡oh alma mía!, mantente sujeta a Dios; pues de él viene mi paciencia. 6 Porque siendo él, como es, mi Dios y mi salvador , y estando él en mi ayuda, no vacilaré. 7 En Dios está mi salvación y mi gloria; Dios es el que me socorre; en Dios está la esperanza mía. 8 Esperad en él vosotros, pueblos todos aquí congregados; derramad vuestros corazones en su acatamiento: Dios es nuestro protector eternamente. 9 Al contrario, vanos y falaces son los hijos de los hombres; mentirosos son los hijos de los hombres puestos en balanza; todos ellos juntos son más livianos que la misma vanidad. 10 No queráis confiar en la justicia, ni codiciar robos; aun si las riquezas os vienen en abundancia, no pongáis en ella vuestro corazón. 11 Una vez habló Dios, y estas dos cosas oí yo: Que el poder está en Dios, 12 y que tú, Señor, eres misericordioso; porque a cada uno remunerarás conforme a sus obras. |
Copyright © Félix Torres Amat. Traducción de la Vulgata al castellano 1825.