Salmos 38 - Biblia Torres Amat 18251 Oh Señor, no me reprendas en medio de tu saña; ni en medio de tu cólera me castigues. 2 Porque se me han clavado tus saetas y has cargado sobre mí tu mano. 3 No hay parte sana en todo mi cuerpo, a causa de tu indignación; se me estremecen los huesos cuando considero mis pecados. 4 Porque mis maldades sobrepujan por encima de mi cabeza; y como una carga pesada me tienen agobiado. 5 Se enconaron y corrompieron mis llagas, a causa de mi necedad. 6 Estoy hecho una miseria y encorvado hasta el suelo; ando todo el día cubierto de tristeza. 7 Porque mis entrañas están llenas de ardor, y no hay en mi cuerpo parte sana. 8 Afligido estoy y abatido en extremo; la fuerza de los gemidos de mi corazón me hace prorrumpir en alaridos. 9 Oh Señor, bien ves todos mis deseos, y no se te ocultan mis gemidos. 10 Mi corazón está conturbado; he perdido mis fuerzas; y hasta la misma luz de mis ojos me ha faltado ya. 11 Mis amigos y mis deudos se arrimaron y se apostaron contra mí; y mis allegados se pararon a lo lejos. 12 Entretanto aquellos que procuraban mi muerte, hacían todos sus esfuerzos; y los que anhelaban dañarme, hablaban mil sandeces; y estaban todo el día maquinando engaños. 13 Pero yo, como si fuera sordo no los escuchaba, y estaba como mudo, sin abrir la boca. 14 Y me hice como quien nada oye, y no tiene palabras con que replicar. 15 Porque en ti tengo puesta, Señor, mi esperanza; tú me oirás, ¡oh Señor Dios mío! 16 Pues yo dije: No triunfen sobre mí mis enemigos; los cuales, cuando ven vacilantes mis pies, se vanaglorian contra mí. 17 Verdad es que yo estoy resignado al castigo; y siempre tengo presente mi dolor. 18 Yo mismo confesaré mi iniquidad, y andaré siempre pensativo por causa de mi pecado. 19 Entretanto mis enemigos viven, y se han hecho más fuertes que yo; y se han multiplicado los que me aborrecen injustamente. 20 Los que vuelven mal por bien murmuraban de mí, porque seguía la virtud. 21 ¡Ah! No me desampares, Señor Dios mío; no te apartes de mí. 22 Acude pronto a socorrerme, ¡oh Señor Dios, salvador mío! |
Copyright © Félix Torres Amat. Traducción de la Vulgata al castellano 1825.