Salmos 30 - Biblia Torres Amat 18251 Te glorificaré, ¡oh Señor!, por haberte declarado protector mío, no dejando que mis enemigos se gozaran a costa de mí. 2 ¡Oh Señor Dios mío!, yo clamé a ti, y me diste la salud. 3 Tú sacaste, Señor, mi alma del infierno o sepulcro. Tú me salvaste, para que no cayera con los que descienden al profundo. 4 ¡Oh vosotros santos del Señor!, cantadle himnos, y celebrad su memoria sacrosanta. 5 Porque de su indignación procede el castigo; y de su buena voluntad pende la vida. Hasta la tarde durará el llanto, y al salir la aurora será la alegría. 6 En medio de mi prosperidad había yo dicho. No experimentaré nunca jamás mudanza alguna. 7 ¡Oh Señor!, tu buena voluntad es la que ha dado consistencia a mi floreciente estado. Apartaste de mí tu rostro, y al instante fui trastornado. 8 A ti, ¡oh Señor!, clamaré, y a ti, Dios mío, dirigiré mis plegarias. 9 ¿Qué utilidad te acarreará mi muerte, y al descender yo a la corrupción del sepulcro? ¿Acaso el polvo cantará tus alabanzas, o anunciará tus verdades? 10 Me oyó el Señor, y se apiadó de mí. Se declaró el Señor protector mío. 11 Trocaste, ¡oh Dios!, mi llanto en regocijo, rasgaste mi cilicio, y me revestiste de gozo, 12 a fin de que sea mi gloria el cantar tus alabanzas, y nunca tenga yo penas. ¡Oh Señor Dios mío!, yo te alabaré eternamente. |
Copyright © Félix Torres Amat. Traducción de la Vulgata al castellano 1825.