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1 Corintios 1 - Torres Amat 1825

Salutación

1. Pablo, apóstol de Jesucristo por la vocación y voluntad de Dios, y nuestro hermano Sóstenes,

2. a la Iglesia de Dios, que está en Corinto, a los fieles santificados por Jesucristo, llamados santos por su profesión, y a todos los que en cualquier lugar que sea invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y de nosotros:

3. Gracia y paz de parte de Dios padre nuestro , y de Jesucristo nuestro Señor.

Acción de gracias por dones espirituales

4. Continuamente estoy dando gracias a Dios por vosotros por la gracia de Dios, que se os ha dado en Jesucristo;

5. porque en él habéis sido enriquecidos con toda suerte de bienes espirituales, con todo lo que pertenece a los dones de la palabra y de la ciencia,

6. habiéndose así verificado en vosotros el testimonio de Cristo ;

7. de manera que nada os falte de gracia alguna, a vosotros que estáis esperando la manifestación de Jesucristo nuestro Señor,

8. el cual os confortará todavía hasta el fin, para que seáis hallados irreprensibles en el día del advenimiento de Jesucristo Señor nuestro.

9. Porque Dios, por el cual habéis sido llamados a la compañía de su Hijo Jesucristo nuestro Señor, es fiel en sus promesas.

¿Está dividido Cristo?

10. Mas os ruego encarecidamente, hermanos míos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos tengáis un mismo lenguaje, y que no haya entre vosotros cismas ni partidos; antes bien viváis perfectamente unidos en un mismo pensar y en un mismo sentir;

11. porque he llegado a entender, hermanos míos, por los de la familia de Cloe, que hay entre vosotros contiendas.

12. Quiero decir, que cada uno de vosotros toma partido, diciendo: Yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Cefas, yo de Cristo .

13. Pues qué, ¿Cristo acaso se ha dividido? ¿Y por ventura Pablo ha sido crucificado por vosotros?; ¿o habéis sido bautizados en nombre de Pablo?

14. Ahora que sé esto doy gracias a Dios, de que a ninguno de vosotros he bautizado por mí mismo, sino a Crispo y a Cayo,

15. para que no pueda decir nadie que habéis sido bautizados en mi nombre.

16. Verdad es que bauticé también a la familia de Estéfanas; por lo demás, no me acuerdo haber bautizado a otro alguno que yo sepa.

17. Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar la buena nueva; y a predicarla, sin valerme para eso de la elocuencia de palabras, o discursos de sabiduría humana, para que no se haga inútil la cruz de Jesucristo.

Cristo, poder y sabiduría de Dios

18. A la verdad que la predicación de la cruz o de un Dios crucificado, parece una necedad a los ojos de los que se pierden; mas para los que se salvan, esto es, para nosotros, es la virtud y poder de Dios.

19. Así está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé la prudencia de los prudentes.

20. ¿En dónde están los sabios?, ¿en dónde los escribas, o doctores de la ley?, ¿en dónde esos espíritus curiosos de las ciencias de este mundo? ¿No es verdad que Dios ha convencido de fatua la sabiduría de este mundo?

21. Porque ya que el mundo, a vista de las obras de la sabiduría divina, no conoció a Dios por medio de la ciencia humana, quiso Dios salvar a los que creyesen en él por medio de la locura o simplicidad de la predicación de un Dios crucificado.

22. Así es que los judíos por su parte piden milagros, y los griegos o gentiles por la suya, quieren ciencia;

23. mas nosotros predicamos sencillamente a Cristo crucificado, lo cual para los judíos es motivo de escándalo, y parece una locura a los gentiles;

24. si bien para los que han sido llamados a la fe, tanto judíos, como griegos, es Cristo la virtud de Dios y la sabiduría de Dios.

25. Porque lo que parece una locura en los misterios de Dios, es mayor sabiduría que la de todos los hombres; y lo que parece debilidad en Dios, es más fuerte que toda la fortaleza de los hombres.

26. Considerad si no, hermanos, quiénes son los que han sido llamados a la fe de entre vosotros, cómo no sois muchos los sabios, según la carne, ni muchos los poderosos, ni muchos los nobles;

27. sino que Dios ha escogido a los necios según el mundo, para confundir a los sabios; y Dios ha escogido a los débiles del mundo, para confundir a los fuertes;

28. y a las cosas viles y despreciables del mundo, y a aquellas que eran nada, para destruir las que son al parecer más grandes,

29. a fin de que ningún mortal se jacte ante su acatamiento.

30. Y por esta conducta del mismo Dios subsistís vosotros o estáis incorporados en Cristo Jesús , el cual fue constituido por Dios para nosotros por fuente de sabiduría, y por justicia, y santificación, y redención nuestra,

31. a fin de que como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.

Biblia Torres Amat

Copyright © Félix Torres Amat. Traducción de la Vulgata al castellano 1825.