2 Timoteo 4 - Biblia Serafín de Ausejo 19751 Te conjuro, en presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y a muertos, en nombre de su venida y de su reino: 2 Proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, increpa, exhorta, con toda comprensión y sin cejar en la enseñanza. 3 Porque vendrá tiempo en que no soportarán la enseñanza saludable, sino que, llevados del propio capricho, se rodearán de maestros para que les halaguen el oído, 4 y dejarán de escuchar la verdad, volviéndose de nuevo a los mitos. 5 Pero tú conserva en todo la serenidad, soporta las contrariedades, cumple la tarea de evangelista, lleva a cabo tu servicio. 6 Porque yo estoy ya a punto de ser derramado en libación y es inminente la hora de mi partida. 7 He combatido el buen combate, he llegado a la meta de la carrera, he guardado la fe. 8 Y ahora está ya preparada para mí la corona de justicia, con la que me retribuirá en aquel día el Señor, el juez justo; y no sólo a mí, sino también a todos los que hayan mirado con amor su venida. 9 Haz lo posible por venir a verme cuanto antes, 10 pues Demas me abandonó por amor de este mundo y se marchó a Tesalónica; Crescente, a Galacia; Tito, a Dalmacia. 11 Lucas es el único que está conmigo. Recoge de paso a Marcos y tráelo contigo, porque me es muy útil para el ministerio. 12 A Tíquico lo mandé a Éfeso. 13 Cuando vengas, tráete la capa que me dejé en Tróade en casa de Carpo, y los libros, sobre todo los pergaminos. 14 Alejandro, el herrero, me ha perjudicado mucho: el Señor le dará lo merecido por sus obras. 15 Tú también ten cuidado con él, porque se opone fuertemente a nuestra predicación. 16 En la primera vista de mi causa nadie se presentó a favor mío, sino que todos me abandonaron. ¡Que no se les tome en cuenta! 17 Pero el Señor me asistió y me dio fuerzas, de tal manera que, por mi medio, hubo una plena proclamación de la palabra y llegó a oídos de todos los gentiles; y yo mismo fui librado de las fauces del león. 18 El Señor me rescatará de todo mal y me salvará para su reino celestial. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén. 19 Saludos a Prisca y Áquila y a la casa de Onesíforo. 20 Erasto se quedó en Corinto; a Trófimo lo dejé enfermo en Mileto. 21 Haz lo posible por venir antes del invierno. Te saludan Éubulo, Pudente, Lino, Claudia y todos los hermanos. 22 El Señor sea con tu espíritu. La gracia sea con vosotros. |
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