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2 Corintios 4 - Biblia Reina Valera 1865

1. POR lo cual teniendo nosotros este ministerio, según hemos alcanzado la misericordia, no desmayamos;

2. Ántes hemos renunciado las cosas encubiertas de vergüenza, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios; mas por manifestación de la verdad encomendándonos a nosotros mismos a la conciencia de todo hombre delante de Dios.

3. Que si nuestro evangelio es encubierto, para los que se pierden es encubierto:

4. En los cuales el dios de este siglo cegó los entendimientos de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imágen de Dios.

5. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesu Cristo, el Señor; y nosotros siervos vuestros por amor de Jesús.

6. Porque Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para dar la iluminación de la ciencia de la gloria de Dios en el rostro de Jesu Cristo.

Viviendo por la fe

7. Tenemos empero este tesoro en vasijas de barro, a fin que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros.

8. Por todo lado somos atribulados, mas no estrechados: perplejos, mas no desesperados;

9. Perseguidos, mas no desamparados: abatidos, mas no destruidos:

10. Llevando siempre por todas partes en el cuerpo la muerte del Señor Jesús , para que también la vida de Jesús sea manifestada en nuestro cuerpo.

11. Porque siempre nosotros que vivimos, somos entregados a la muerte a causa de Jesús, para que también la vida de Jesús sea manifestada en nuestra carne mortal.

12. De manera que la muerte obra en nosotros, mas en vosotros la vida.

13. Teniendo, pues, el mismo espíritu de fé, conforme a lo que está escrito: Creí, y por lo tanto hablé: nosotros también creemos, y por lo tanto hablamos:

14. Estando ciertos que el que levantó al Señor Jesús, a nosotros también nos levantará por Jesús; y nos presentará con vosotros.

15. Porque todas las cosas son por vuestra causa, para que la abundante gracia por la acción de gracias de muchos, redunde a gloria de Dios.

16. Por tanto no desmayamos; ántes aunque este nuestro hombre exterior se destruya, el interior empero se renueva de día en día.

17. Porque nuestra leve tribulación, que no es sino por un momento, obra por nosotros un peso de gloria inconmensurablemente grande y eterno:

18. No mirando nosotros a lo que se ve, sino a lo que no se ve; porque lo que se ve, es temporal; mas lo que no se ve, es eterno.

Reina Valera 1865

Casiodoro de Reina © Versión de Dominio Público.






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