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Salmos 42 - Biblia Nacar-Colunga

1 Al maestro del coro. MaskiL (Salmo) de los hijos de Coré.

2 Como anhela la cierva las corrientes de las aguas, así te anhela mi alma, ¡oh Dios!

3 Mi alma está sedienta de Dios, del Dios vivo: ¿Cuándo iré y veré la faz de Dios?

4 Mis lágrimas son día y noche mi pan cuando me dicen cada día: “¿Dónde está tu Dios?”

5 Lo recuerdo, y mi alma se expansiona, pues atravesaba yo por medio de los nobles hacia la casa de Dios entre los gritos de alegría y alabanza en festiva algazara.

6 ¿Por qué te abates, alma mía? ¿Por qué te turbas contra mí? Espera en Dios, que aún le alabaré; es la salvación de mi faz y mi Dios.'

7 Abatida está mi alma. Por eso me acuerdo de ti desde la tierra del Jordán, desde las cumbres del Hermón y del monte Misar.

8 Un remolino llama a otro remolino con el rumor de tus cascadas, todas tus ondas y tus olas pasan sobre mi.

9 De día dispensa Yahvé su gracia, y de noche me acompaña su cántico, una oración al Dios de mi vida.

10 Digo a Dios: ¡oh Roca mía! ¿Por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué he de andar en luto bajo la opresión del enemigo?

11 Mientras quebrantan mis huesos, mis opresores se burlan de mí, diciéndome continuamente: “¿Dónde está tu Dios?”

Biblia Nácar-Colunga

Alberto Colunga Cueto, y Eloíno Nácar Fúster. 1944©

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