Salmos 39 - Biblia Nacar-Colunga1 Al maestro de coro. De Iditún. Salmo de David. 2 Yo me dije: Velaré sobre mi conducta para no pecar con mi lengua; pondré freno a mi boca mientras tenga al impío frente a mí.' 3 Quedé silencioso, mudo; del bien me abstuve, pero mi dolor se exacerbaba.' 4 Me ardía el corazón en mi interior, se encendía el fuego en mi meditación y prorrumpí con mi lengua. 5 Dame a conocer, ¡oh Yahvé! mi fin y cuál sea la medida de mis días; que sepa cuan caduco soy.' 6 Has reducido a un palmo mis días, y mi existencia delante de ti es la nada; no dura más que un soplo todo hombre.' 7 Pasa el hombre como una sombra, por un soplo solo se afana; amontona sin saber para quién.' 8 Y ahora, ¿qué puedo esperar, Señor? Mi esperanza está en ti. 9 Líbrame de todas mis iniquidades, no me hagas objeto de escarnio de los insensatos. 10 Enmudezco, no abro mi boca, porque tú eres el que obras. 11 Desvía de mí tu azote; el rigor de tu mano me consume.' 12 Tú corriges al hombre castigando la iniquidad, y consumes, como la polilla, lo que le es más querido. Cierto que todo hombre es un soplo. Seldh. 13 Oye, ¡oh Yahvé! mi plegaria; da oídos a mis clamores; no seas insensible a mis lágrimas.' |
Alberto Colunga Cueto, y Eloíno Nácar Fúster. 1944©