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Salmos 32 - Biblia Nacar-Colunga

1 De David. Maskil. Bienaventurado a quien le ha sido perdonada su transgresión, a quien le ha sido remitido su pecado.

2 Bienaventurado aquel a quien no imputa Yahvé su iniquidad y en cuyo espíritu no hay falsedad.

3 Mientras callé, consumíanse mis huesos, gimiendo durante todo el día.

4 Pues día y noche tu mano pesaba sobre mí, y tornóse mi vigor en sequedades del estío. Selah.

5 Te confesé mi pecado y no oculté mi iniquidad. Dije: “Confesaré a Yahvé mi pecado,” y tú perdonaste la culpa de mi pecado. Sdáh.

6 Por eso te invocarán todos los piadosos al tiempo propicio, y la inundación de las copiosas aguas no llegará a ellos,

7 Tú eres mi asilo; de la angustia me guardas, de cantos de liberación me rodeas, Seldh ll.'

8 Yo te enseñaré y te instruiré en el camino que debes seguir; seré tu consejero y estarán mis ojos sobre ti.'

9 No seas sin entendimiento, como el caballo y el mulo: con la brida y el freno hay que sujetar su ímpetu; de lo contrario, no se acercan a ti”

10 Muchos son los dolores del impío, pero la piedad cercará al que se confía a Yahvé.

11 ¡Alegraos en Yahvé y regocijaos, justos! Saltad de gozo todos los rectos de corazón.

Biblia Nácar-Colunga

Alberto Colunga Cueto, y Eloíno Nácar Fúster. 1944©

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