Salmos 102 - Biblia de Jerusalen1 =Oración del afligido que, en su angustia, derrama su llanto ante Yahveh.= 2 (3) no ocultes lejos de mí tu rostro el día de mi angustia; tiende hacia mí tu oído, ¡el día en que te invoco, presto, respóndeme! 3 (4) Pues mis días en humo se disipan, mis huesos arden lo mismo que un brasero; 4 (5) trillado como el heno, mi corazón se seca, y me olvido de comer mi pan; 5 (6) ante la voz de mis sollozos, mi piel a mis huesos se ha pegado. 6 (7) Me parezco al búho del yermo, igual que la lechuza de las ruinas; 7 (8) insomne estoy y gimo cual solitario pájaro en tejado; 8 (9) me insultan todo el día mis enemigos, los que me alababan maldicen por mi nombre. 9 (10) El pan que como es la ceniza, mi bebida mezclo con mis lágrimas, 10 (11) ante tu cólera y tu enojo, pues tú me alzaste y después me has tirado: 11 (12) mis días son como la sombra que declina, y yo me seco como el heno. 12 (13) Mas tú, Yahveh, permaneces para siempre, y tu memoria de edad en edad. 13 (14) Tú te alzarás, compadecido de Sión, pues es ya tiempo de apiadarte de ella, ha llegado la hora; 14 (15) que están tus siervos encariñados de sus piedras y se compadecen de sus ruinas. 15 (16) Y temerán las naciones el nombre de Yahveh, y todos los reyes de la tierra tu gloria; 16 (17) cuando Yahveh reconstruya a Sión, y aparezca en su gloria, 17 (18) volverá su rostro a la oración del despojado, su oración no despreciará. 18 (19) Se escribirá esto para la edad futura, y en pueblo renovado alabará a Yahveh: 19 (20) que se ha inclinado Yahveh desde su altura santa, desde los cielos ha mirado a la tierra, 20 (21) para oír el suspiro del cautivo, para librar a los hijos de la muerte. 21 (22) Para pregonar en Sión el nombre de Yahveh, y su alabanza en Jerusalén, 22 (23) cuando a una se congreguen los pueblos, y los reinos para servir a Yahveh. 23 (24) El ha enervado mi fuerza en el camino, ha abreviado mis días. 24 (25) Digo: ¡Dios mío, en la mitad de mis días no me lleves! ¡De edad en edad duran tus años! 25 (26) Desde antiguo, fundaste tú la tierra, y los cielos son la obra de tus manos; 26 (27) ellos perecen, mas tú quedas, todos ellos como la ropa se desgastan, como un vestido los mudas tú, y se mudan. 27 (28) Pero tú siempre el mismo, no tienen fin tus años. 28 (29) Los hijos de tus siervos tendrán una morada, y su estirpe ante ti subsistirá. |