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Comentario Bíblico de Matthew Henry

Deuteronomio 4

1. Moisés siguió diciendo: «Israelitas, sigan todas las enseñanzas que les he dado, para que vivan y ocupen el territorio que va a darles el Dios de nuestros antepasados.

2. No cambien ninguno de los mandamientos que yo les he dado de parte de Dios; más bien, obedézcanlos.

3. Ustedes han visto cómo Dios acabó con todos los que adoraron al dios de Baal-peor.

4. También han visto que sólo sobrevivieron los que fueron fieles a Dios.

5. »Nuestro Dios me ha ordenado enseñarles todos sus mandamientos, para que ustedes los obedezcan en el territorio que van a ocupar. Así, cuando los demás pueblos oigan hablar de ellos, dirán que ustedes son un gran pueblo, sabio y entendido, pues tienen buenas enseñanzas y saben obedecerlas.

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7. No hay ningún otro pueblo que tenga tan cerca a su Dios, como lo tenemos nosotros cuando le pedimos ayuda.

8. Ni hay tampoco un pueblo que tenga mandamientos tan justos como los que ustedes han recibido.

9. Por eso, jamás olviden todo lo que les ha pasado; al contrario, deben contárselo a sus hijos y nietos.

10. »Cuando ustedes estaban en el monte Horeb, Dios me dijo que los reuniera delante de él, pues quería hablarles y enseñarles a obedecerlo todo el tiempo, para que del mismo modo ustedes enseñaran a sus hijos.

11. »Ustedes se reunieron al pie del monte, y vieron las llamas de fuego que de él salían y se elevaban a gran altura. El humo formaba una gran nube,

12. y desde las llamas de fuego Dios les habló. Ustedes no vieron figura alguna, sino que solamente oyeron la voz de Dios.

13. Fue así como él les dio a conocer los diez mandamientos del pacto que hizo con ustedes, y los escribió en dos tablas de piedra para que los obedecieran.

14. Luego me ordenó que yo les enseñara los mandamientos que ustedes debían cumplir en la tierra que estaban por ocupar.

15. »El día en que Dios les habló, no vieron ninguna figura. Por lo tanto, no vayan a hacerse ídolos con forma de hombre o de mujer, ni de animales o aves, ni de reptiles o peces.

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19. No adoren al sol ni a la luna, ni a las estrellas ni a los astros. Esos astros, que brillan para todas las naciones, los creó Dios.

20. »Cuando Dios los rescató a ustedes de Egipto, lo hizo para convertirlos en su propio pueblo.

21. Sin embargo, por culpa de ustedes, Dios se enojó conmigo y juró que no me permitiría cruzar el río Jordán. Por eso yo no voy a entrar en esa tierra tan buena que él va a darles.

22. Al contrario, moriré de este lado del río. »Ustedes sí lo cruzarán, y conquistarán esa tierra.

23. Pero tengan cuidado y no se olviden del pacto que Dios ha hecho con ustedes. Cumplan las órdenes de Dios y no adoren ningún ídolo,

24. pues Dios es muy celoso y, en castigo, podría destruirlos con fuego.

25. »Cuando ustedes hayan ocupado esa tierra, y tengan hijos y nietos, no se hagan ningún ídolo, ni mucho menos vayan a adorarlo. Estarían cometiendo un terrible pecado, y harían que Dios se enojara.

26. El cielo y la tierra son testigos de que, si no obedecen, no vivirán mucho tiempo en esa tierra que está al otro lado del río Jordán, sino que muy pronto morirán.

27. »Sólo a unos cuantos Dios les permitirá vivir en otros países.

28. Allí adorarán ídolos de madera y de piedra, estatuas que no pueden ver ni oír, ni comer o respirar, porque el hombre mismo los ha hecho.

29. Sin embargo, si ustedes son sinceros, y de corazón le piden a Dios que los perdone, aun en esos países Dios los perdonará.

30. Si en medio de su angustia y sufrimiento ustedes vuelven a obedecer a Dios,

31. él no los abandonará ni los destruirá, porque los ama mucho. Dios jamás se olvidará del pacto que hizo con los antepasados de ustedes, pues se comprometió a cumplirlo.

32. »Dios sacó de Egipto a los antepasados de ustedes, y así les demostró su gran amor y su gran poder. Por luchar en favor de ustedes, hizo grandes milagros y sembró el pánico entre los demás países. »Si Dios los rescató, fue para que ustedes llegaran a ser su propio pueblo. Ningún otro pueblo ha oído la voz de Dios, y mucho menos ha vivido para contarlo. Sin embargo, Dios les habló desde el cielo, para ponerlos en el camino correcto. Aquí en la tierra, les habló desde el fuego, y ustedes siguieron con vida. Y cuando se pusieron en marcha, Dios les abrió paso; hizo a un lado a países más grandes y poderosos que ustedes, para entregarles la tierra que ahora están por recibir. »Si ustedes estudian la historia, verán que nunca antes sucedió algo parecido a lo que ahora sucede con ustedes. Pero todo esto es para que se den cuenta de que su Dios es verdadero, y es el único Dios.

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39. »Por eso, nunca olviden que nuestro Dios es el único dueño y señor del cielo y de la tierra.

40. Hoy les entrego las leyes de Dios. Obedézcanlas, y vivirán mucho tiempo en la tierra que Dios les va a dar para siempre».

41. Dicho esto, Moisés eligió tres ciudades al este del río Jordán.

42. En estas ciudades podría pedir protección todo el que matara a otra persona, siempre y cuando la muerte no fuera intencional ni se tratara de un pleito entre enemigos. De este modo, el que matara estaría a salvo de los parientes que quisieran vengar la muerte del difunto.

43. Una de las tres ciudades elegidas fue Béser, que estaba en la meseta del desierto; allí podrían refugiarse los de la tribu de Rubén. Otra de las ciudades elegidas fue Ramot, que estaba en Galaad; allí podrían refugiarse los de la tribu de Gad. La tercera ciudad fue Golán, que estaba en Basán, y allí podrían refugiarse los de la media tribu de Manasés.

44. Cuando Moisés y los israelitas salieron de Egipto, llegaron al valle que está frente a Bet-peor, al este del río Jordán. Ese territorio era de los amorreos. Sihón era rey de la región de Hesbón, y Og era rey de la región de Basán. Sin embargo, Moisés y los israelitas derrotaron a estos dos reyes.

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48. Ese territorio comenzaba en el monte Sirión, que también era conocido como monte Hermón. Bajaba hacia el sur hasta Aroer, cerca del río Arnón, y de allí seguía bajando hasta el monte Pisgá. Pasaba por el Mar Muerto, y se extendía por toda la región del Arabá. Fue allí, al este del río Jordán, donde Moisés les entregó a los israelitas los mandamientos de Dios.

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Deuteronomio 4

Vv. 1-23.El poder y el amor de Dios por Israel son aquí la base y motivo de una cantidad de precauciones y serias advertencias; y aunque se refiere en gran medida al pacto nacional puede, sin embargo, aplicarse a los que viven bajo el evangelio. ¿Para qué se hacen las leyes, sino para ser observadas y obedecidas? Nuestra obediencia como personas no puede merecer la salvación, pero es la única prueba de que somos partícipes del don de Dios, que es la vida eterna por medio de Jesucristo. Considerando cuántas tentaciones nos rodean, y cuántos deseos corruptos tenemos en nuestro pecho, necesitamos cuidar mucho nuestro corazón con toda diligencia. No pueden caminar derecho los que caminan con descuido. Moisés encarga particularmente cuidarse del pecado de la idolatría. Muestra cuán débil será la tentación para los que piensan con rectitud; porque los supuestos dioses, el sol, la luna, y las estrellas, eran sólo bendiciones que el Señor su Dios había impartido a todas las naciones. Absurdo es adorarlos, ¿serviremos a aquello que fue hecho para servirnos? Cuidaos de no olvidar el pacto del Señor vuestro Dios. Debemos cuidarnos, no sea que en cualquier momento olvidemos nuestra religión. El cuidado, la advertencia y la vigilancia son ayudas contra una mala memoria.


Vv. 24-40.Moisés recalca la grandeza, la gloria y la bondad de Dios. Si hubiéramos considerado qué Dios es éste con quién tenemos que ver, ciertamente tomaríamos conciencia de nuestro deber para con Él y no nos atrveríamos a pecar contra Él. ¿Abandonaríamos a un Dios misericordioso que nunca nos abandonará, si le somos fieles? ¿Adónde podemos ir? Que los lazos del amor nos sostengan en nuestro deber y predominen por las misericordias de Dios, para aferrarnos a Él. Moisés recalca la autoridad de Dios sobre ellos, y sus obligaciones para con Él. Al obedecer los mandamientos de Dios, ellos actuarían sabiamente consigo mismos. El temor del Señor, en eso consiste la sabiduría. Los que disfrutan del beneficio de la luz divina y sus leyes, debieran confirmar su integridad para la sabiduría y el honor, para que Dios sea glorificado de ese modo. Quienes invocan a Dios lo hallarán ciertamente cercano, dispuesto a dar una respuesta de paz a cada oración de fe. Todos estos estatutos y juicios de la ley divina son justos y rectos, más elevados que los estatutos y juicios de cualquiera de las naciones. Lo que vieron en el monte Sinaí les dio un anticipo del día del juicio, en que el Señor Jesús se revelará como fuego consumidor. Deben recordar, además, lo que oyeron en el monte Sinaí. Dios se manifiesta en las obras de la creación sin palabras ni lenguaje, pero en sus obras se escucha su voz, Salmo xix, 1, 3; pero a Israel Él se dio a conocer por palabras y lenguaje, condescendiendo a la debilidad de su pueblo. La forma como se constituye esta nación fue completamente diferente del origen de todas las demás naciones. Véanse aquí las razones de la libre gracia; no se nos ama por lo que somos, sino por amor a Cristo. Moisés confirma el seguro beneficio y las ventajas de la obediencia. El argumento lo había comenzado en el versículo 1, con “para que viváis y entréis y poseáis la tierra”, y lo concluye en el versículo 40, “para que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti”. Les recuerda que la prosperidad dependerá de su piedad. Apostatar de Dios indudablemente será la ruina de su nación. Anuncia que se rebelarán contra Dios para ir tras los ídolos. Quienes busquen a Dios con todo su corazón, y ellos solamente, lo hallarán para su consuelo. Las aflicciones nos dirigen y estimulan para buscar a Dios y, por la gracia de Dios que obra con ellas, muchos son devueltos a una actitud correcta. Cuando os sobrevengan estas cosas, volvéos al Señor vuestro Dios, porque véis que pasa por apartarse de Él. Poned todos los argumentos juntos y, entonces decid, si la religión no tiene la razón de su lado. Nadie desecha el gobierno de su Dios, sino aquél que primero abandona el entendimiento humano.


Vv. 41-49.He aquí la introducción de otro discurso, o sermón, que Moisés predicó a Israel y que tenemos en los capítulos siguientes. Pone delante de ellos la ley como la regla por la cual tenían que obrar, el camino por el cual tenían que andar. La pone delante de ellos como el espejo donde tenían que mirar su rostro natural, para que mirándose en la perfecta ley de la libertad, pudieran seguir allí. Son las leyes dadas cuando Israel acababa de salir de Egipto y ahora se repiten. Moisés les encargó estas leyes cuando estaban acampados en Bet-peor, un lugar de ídolos de los moabitas. Sus triunfos presentes eran un argumento fuerte en pro de la obediencia. Tenemos que entender nuestra situación como pecadores, y la naturaleza del pacto de gracia al que somos invitados. Allí se nos muestran cosas mayores que las que Israel viera desde el monte Sinaí; se nos dan misericordias más grandes que las que recibieron en el desierto o en Canaán. Nos habla Uno cuya dignidad es infinitamente mayor que la de Moisés; Aquel que cargó nuestros pecados en la cruz y nos insta por Su amor que le lleva a morir.



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Comentario Bíblico de Matthew Henry

Autor: Matthew Henry, Traducido al castellano por Francisco la Cueva, Copyright © Spanish House Ministries | Unilit




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