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Comentario Bíblico de Matthew Henry
Juan 10

1. De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador.

2. Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.

3. A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca.

4. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.

5. Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.

6. Esta alegoría les dijo Jesús; pero ellos no entendieron qué era lo que les decía.

7. Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.

8. Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas.

9. Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.

10. El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

11. Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.

12. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa.

13. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas.

14. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

15. así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

16. También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.

17. Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.

18. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.

19. Volvió a haber disensión entre los judíos por estas palabras.

20. Muchos de ellos decían: Demonio tiene, y está fuera de sí; ¿por qué le oís?

21. Decían otros: Estas palabras no son de endemoniado. ¿Puede acaso el demonio abrir los ojos de los ciegos?

22. Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno,

23. y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón.

24. Y le rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.

25. Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí;

26. pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.

27. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

28. y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

29. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

30. Yo y el Padre uno somos.

31. Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle.

32. Jesús les respondió: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis?

33. Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios.

34. Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois?

35. Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada),

36. ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?

37. Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis.

38. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.

39. Procuraron otra vez prenderle, pero él se escapó de sus manos.

40. Y se fue de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde primero había estado bautizando Juan; y se quedó allí.

41. Y muchos venían a él, y decían: Juan, a la verdad, ninguna señal hizo; pero todo lo que Juan dijo de éste, era verdad.

42. Y muchos creyeron en él allí.

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Juan 10

Vv. 1-5.He aquí una parábola o símil tomado de las costumbres del Oriente para el manejo de las ovejas. Los hombres, como criaturas que dependen de su Creador, son llamados ovejas de su prado. La Iglesia de Dios en el mundo es como un redil de ovejas, expuesto a los engañadores y los perseguidores. El gran Pastor de las ovejas conoce a todas las suyas, las cuida por su providencia, las guía por su Espíritu y su palabra, y va delante de ellas, como los pastores orientales iban delante de sus ovejas para ponerlas en el camino tras sus pasos. Los ministros deben servir a las ovejas en sus preocupaciones espirituales. El Espíritu de Cristo les pondrá por delante una puerta abierta. Las ovejas de Cristo obedecerán a su Pastor y serán cautelosas y tímidas con los extraños que las quieran sacar de la fe en Él y llevarlas a las fantasías sobre Él.


Vv. 6-9.Muchos que oyen la palabra de Cristo no la entienden porque no quieren, pero nosotros hallaremos que un pasaje explica a otro al otro, y el Espíritu bendito da a conocer al bendito Jesús. Cristo es la Puerta, ¿y qué mayor seguridad tiene la Iglesia de Dios que el Señor Jesús esté entre ella y todos sus enemigos? Él es una puerta abierta para pasar y comunicar. He aquí instrucciones claras sobre cómo entrar al redil; debemos entrar por Jesucristo en cuanto es la Puerta. Por fe en Él como el gran Mediador entre Dios y el hombre. Además, tenemos promesas preciosas para los que obedecen esta instrucción. Cristo da todo el cuidado a su Iglesia, y a cada creyente, que un buen pastor da a su rebaño; y Él espera que la Iglesia, y cada creyente, le atienda y se mantenga en su pastura.


Vv. 10-18.Cristo es el Buen Pastor; muchos no eran ladrones, pero fueron negligentes con su deber, y el rebaño fue muy dañado por su descuido. Los malos principios son la raíz de las malas costumbres. El Señor Jesús sabe a quienes ha escogido y está seguro de ellos; también ellos saben en quien confiaron y están seguros de Él. Véase aquí la gracia de Cristo: puesto que nadie podría quitarle la vida, Él la entrega, por sí, para nuestra redención. Él se ofrendó para ser el Salvador: He aquí, Yo vengo. La necesidad de nuestro caso lo pedía, y Él se ofreció para el Sacrificio. Fue el que ofrenda y ofrenda, de modo que la entrega de su vida fue la ofrenda de sí mismo. De eso queda en claro que Él murió en el lugar y como sustituto de los hombres para lograr que ellos fueran librados del castigo del pecado, para obtener el perdón del pecado para ellos; y para que su muerte adquiriera ese perdón. Nuestro Señor no entregó su vida por su doctrina, sino por sus ovejas.


Vv. 19-21.Satanás destruye a muchos quitándoles el interés por la palabra y las ordenanzas. Los hombres no toleran que se rían de ellos por su alimento necesario, pero toleran que se rían de ellos por lo que es mucho más necesario. Si nuestro celo y fervor en la causa de Cristo, especialmente en la bendita obra de llevar sus ovejas a su redil, nos acarrea mala fama, no la escuchemos, pero recordemos que así reprocharon a nuestro Maestro antes que a nosotros.


Vv. 22-30.Todos los que tienen algo que decir a Cristo, pueden encontrarlo en el templo. Cristo nos hará creer; nosotros nos hacemos dudar. Los judíos entendieron su significado, pero no pudieron dar forma a sus palabras como acusación completa en su contra. Él describió la disposición de gracia y el estado de dicha de sus ovejas; ellas oyeron y creyeron su palabra, le siguieron como sus fieles discípulos, y ninguna de ellas perecerá, porque el Hijo y el Padre eran uno. Así, pues, pudo defender a sus ovejas contra todos sus enemigos, lo cual prueba que pretendió tener poder y perfección divinos iguales al Padre.


Vv. 31-38.Las obras de poder y misericordia de Cristo le proclaman ser. Dios bendijo sobre todo por los siglos, para que todos sepan y crean que Él es en el Padre, y el Padre en Él. A quien el Padre envía, santifica. El santo Dios recompensará y, por tanto, empleará sólo a quienes Él haga santos. El Padre era en el Hijo, de modo que por el poder divino, Aquél obró sus milagros; el Hijo era en el Padre, de modo que conocía toda su mente. Nosotros no podemos hallar esto a la perfección buscándolo, pero debemos conocer y creer estas declaraciones de Cristo.


Vv. 39-42.No prosperará ningún arma forjada contra nuestro Señor Jesús. No escapó porque tuviera temor de sufrir, sino porque su hora no había llegado. Aquél que sabía librarse a sí mismo, sabe librar de sus tentaciones a los santos, y hacerles un camino para que escapen. Los perseguidores pueden echar a Cristo y su evangelio de la ciudad o país de ellos pero no pueden echarlos del mundo. Cuando por fe en nuestros corazones conocemos a Cristo, encontramos que es verdad todo lo que la Escritura dice de Él.



Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Copyright © 1960 by American Bible Society

Comentario Bíblico de Matthew Henry

Autor: Matthew Henry, Traducido al castellano por Francisco la Cueva, Copyright © Spanish House Ministries | Unilit



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