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Bibliatodo Comentarios

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Comentario Bíblico de Matthew Henry
Salmos 42

1. Al músico principal. Masquil de los hijos de Coré. Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.

2. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?

3. Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?

4. Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí; De cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, Entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta.

5. ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.

6. Dios mío, mi alma está abatida en mí; Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán, Y de los hermonitas, desde el monte de Mizar.

7. Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas; Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.

8. Pero de día mandará Jehová su misericordia, Y de noche su cántico estará conmigo, Y mi oración al Dios de mi vida.

9. Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?

10. Como quien hiere mis huesos, mis enemigos me afrentan, Diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios?

11. ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.

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Salmos 42

Vv. 1-5.El salmista miraba al Señor como su sumo bien, y puso de manera coherente su corazón en Él; echada al comienzo el ancla, capea la tempestad. El alma bajo la gracia halla poca satisfacción en los atrios de Jehová, si no se encuentra ahí con Dios mismo. Las almas vivas nunca pueden descansar en otra parte que no sea el Dios vivo. Comparecer ante el Señor es el deseo del justo y es el terror del hipócrita. Nada es más penoso para el alma creyente que lo que se concibe para quitarle su confianza en el Señor. No era el recuerdo de los placeres de la corte lo que afligía a David, sino el recuerdo de la entrada libre que tenía a la casa de Dios, y su deleite de estar en ella. Los que conversan mucho con su propio corazón, a menudo tendrán que reprenderlo. Nótese la cura de la tristeza. Cuando el alma reposa en sí misma se hunde; si se aferra del poder y la promesa de Dios, mantiene la cabeza por encima de las grandes olas. Y qué apoyo tenemos en los ayes del presente, sino que tengamos consuelo en Él. Tenemos grandes causas para llorar por el pecado, pero la depresión procede de la incredulidad y de una voluntad rebelde; por tanto, debemos esforzarnos y orar en contra de ella.


Vv. 6-11.El camino para olvidar nuestras miserias es recordar al Dios de nuestras misericordias. David vio aflicciones procedentes de la ira de Dios y eso lo desanimó. Pero si un problema sigue al otro, si todo parece combinarse para arruinarnos, recordemos que todos son planificados y gobernados por el Señor. David considera el favor divino como la fuente de todo el bien que él espera. En el nombre del Salvador esperamos y oramos. Una palabra suya calma toda tormenta y vuelve en luz de mediodía las tinieblas de la medianoche, cambia las quejas más amargas en alabanzas de regocijo. Nuestra expectativa de fe en la misericordia debe avivar nuestras oraciones. A la larga, su fe salió vencedora, animándolo a confiar en el nombre del Señor y a permanecer en su Dios. Agrega: Y Dios mío ; este pensamiento le capacitó para triunfar sobre todas sus penas y temores. Nunca pensemos que el Dios de nuestra vida y la Roca de nuestra salvación, se ha olvidado de nosotros si hemos establecido nuestro refugio en su misericordia, verdad y poder. Así, el salmista luchó contra su desencanto; por fin, obtuvieron la victoria su fe y esperanza. Aprendamos a controlar todas las dudas y los temores incrédulos. Apliquemos la promesa primero a nosotros y, luego, pidámosla a Dios.



Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Copyright © 1960 by American Bible Society

Comentario Bíblico de Matthew Henry

Autor: Matthew Henry, Traducido al castellano por Francisco la Cueva, Copyright © Spanish House Ministries | Unilit



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