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Salmos 119

1. Alef Bienaventurados los perfectos de camino, Los que andan en la ley de Jehová.

2. Bienaventurados los que guardan sus testimonios, Y con todo el corazón le buscan;

3. Pues no hacen iniquidad Los que andan en sus caminos.

4. Tú encargaste Que sean muy guardados tus mandamientos.

5. ¡Ojalá fuesen ordenados mis caminos Para guardar tus estatutos!

6. Entonces no sería yo avergonzado, Cuando atendiese a todos tus mandamientos.

7. Te alabaré con rectitud de corazón Cuando aprendiere tus justos juicios.

8. Tus estatutos guardaré; No me dejes enteramente.

9. Bet ¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra.

10. Con todo mi corazón te he buscado; No me dejes desviarme de tus mandamientos.

11. En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti.

12. Bendito tú, oh Jehová; Enséñame tus estatutos.

13. Con mis labios he contado Todos los juicios de tu boca.

14. Me he gozado en el camino de tus testimonios Más que de toda riqueza.

15. En tus mandamientos meditaré; Consideraré tus caminos.

16. Me regocijaré en tus estatutos; No me olvidaré de tus palabras.

17. Guímel Haz bien a tu siervo; que viva, Y guarde tu palabra.

18. Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley.

19. Forastero soy yo en la tierra; No encubras de mí tus mandamientos.

20. Quebrantada está mi alma de desear Tus juicios en todo tiempo.

21. Reprendiste a los soberbios, los malditos, Que se desvían de tus mandamientos.

22. Aparta de mí el oprobio y el menosprecio, Porque tus testimonios he guardado.

23. Príncipes también se sentaron y hablaron contra mí; Mas tu siervo meditaba en tus estatutos,

24. Pues tus testimonios son mis delicias Y mis consejeros.

25. Dálet Abatida hasta el polvo está mi alma; Vivifícame según tu palabra.

26. Te he manifestado mis caminos, y me has respondido; Enséñame tus estatutos.

27. Hazme entender el camino de tus mandamientos, Para que medite en tus maravillas.

28. Se deshace mi alma de ansiedad; Susténtame según tu palabra.

29. Aparta de mí el camino de la mentira, Y en tu misericordia concédeme tu ley.

30. Escogí el camino de la verdad; He puesto tus juicios delante de mí.

31. Me he apegado a tus testimonios; Oh Jehová, no me avergüences.

32. Por el camino de tus mandamientos correré, Cuando ensanches mi corazón.

33. He Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos, Y lo guardaré hasta el fin.

34. Dame entendimiento, y guardaré tu ley, Y la cumpliré de todo corazón.

35. Guíame por la senda de tus mandamientos, Porque en ella tengo mi voluntad.

36. Inclina mi corazón a tus testimonios, Y no a la avaricia.

37. Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; Avívame en tu camino.

38. Confirma tu palabra a tu siervo, Que te teme.

39. Quita de mí el oprobio que he temido, Porque buenos son tus juicios.

40. He aquí yo he anhelado tus mandamientos; Vivifícame en tu justicia.

41. Vau Venga a mí tu misericordia, oh Jehová; Tu salvación, conforme a tu dicho.

42. Y daré por respuesta a mi avergonzador, Que en tu palabra he confiado.

43. No quites de mi boca en ningún tiempo la palabra de verdad, Porque en tus juicios espero.

44. Guardaré tu ley siempre, Para siempre y eternamente.

45. Y andaré en libertad, Porque busqué tus mandamientos.

46. Hablaré de tus testimonios delante de los reyes, Y no me avergonzaré;

47. Y me regocijaré en tus mandamientos, Los cuales he amado.

48. Alzaré asimismo mis manos a tus mandamientos que amé, Y meditaré en tus estatutos.

49. Zain Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, En la cual me has hecho esperar.

50. Ella es mi consuelo en mi aflicción, Porque tu dicho me ha vivificado.

51. Los soberbios se burlaron mucho de mí, Mas no me he apartado de tu ley.

52. Me acordé, oh Jehová, de tus juicios antiguos, Y me consolé.

53. Horror se apoderó de mí a causa de los inicuos Que dejan tu ley.

54. Cánticos fueron para mí tus estatutos En la casa en donde fui extranjero.

55. Me acordé en la noche de tu nombre, oh Jehová, Y guardé tu ley.

56. Estas bendiciones tuve Porque guardé tus mandamientos.

57. Chet Mi porción es Jehová; He dicho que guardaré tus palabras.

58. Tu presencia supliqué de todo corazón; Ten misericordia de mí según tu palabra.

59. Consideré mis caminos, Y volví mis pies a tus testimonios.

60. Me apresuré y no me retardé En guardar tus mandamientos.

61. Compañías de impíos me han rodeado, Mas no me he olvidado de tu ley.

62. A medianoche me levanto para alabarte Por tus justos juicios.

63. Compañero soy yo de todos los que te temen Y guardan tus mandamientos.

64. De tu misericordia, oh Jehová, está llena la tierra; Enséñame tus estatutos.

65. Tet Bien has hecho con tu siervo, Oh Jehová, conforme a tu palabra.

66. Enséñame buen sentido y sabiduría, Porque tus mandamientos he creído.

67. Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; Mas ahora guardo tu palabra.

68. Bueno eres tú, y bienhechor; Enséñame tus estatutos.

69. Contra mí forjaron mentira los soberbios, Mas yo guardaré de todo corazón tus mandamientos.

70. Se engrosó el corazón de ellos como sebo, Mas yo en tu ley me he regocijado.

71. Bueno me es haber sido humillado, Para que aprenda tus estatutos.

72. Mejor me es la ley de tu boca Que millares de oro y plata.

73. Yod Tus manos me hicieron y me formaron; Hazme entender, y aprenderé tus mandamientos.

74. Los que te temen me verán, y se alegrarán, Porque en tu palabra he esperado.

75. Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justos, Y que conforme a tu fidelidad me afligiste.

76. Sea ahora tu misericordia para consolarme, Conforme a lo que has dicho a tu siervo.

77. Vengan a mí tus misericordias, para que viva, Porque tu ley es mi delicia.

78. Sean avergonzados los soberbios, porque sin causa me han calumniado; Pero yo meditaré en tus mandamientos.

79. Vuélvanse a mí los que te temen Y conocen tus testimonios.

80. Sea mi corazón íntegro en tus estatutos, Para que no sea yo avergonzado.

81. Caf Desfallece mi alma por tu salvación, Mas espero en tu palabra.

82. Desfallecieron mis ojos por tu palabra, Diciendo: ¿Cuándo me consolarás?

83. Porque estoy como el odre al humo; Pero no he olvidado tus estatutos.

84. ¿Cuántos son los días de tu siervo? ¿Cuándo harás juicio contra los que me persiguen?

85. Los soberbios me han cavado hoyos; Mas no proceden según tu ley.

86. Todos tus mandamientos son verdad; Sin causa me persiguen; ayúdame.

87. Casi me han echado por tierra, Pero no he dejado tus mandamientos.

88. Vivifícame conforme a tu misericordia, Y guardaré los testimonios de tu boca.

89. Lámed Para siempre, oh Jehová, Permanece tu palabra en los cielos.

90. De generación en generación es tu fidelidad; Tú afirmaste la tierra, y subsiste.

91. Por tu ordenación subsisten todas las cosas hasta hoy, Pues todas ellas te sirven.

92. Si tu ley no hubiese sido mi delicia, Ya en mi aflicción hubiera perecido.

93. Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos, Porque con ellos me has vivificado.

94. Tuyo soy yo, sálvame, Porque he buscado tus mandamientos.

95. Los impíos me han aguardado para destruirme; Mas yo consideraré tus testimonios.

96. A toda perfección he visto fin; Amplio sobremanera es tu mandamiento.

97. Mem ¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.

98. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, Porque siempre están conmigo.

99. Más que todos mis enseñadores he entendido, Porque tus testimonios son mi meditación.

100. Más que los viejos he entendido, Porque he guardado tus mandamientos;

101. De todo mal camino contuve mis pies, Para guardar tu palabra.

102. No me aparté de tus juicios, Porque tú me enseñaste.

103. ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca.

104. De tus mandamientos he adquirido inteligencia; Por tanto, he aborrecido todo camino de mentira.

105. Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino.

106. Juré y ratifiqué Que guardaré tus justos juicios.

107. Afligido estoy en gran manera; Vivifícame, oh Jehová, conforme a tu palabra.

108. Te ruego, oh Jehová, que te sean agradables los sacrificios voluntarios de mi boca, Y me enseñes tus juicios.

109. Mi vida está de continuo en peligro, Mas no me he olvidado de tu ley.

110. Me pusieron lazo los impíos, Pero yo no me desvié de tus mandamientos.

111. Por heredad he tomado tus testimonios para siempre, Porque son el gozo de mi corazón.

112. Mi corazón incliné a cumplir tus estatutos De continuo, hasta el fin.

113. Sámec Aborrezco a los hombres hipócritas; Mas amo tu ley.

114. Mi escondedero y mi escudo eres tú; En tu palabra he esperado.

115. Apartaos de mí, malignos, Pues yo guardaré los mandamientos de mi Dios.

116. Susténtame conforme a tu palabra, y viviré; Y no quede yo avergonzado de mi esperanza.

117. Sosténme, y seré salvo, Y me regocijaré siempre en tus estatutos.

118. Hollaste a todos los que se desvían de tus estatutos, Porque su astucia es falsedad.

119. Como escorias hiciste consumir a todos los impíos de la tierra; Por tanto, yo he amado tus testimonios.

120. Mi carne se ha estremecido por temor de ti, Y de tus juicios tengo miedo.

121. Ayin Juicio y justicia he hecho; No me abandones a mis opresores.

122. Afianza a tu siervo para bien; No permitas que los soberbios me opriman.

123. Mis ojos desfallecieron por tu salvación, Y por la palabra de tu justicia.

124. Haz con tu siervo según tu misericordia, Y enséñame tus estatutos.

125. Tu siervo soy yo, dame entendimiento Para conocer tus testimonios.

126. Tiempo es de actuar, oh Jehová, Porque han invalidado tu ley.

127. Por eso he amado tus mandamientos Más que el oro, y más que oro muy puro.

128. Por eso estimé rectos todos tus mandamientos sobre todas las cosas, Y aborrecí todo camino de mentira.

129. Pe Maravillosos son tus testimonios; Por tanto, los ha guardado mi alma.

130. La exposición de tus palabras alumbra; Hace entender a los simples.

131. Mi boca abrí y suspiré, Porque deseaba tus mandamientos.

132. Mírame, y ten misericordia de mí, Como acostumbras con los que aman tu nombre.

133. Ordena mis pasos con tu palabra, Y ninguna iniquidad se enseñoree de mí.

134. Líbrame de la violencia de los hombres, Y guardaré tus mandamientos.

135. Haz que tu rostro resplandezca sobre tu siervo, Y enséñame tus estatutos.

136. Ríos de agua descendieron de mis ojos, Porque no guardaban tu ley.

137. Tsade Justo eres tú, oh Jehová, Y rectos tus juicios.

138. Tus testimonios, que has recomendado, Son rectos y muy fieles.

139. Mi celo me ha consumido, Porque mis enemigos se olvidaron de tus palabras.

140. Sumamente pura es tu palabra, Y la ama tu siervo.

141. Pequeño soy yo, y desechado, Mas no me he olvidado de tus mandamientos.

142. Tu justicia es justicia eterna, Y tu ley la verdad.

143. Aflicción y angustia se han apoderado de mí, Mas tus mandamientos fueron mi delicia.

144. Justicia eterna son tus testimonios; Dame entendimiento, y viviré.

145. Cof Clamé con todo mi corazón; respóndeme, Jehová, Y guardaré tus estatutos.

146. A ti clamé; sálvame, Y guardaré tus testimonios.

147. Me anticipé al alba, y clamé; Esperé en tu palabra.

148. Se anticiparon mis ojos a las vigilias de la noche, Para meditar en tus mandatos.

149. Oye mi voz conforme a tu misericordia; Oh Jehová, vivifícame conforme a tu juicio.

150. Se acercaron a la maldad los que me persiguen; Se alejaron de tu ley.

151. Cercano estás tú, oh Jehová, Y todos tus mandamientos son verdad.

152. Hace ya mucho que he entendido tus testimonios, Que para siempre los has establecido.

153. Resh Mira mi aflicción, y líbrame, Porque de tu ley no me he olvidado.

154. Defiende mi causa, y redímeme; Vivifícame con tu palabra.

155. Lejos está de los impíos la salvación, Porque no buscan tus estatutos.

156. Muchas son tus misericordias, oh Jehová; Vivifícame conforme a tus juicios.

157. Muchos son mis perseguidores y mis enemigos, Mas de tus testimonios no me he apartado.

158. Veía a los prevaricadores, y me disgustaba, Porque no guardaban tus palabras.

159. Mira, oh Jehová, que amo tus mandamientos; Vivifícame conforme a tu misericordia.

160. La suma de tu palabra es verdad, Y eterno es todo juicio de tu justicia.

161. Sin Príncipes me han perseguido sin causa, Pero mi corazón tuvo temor de tus palabras.

162. Me regocijo en tu palabra Como el que halla muchos despojos.

163. La mentira aborrezco y abomino; Tu ley amo.

164. Siete veces al día te alabo A causa de tus justos juicios.

165. Mucha paz tienen los que aman tu ley, Y no hay para ellos tropiezo.

166. Tu salvación he esperado, oh Jehová, Y tus mandamientos he puesto por obra.

167. Mi alma ha guardado tus testimonios, Y los he amado en gran manera.

168. He guardado tus mandamientos y tus testimonios, Porque todos mis caminos están delante de ti.

169. Tau Llegue mi clamor delante de ti, oh Jehová; Dame entendimiento conforme a tu palabra.

170. LLegue mi oración delante de ti; Líbrame conforme a tu dicho.

171. Mis labios rebosarán alabanza Cuando me enseñes tus estatutos.

172. Hablará mi lengua tus dichos, Porque todos tus mandamientos son justicia.

173. Esté tu mano pronta para socorrerme, Porque tus mandamientos he escogido.

174. He deseado tu salvación, oh Jehová, Y tu ley es mi delicia.

175. Viva mi alma y te alabe, Y tus juicios me ayuden.

176. Yo anduve errante como oveja extraviada; busca a tu siervo, Porque no me he olvidado de tus mandamientos.

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Salmos 119

Vv. 1-8.Este salmo puede considerarse como la declaración de la experiencia del creyente. Hasta donde nuestros puntos de vista, deseos y afectos concuerden con lo que aquí se expresa, vienen de la influencia del Espíritu Santo, y no más. La misericordia de Dios que perdona en Cristo es la única fuente de la felicidad para el pecador. Son más felices los que son preservados más libres de la contaminación del pecado, los que simplemente creen los testimonios de Dios y confían en sus promesas. Malo es si el corazón está dividido entre Él y el mundo, pero los santos evitan cuidadosamente todo pecado; están conscientes de mucho mal que los atasca en los caminos de Dios, pero no de esa iniquidad que los arranca de esos caminos. El tentador quiere que los hombres piensen que tienen la libertad de seguir o no la palabra de Dios, según les plazca. Pero el deseo y la oración del hombre bueno concuerda con la voluntad y el mandamiento de Dios. Si un hombre espera que, por obedecer una cosa, puede adquirir indulgencia para desobedecer en otras, se hará evidente su hipocresía; si no es avergonzado en este mundo, la vergüenza eterna será su porción. El salmista ansiaba aprender las leyes de Dios, dar la gloria a Dios. Y los creyentes ven que si Dios los abandona, el tentador será demasiado duro para ellos.


Vv. 9-16.A la corrupción original todos hemos agregado el pecado actual. Es ruina del joven vivir sin ley alguna, o escoger leyes falsas: anden por las reglas de la Escritura. Dudar de nuestra propia sabiduría y fuerza, y depender de Dios, prueba que el propósito de la santidad es sincero. La palabra de Dios es tesoro digno de guardar y no hay dónde guardarlo en forma segura sino en nuestros corazones, para oponer los preceptos de Dios al dominio del pecado, las promesas de Dios a la seducción del pecado, y sus amenazas a la violencia del pecado. Sea nuestra oración que Él nos enseñe sus estatutos para que, siendo partícipes de su santidad, podamos también ser partícipes de su bienaventuranza. Y los que alimentan su corazón con el pan de la vida, deben alimentar a muchos con sus labios. En el camino de los mandamientos de Dios están las inescrutables riquezas de Cristo. Pero no meditamos en los preceptos de Dios para un buen propósito si nuestros buenos pensamientos no producen buenas obras. No sólo meditaré en tus estatutos sino que los haré con regocijo. Y bueno será probar la sinceridad de nuestra obediencia remontándose a su fuente: la realidad de nuestro amor por el gozo en los deberes asignados.


Vv. 17-24.Todos pereceríamos si Dios nos tratara en estricta justicia. Debemos pasar nuestra vida a su servicio; hallaremos la vida verdadera al cumplir su palabra. Quienes miran las maravillas de la ley y del evangelio de Dios, deben pedirle entendimiento por la luz de su Espíritu. Los creyentes se sienten forasteros en la tierra; temen perder su camino y perder consuelo errando de los mandamientos de Dios. Toda alma santificada tiene hambre de la palabra de Dios como alimento sin el cual no hay vida. Hay algo de orgullo en el fondo de cada pecado voluntario. Dios puede silenciar los labios mentirosos; el oprobio y el menosprecio pueden humillarnos y hacernos bien y, entonces, ser apartados. ¿Hallamos que el peso de la cruz está por encima de lo que somos capaces de soportar? El que la soportó por nosotros nos capacitará para soportarla; sostenidos por Él no podemos hundirnos. Triste es cuando los que debieran proteger al inocente son sus traidores. El salmista siguió en su deber y halló consuelo en la palabra de Dios. El consuelo de la palabra de Dios es delicia para el alma bondadosa, cuando se amargan otros consuelos; y los que quieren que los testimonios de Dios sean su delicia, deben ser aconsejados por ellos. Que el Señor nos dirija para ejercer arrepentimiento del pecado y la fe en Cristo.


Vv. 25-32.Mientras las almas de los hijos de este mundo se aferran a la tierra como porción de ellos, los hijos de luz se sienten muy cargados por los vestigios de afectos carnales de su corazón. Indecible consuelo para un alma bondadosa es pensar con cuánta ternura son recibidas sus quejas por el Dios de la gracia. Podemos hablar mejor de las maravillas del amor redentor cuando entendemos el camino de los mandamientos de Dios y andamos en ese camino. El penitente se deshace de ansiedad por el pecado: hasta el espíritu paciente puede deshacerse sintiendo la aflicción, entonces es importante que derrame su alma ante Dios. El camino de la mentira representa todos los caminos falsos por los cuales los hombres se engañan a sí mismos, y a los demás, o son engañados por Satanás y sus instrumentos. Quienes conocen y aman la ley del Señor, desean conocerla más y amarla mejor. El camino de la verdadera santidad es el camino de la verdad; el único camino verdadero a la felicidad: siempre debemos tener presente consideración por ello. Los que se adhieren a la palabra de Dios pueden, en fe, esperar y orar por la aceptación de Dios. Señor, nunca me dejes hacer lo que me avergonzará y no rechaces mis servicios. Los que van al cielo todavía deben seguir adelante. Dios, por su Espíritu, ensancha el corazón de su pueblo cuando les da sabiduría. El creyente ora rogando ser librado del pecado.


Vv. 33-40.Enséñame tus estatutos, no las solas palabras, sino la manera de aplicármelas. Dios, por su Espíritu, da entendimiento recto. Pero el Espíritu de revelación de la palabra no bastará si no tenemos el Espíritu de sabiduría en el corazón. Dios pone su Espíritu dentro de nosotros haciendo que andemos en sus estatutos. El pecado contra el cual aquí se ora es la codicia. Los que quieren que el amor de Dios se arraigue en ellos, deben desarraigar el amor del mundo, porque la amistad del mundo es enemistad para con Dios. Vivifícame en tu camino; para redimir el tiempo y hacer todo deber con espíritu vivo. Contemplar la vanidad nos mortifica y demora nuestro ritmo; el viajero no debe pararse a mirar todo objeto que se le presente a la vista. Las promesas de la palabra de Dios se relacionan mucho con la preservación del creyente verdadero. Cuando Satanás ha llevado a un hijo de Dios a compromisos con el mundo, le reprochará las caídas a las que él mismo lo ha conducido. La victoria debe provenir de la cruz de Cristo. Cuando disfrutemos la dulzura de los preceptos de Dios hará que anhelemos conocerlos más. Y donde Dios ha producido el querer, producirá el hacer.


Vv. 41-48.Señor, por fe tengo a la vista tus misericordias; déjame prevalecer orando para obtenerlas. Y cuando sea completada la salvación de los santos, se manifestará claramente que no era en vano confiar en la palabra de Dios. Tenemos que orar rogando que nunca nos asustemos o nos avergoncemos de reconocer las verdades y los caminos de Dios ante los hombres. Y el salmista resuelve obedecer la ley de Dios en un curso constante de obediencia sin descarriarse. El servicio al pecado es esclavitud; el servicio a Dios es libertad. No hay felicidad completa o libertad perfecta, sino en obedecer la ley de Dios. Nunca debemos asustarnos ni avergonzarnos de reonocer nuestra religión. Mientras más deleite tengamos al servicio de Dios, vamos más cerca de la perfección. No sólo asintamos a su ley por ser buena; complázcamonos en ella por buena para nosotros. Déjame emplear toda la fuerza que tengo para cumplirla. Algo de esta mente de Cristo hay en todo discípulo verdadero.


Vv. 49-56.Quienes hacen su porción de las promesas de Dios, pueden hacerlas su oración con humilde osadía. El que obra la fe en nosotros por su Espíritu, obrará por nosotros. La palabra de Dios habla consuelo en la aflicción. Si nos hace santos por gracia, hay suficiente en ella para darnos bienestar en todas las circunstancias. Estemos seguros de tener la ley divina por lo que creemos, y entonces, no dejemos que los burladores prevalezcan sobre nosotros para que la dejemos. Los juicios antiguos de Dios nos consuelan y nos exhortan, porque Él sigue siendo el mismo. El pecado es horrible a ojos de todos los que son santificados. Antes que pase mucho tiempo el creyente se ausentará del cuerpo y estará presente con el Señor. Mientras tanto, los estatutos del Señor dan tema para agradecida alabanza. En la temporada de la aflicción y en las horas silenciosas de la noche, él recuerda el nombre del Señor y es estimulado a obedecer la ley. Todos los que han hecho de la religión lo primero, admitirán que, por ella, han sido ganadores en forma indecible.


Vv. 57-64.Los creyentes verdaderos toman al Señor como porción de su herencia y nada menos les satisface. El salmista ora con todo su corazón sabiendo cómo valorar la bendición por la cual ora: él desea la misericordia prometida y depende de la promesa para recibirla. -Él se salió de su descarrío y regresó a los testimonios de Dios. Dios no tardó. Corresponde a los pecadores apresurarse a escapar y el creyente será igualmente presuroso para glorificar a Dios. Ninguna preocupación o tristeza debe quitarnos de la mente la palabra de Dios u obstaculizar el consuelo que da. No hay situación en la tierra en que el creyente no tenga motivos para estar agradecido. Sintámonos avergonzados de que haya quienes están más dispuestos a dejar de dormir para pasarse el tiempo en placeres pecaminosos, más que nosotros para alabar a Dios. Y debemos orar con más fervor que nuestros corazones sean llenos de su misericordia, gracia y paz.


Vv. 65-72.Como quiera que Dios nos haya tratado, nos ha tratado mejor de lo que merecemos; y todo con amor y por nuestro bien. Muchos tienen conocimiento, pero poco juicio; quienes poseen ambos están fortalecidos contra los lazos de Satanás y están equipados para el servicio de Dios. Somos muy dados a desviarnos de Dios cuando estamos cómodos en el mundo. Debemos dejar nuestras preocupaciones a disposición de Dios, viendo que no sabemos lo que es bueno para nosotros. Señor, tú eres nuestro generoso Benefactor; inclina nuestros corazones a la fe y a la obediencia. El salmista seguirá, constante y resuelto en su deber. El orgulloso está lleno del mundo, y de su riqueza y sus placeres; estos lo hacen insensato, seguro y estúpido. Dios visita a su pueblo con aflicción, para que aprendan sus estatutos. No solamente son deseables y provechosas las promesas de Dios, sino también su ley, sus preceptos, aunque duros para los impíos, porque nos guían con seguridad y deleite a la vida eterna.


Vv. 73-80.Dios nos hizo para servirle y gozar de Él; pero por el pecado nos hicimos ineptos para servirle y gozar de Él. Por tanto, tenemos que buscarlo continuamente por su Espíritu Santo, para que nos dé entendimiento. Los consuelos que algunos tienen en Dios deben ser motivo de gozo para los demás. Sin embargo, es fácil reconocer que los juicios de Dios son justos, hasta que nos llega el turno. Todo apoyo, cuando estamos sometidos a la aflicción, debe proceder de la misericordia y la compasión. Las misericordias de Dios son misericordias tiernas, como las misericordias de un padre, o la compasión de una madre por su hijo. Ellas nos alcanzan cuando no somos capaces de ir a ellas. El reproche infundado no hiere y no debe conmovernos. El salmista pudo ir en el camino de su deber y hallar consuelo en él. Valora la buena voluntad de los santos, y está deseoso de mantener su comunión con ellos. La salud del corazón significa sinceridad en la dependencia de Dios y dedicación a él.


Vv. 81-88.El salmista buscó liberación de sus pecados, sus enemigos y sus temores. La esperanza diferida lo debilitó; sus ojos fallaron mirando su esperada salvación. No obstante, cuando fallan los ojos, no debe fallar la fe. Su aflicción era grande. Iba a llegar a ser como odre de cuero que, si se cuelga al humo, se seca y se arruga. Siempre debemos considerar los estatutos de Dios. Los días del lamento del creyente terminarán; no son sino un momento comparados con la dicha eterna. Sus enemigos recurrieron a la astucia, y a la fuerza para destruirlo, despreciando la ley de Dios. Los mandamientos de Dios son guías verdaderas y fieles en la senda de la paz y la seguridad. Podemos esperar mejor ayuda de Dios cuando, al igual que nuestro Maestro, hacemos el bien y sufrimos por ello. Los impíos casi pueden consumir al creyente en la tierra, pero éste dejará todo antes que abandonar la palabra del Señor. Debemos depender de la gracia de Dios para tener fuerza para hacer toda buena obra. La señal más segura de la buena voluntad de Dios para con nosotros es su buena obra en nosotros.


Vv. 89-96.La estabilidad de la palabra de Dios en el cielo contrasta con los cambios y revoluciones de la tierra. Y los compromisos del pacto de Dios están más firmemente establecidos que la tierra misma. Todas las criaturas responden a las finalidades de su creación: ¿el hombre, el único dotado de razón, será sólo una carga nada provechosa de la tierra? -Podemos hacer de la Biblia una compañía agradable en cualquier momento. Pero la palabra sin la gracia de Dios no nos vivificará. Véase la mejor ayuda para los malos recuerdos, a saber, los buenos afectos; y aunque se pierdan las palabras exactas, si permanece el significado, todo está bien. Yo soy tuyo, no de mí, no del mundo; sálvame del pecado, sálvame de la ruina. El Señor guardará en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera. Es mala perfección aquella de la cual se ve fin. Tales son todas las cosas de este mundo, las cosas que pasan por ser perfectas. La gloria del hombre no es sino como la flor de la hierba. El salmista ha visto la plenitud de la palabra de Dios y su suficiencia. La palabra de Dios llega a todos los casos, en todos los tiempos. Nos sacará toda confianza en el hombre o en nuestra propia sabiduría, fuerza y justicia. De ese modo procuraremos el consuelo y la felicidad de Cristo solo.


Vv. 97-104.Nos gusta pensar en lo que amamos. Toda sabiduría verdadera es de Dios. El hombre bueno lleva consigo su Biblia, si no en sus manos, de todos modos en su cabeza y en su corazón. Por meditar los testimonios de Dios entendemos más que nuestros profesores, cuando entendemos nuestros propios corazones. La palabra escrita es una guía más segura al cielo que todos los padres, los profesores y ancianos de la Iglesia. No podemos atender a Dios en los deberes santos, con algún consuelo o franqueza, mientras somos culpables o estamos en cualquier desvío. Fue la gracia divina de su corazón lo que capacitó al salmista para recibir estas instrucciones. El alma tiene sus gustos, como el cuerpo. Nuestro deleite por la palabra de Dios será más grande cuando menos sea el deleite por el mundo y la carne. El camino del pecado es camino malo; y mientras más entendimiento obtengamos de los preceptos de Dios, más arraigado será nuestro odio del pecado; y más preparados estamos en las Escrituras, mejor equipados estamos para responder a la tentación.


Vv. 105-112.La palabra de Dios nos dirige en nuestra obra y camino, y el mundo sería indudablemente un lugar tenebroso sin ella. El mandamiento es lámpara que se mantiene encendida con el aceite del Espíritu, como luz que nos dirige al elegir nuestro camino y los pasos que damos en ese camino. Aquí se alude a la obediencia a los mandamientos de Dios por parte del pecador sometido a una dispensación de misericordia, la obediencia del creyente partícipe del pacto de gracia. El salmista es frecuentemente afligido pero con el anhelo de llegar a ser más santo; diariamente eleva oraciones pidiendo gracia vivificante. Nada podemos ofrecer a Dios que Él acepte, sino lo que a Él le plazca enseñarnos a hacer. Tener nuestra alma o vida continuamente en nuestras manos presupone el peligro constante de la vida; sin embargo, él no olvidaba las promesas ni los preceptos de Dios. Innumerables son las trampas puestas por los impíos; y dichoso es el siervo de Dios a quien ellos no han hecho errar de los preceptos de su Señor. Los tesoros celestiales son herencia eterna; todos los santos los aceptan como tales, por tanto pueden contentarse con poco de este mundo. Debemos buscar consuelo sólo en el camino del deber y ese deber debe cumplirse. Por gracia de Dios el hombre bueno pone su corazón en su obra que, entonces, se cumple bien.


Vv. 113-120.Aquí hay estremecimiento por la aparición del pecado, y de sus primeros comienzos. Mientras más amemos la ley de Dios, más alertas estaremos, no sea que los pensamientos vanos nos arrastren lejos de lo que amamos. Si queremos progresar en la obediencia de los mandamientos de Dios, debemos separarnos de los malhechores. El creyente no puede vivir sin la gracia de Dios, pero sostenido por su mano, será mantenida su vida espiritual. Nuestra santa seguridad se funda en el apoyo divino. Todo alejamiento de los estatutos de Dios es un error, y resultará fatal. La astucia de ellos es falsedad. Viene el día en que los impíos serán arrojados al fuego eterno, el lugar apropiado para la escoria. Véase lo que resulta del pecado. Ciertamente debemos temer los que reducimos mucho los afectos devotos, no sea que quedándonos aún la promesa de entrar al reposo celestial, alguno de nosotros no lo alcance, Hebreos iv, 1.


Vv. 121-128.Bienaventurado el hombre que, actuando basado en los principios del evangelio, hace justicia a todos los que lo rodean. Cristo nuestra Seguridad, habiendo pagado nuestra deuda y rescate, asegura todas las bendiciones de la salvación para cada creyente verdadero. El salmista espera la palabra de la justicia de Dios y ninguna otra salvación más que la asegurada por esa palabra, la cual no puede caer al suelo. No merecemos el favor de Dios; estamos muy bien cuando nos arrojamos a la misericordia de Dios y nos referimos a ella. Si cualquier hombre resuelve hacer la voluntad de Dios como siervo suyo, le serán dados a conocer sus testimonios. Debemos hacer lo que podamos por el sostenimiento de la religión, y después de todo, debemos rogar a Dios que tome la obra en sus manos. Hipocresía es decir que amamos los mandamientos de Dios mucho más que al oro fino, si no valoramos la causa de la religión verdadera más que nuestros intereses mundanos. El camino del pecado es un camino falso, siendo directamente contrario a los preceptos de Dios, que son correctos: quienes aman y estiman la ley de Dios, odian el pecado y no se reconciliarán con éste.


Vv. 129-136.Las maravillas del amor redentor fijarán al corazón en su adoración. Las Escrituras nos muestran lo que éramos, lo que somos y lo que seremos. Nos muestran la misericordia y la justicia del Señor, los goces del cielo y los dolores del infierno. De esta manera, en pocos días, dan al simple un entendimiento de estos asuntos que los filósofos han buscado en vano durante siglos. El creyente, agobiado con las preocupaciones de la vida y sus conflictos con el pecado, suspira por los consuelos que le transmite la palabra sagrada. Y cada uno debe orar: Mírame y sé misericordioso conmigo, como solías hacerlo con quienes aman tu nombre. Debemos implorar que el Espíritu Santo ordene nuestros pasos. El dominio del pecado debe temerse y todos deben orar en contra de él. La opresión de parte de los hombres suele ser más de lo que pueden soportar la carne y la sangre; y Aquel que conoce nuestro ser no rehusará quitarla como respuesta a las oraciones de su pueblo. Cualquiera haya sido la oscuridad de los creyentes veterotestamentarios en cuanto a la fe, su confianza ante el trono de la gracia puede explicarse sólo porque mediante los sacrificios y el servicio de su ley habían visto los privilegios del evangelio más claramente de lo que generalmente se imagina. Id al mismo lugar, invocad el nombre y los méritos de Jesús, y no rogaréis, no podéis rogar en vano. Comúnmente, donde hay un corazón de gracia, hay un ojo que llora. Acepta, oh Señor, las lágrimas que derramó nuestro bendito Redentor en los días de su carne por nosotros, que debemos llorar por nuestros hermanos o por nosotros mismos.


Vv. 137-144.Dios nunca hizo, y nunca puede hacer, mal a nadie. Las promesas son fielmente cumplidas por el que las hizo. El celo contra el pecado debe constreñirnos a hacer lo que podamos en su contra; por lo menos, que hagamos más en la religión. Nuestro amor por la palabra de Dios es prueba de nuestro amor por Dios, porque está diseñada para hacernos partícipes de su santidad. La real excelencia de los hombres siempre los rebaja ante sus propios ojos. Cuando somos pequeños y despreciados tenemos más necesidad de recordar los preceptos de Dios, para que los tengamos como apoyo. La ley de Dios es la verdad, la norma de santidad, la regla de la felicidad, pero es sólo la obediencia de Cristo la que justifica al creyente. Las penas son a menudo la suerte de los santos en este valle de lágrimas; ellos están apesadumbrados por múltiples tentaciones. Hay delicias en la palabra de Dios que los santos disfrutan frecuente y dulcemente, cuando están en problemas y angustias. Esta es la vida eterna: conocer a Dios y a Jesucristo a quien Él envió, Juan xvii, 3. Vivamos aquí la vida de la fe y la gracia, y seamos llevados a la gloriosa vida en el más allá.


Vv. 145-152.Las súplicas de todo corazón son presentadas sólo por quienes desean la salvación de Dios y que aman sus mandamientos. ¿Adónde irá el hijo sino a su padre? Sálvame de mis pecados, mis corrupciones, mis tentaciones, de todos los obstáculos en mi camino, para que yo pueda guardar tus testimonios. Los cristianos que disfrutan de salud no deben tolerar que las primeras horas de la mañana se vayan sin sacarles el mejor provecho. La esperanza en la palabra de Dios nos da ánimos para continuar orando. Mejor es quitarle tiempo al sueño que no hallar tiempo para orar. Tenemos acceso a Dios a toda hora y si nuestros primeros pensamientos de la mañana son de Dios: nos ayudarán a mantenernos en su temor durante todo el día. Hazme vivaz y alegre. Dios sabe lo que necesitamos y lo que es bueno para nosotros y nos vivificará. Si estamos ocupados en el servicio de Dios, no tenemos que temer a los que tratan de colocarse tan lejos como puedan del alcance de las condenas y mandamientos de su ley. Cuando el problema está cerca, Dios está cerca. Nunca Él está lejos para buscarlo. Todos sus mandamientos son verdad. Y las promesas de Dios se cumplirán. Todos los que han confiado en Dios hallarán que Él es fiel.


Vv. 153-160.Mientras más nos aferremos a la palabra de Dios, como nuestra regla y nuestro apoyo, más seguridad tenemos de liberación. Cristo es el Abogado de su pueblo, su Redentor. Los que fueron vivificados por su Espíritu y su gracia, cuando estaban muertos en sus delitos y pecados, necesitan frecuentemente que la obra de gracia sea revivida en ellos, conforme a la palabra de la promesa. El impío no sólo no cumple los estatutos de Dios; ni siquiera los buscan. Se halagan a sí mismos con que van al cielo, pero mientras más tiempo persistan en el pecado, más se aleja de ellos el cielo. Las misericordias de Dios son tiernas; son fuente que nunca puede ser agotada. El salmista ruega la gracia vivificante de Dios que revive. El hombre constante en el camino de su deber no tiene que temer a nadie, aunque tenga muchos enemigos. Los que en verdad odian el pecado, lo odian como pecado, como transgresión de la ley de Dios y quebrantamiento de su palabra. Nuestra obediencia complace a Dios, y a nosotros, únicamente cuando proviene de un principio de amor. Todos los que reciben, en toda edad, la palabra de Dios con fe y amor, encuentran que es fiel todo lo que dice en ella.


Vv. 161-168.Aquellos cuyos corazones reverencian, sobrecogidos, la palabra de Dios, prefieren soportar la ira del hombre, antes que quebrantar la ley de Dios. Por la palabra de Dios somos ganadores indecibles. Todo hombre odia que le mientan, pero debemos odiar más el decir mentiras; por estas afrentamos a Dios. Mientras más veamos la belleza de la verdad, más veremos la odiosa deformación de la mentira. Tenemos que alabar a Dios aun por las aflicciones, porque por medio de la gracia, obtenemos el bien de ellas. Quienes aman al mundo son muy confundidos, porque éste no responde a lo que ellos esperan; quienes aman la palabra de Dios, tienen gran paz, porque supera lo que ellos esperan. Aquellos en quienes reina este santo amor, no serán confundidos por escrúpulos innecesarios, ni se ofenderán con sus hermanos. Una buena esperanza de salvación compromete el corazón para ejecutar los mandamientos. Y nuestro amor por la palabra de Dios debe someter nuestra lujuria y desarraigar nuestros afectos carnales; debemos hacer de ellos un trabajo de corazón o no hacemos nada de ello. Debemos guardar los mandamientos de Dios obedeciéndolos, y sus promesas confiando en ellas. El ojo de Dios está sobre nosotros en todo momento; esto debe hacernos muy cuidadosos en la obediencia a sus mandamientos.


Vv. 169-176.El salmista desea gracia y fuerza para elevar sus oraciones, y que el Señor las recibiera y notara. Deseaba saber más de Dios en Cristo; saber más de las doctrinas de la palabra, y los deberes de la religión. Tenía un profundo sentido de indignidad y un santo temor de que su oración no llegara ante Dios: Señor, por lo que yo oro es por lo que tú has prometido. Nada hemos aprendido a propósito, si no hemos aprendido a alabar a Dios. Siempre debemos hacer que la palabra de Dios sea la regla de nuestro discurso, para que nunca la transgredamos con habla pecaminosa o silencio culpable. Sus propias manos son insuficientes y la criatura tampoco puede prestarle ayuda alguna a él; por tanto, la criatura mira a Dios, para que la mano que la hizo le ayude. Hizo de la religión su opción deliberada. Hay una salvación eterna que todos los santos anhelan, y por tanto, oran que Dios les ayude en su camino a ella. Que tus juicios me ayuden; que todas las ordenanzas y todas las providencias (ambas son juicios de Dios) me ayuden a crecer en la glorificación de Dios; que me ayuden para esa obra. A menudo mira atrás, con vergüenza y gratitud a su patrimonio perdido. Aún ora por el tierno cuidado de Aquel que compró a su rebaño con su propia sangre, para que él pueda recibir de Aquel la dádiva de la vida eterna. Búscame, esto es: Encuéntrame, porque Dios nunca busca en vano. Vuélveme y seré vuelto. Que este salmo sea un criterio por el cual juzguemos nuestros corazones y nuestras vidas. ¿Se apropian nuestros corazones, limpiados en la sangre de Cristo, de esas oraciones, resoluciones y confesiones? ¿La palabra de Dios es la norma de nuestra fe y la ley de nuestra costumbre? ¿La usamos como argumentos para con Cristo por lo que necesitamos? Bienaventurados los que viven en tales ejercicios deleitosos.



Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Copyright © 1960 by American Bible Society

Comentario Bíblico de Matthew Henry

Autor: Matthew Henry, Traducido al castellano por Francisco la Cueva, Copyright © 1999 by The Editorial CLIE