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Comentario Bíblico de Matthew Henry
Romanos 15

1. Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos.

2. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación.

3. Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: Los vituperios de los que te vituperaban, cayeron sobre mí.

4. Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.

5. Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús,

6. para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.

7. Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios.

8. Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres,

9. y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia, como está escrito: Por tanto, yo te confesaré entre los gentiles, Y cantaré a tu nombre.

10. Y otra vez dice: Alegraos, gentiles, con su pueblo.

11. Y otra vez: Alabad al Señor todos los gentiles, Y magnificadle todos los pueblos.

12. Y otra vez dice Isaías: Estará la raíz de Isaí, Y el que se levantará a regir los gentiles; Los gentiles esperarán en él.

13. Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.

14. Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podéis amonestaros los unos a los otros.

15. Mas os he escrito, hermanos, en parte con atrevimiento, como para haceros recordar, por la gracia que de Dios me es dada

16. para ser ministro de Jesucristo a los gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que los gentiles le sean ofrenda agradable, santificada por el Espíritu Santo.

17. Tengo, pues, de qué gloriarme en Cristo Jesús en lo que a Dios se refiere.

18. Porque no osaría hablar sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles, con la palabra y con las obras,

19. con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo.

20. Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno,

21. sino, como está escrito: Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de él, verán; Y los que nunca han oído de él, entenderán.

22. Por esta causa me he visto impedido muchas veces de ir a vosotros.

23. Pero ahora, no teniendo más campo en estas regiones, y deseando desde hace muchos años ir a vosotros,

24. cuando vaya a España, iré a vosotros; porque espero veros al pasar, y ser encaminado allá por vosotros, una vez que haya gozado con vosotros.

25. Mas ahora voy a Jerusalén para ministrar a los santos.

26. Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén.

27. Pues les pareció bueno, y son deudores a ellos; porque si los gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben también ellos ministrarles de los materiales.

28. Así que, cuando haya concluido esto, y les haya entregado este fruto, pasaré entre vosotros rumbo a España.

29. Y sé que cuando vaya a vosotros, llegaré con abundancia de la bendición del evangelio de Cristo.

30. Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios,

31. para que sea librado de los rebeldes que están en Judea, y que la ofrenda de mi servicio a los santos en Jerusalén sea acepta;

32. para que con gozo llegue a vosotros por la voluntad de Dios, y que sea recreado juntamente con vosotros.

33. Y el Dios de paz sea con todos vosotros. Amén.

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Romanos 15

Vv. 1-7.La libertad cristiana se permitió, no para nuestro placer, sino para la gloria de Dios y para bien del prójimo. Debemos agradar a nuestro prójimo por el bien de su alma; no para servir su malvada voluntad, ni contentarlo de manera pecaminosa; si así buscamos agradar a los hombres, no somos siervos de Cristo. Toda la vida de Cristo fue una vida de negación y no agradarse a sí mismo. El que más se conforma a Cristo es el cristiano más avanzado. Considerando su pureza y santidad inmaculadas, nada podía ser más contrario a Él, que ser hecho pecado y maldición por nosotros, y que cayeran sobre Él los reproches de Dios: el justo por el injusto. Él llevó la culpa del pecado, y la maldición de éste; nosotros sólo somos llamados a soportar un poco del problema. Él llevó los pecados impertinentes del impío; nosotros sólo somos llamados a soportar las fallas del débil. ¿Y no debiéramos ser humildes, abnegados y dispuestos para considerarnos los unos a otros que somos miembros unos de otros? -Las Escrituras se escribieron para que nosotros las usemos y nos beneficiemos, tanto como para aquellos a los que se dieron primeramente. Los más poderosos en las Escrituras son los más doctos. El consuelo que surge de la palabra de Dios es lo más seguro, dulce y grandioso para anclar la esperanza. El Espíritu como Consolador es las arras de nuestra herencia. Esta unanimidad debe estar de acuerdo con el precepto de Cristo, conforme a su patrón y ejemplo. Es dádiva de Dios, y dádiva preciosa es, por la cual debemos buscarle fervorosamente. Nuestro Maestro divino invita a sus discípulos y los alienta mostrándose a ellos manso y humilde de espíritu. La misma disposición debe caracterizar la conducta de sus siervos, especialmente la del fuerte para con el débil. El gran fin de todos nuestros actos debe ser que Dios sea glorificado; nada fomenta esto más que el amor y la bondad mutuo de los que profesan la religión. Quienes concuerdan en Cristo, bien pueden concordar entre ellos.


Vv. 8-13.Cristo cumplió las profecías y las promesas relacionadas con los judíos y los convertidos gentiles no tienen excusa para despreciarlas. Los gentiles, al ser puestos en la Iglesia, son compañeros de paciencia y tribulación. Deben alabar a Dios. El llamado a todas las naciones para que alaben al Señor, indica que ellos tendrán conocimiento de Él. Nunca buscaremos a Cristo mientras no confiemos en Él. Todo el plan de redención está adaptado para que nos reconciliemos unos con otros, y con nuestro bondadoso Dios, de modo que podamos alcanzar la esperanza permanente de la vida eterna por medio del poder santificador y consolador del Espíritu Santo. Nuestro propio poder nunca lograría esto; por tanto, donde esté esta esperanza, y abunde, es el Espíritu bendito quien debe tener toda la gloria. “Todo gozo y paz”; toda clase de verdadero gozo y paz para quitar las dudas y los temores por la obra poderosa del Espíritu Santo.


Vv. 14-21.El apóstol estaba convencido que los cristianos romanos estaban llenos con un espíritu bueno y afectuoso, y de conocimiento. Les había escrito para recordarles sus deberes y sus peligros, porque Dios le había nombrado ministro de Cristo para los gentiles. Pablo les predicó; pero lo que los convirtió en sacrificios para Dios fue su santificación; no la obra de Pablo, sino la obra del Espíritu Santo: las cosas impías nunca pueden ser gratas para el santo Dios. La conversión de las almas pertenece a Dios; por tanto, es la materia de que se gloría Pablo; no de las cosas de la carne. Pero aunque era un gran predicador, no podía hacer obediente a ninguna alma, más allá de lo que el Espíritu Santo acompañara sus labores. Procuró principalmente el bien de los que estaban en tinieblas. Sea cual fuere el bien que hagamos, es Cristo quien lo hace por nosotros.


Vv. 22-29.El apóstol buscaba las cosas de Cristo más que su propia voluntad, y no podía dejar su obra de plantar iglesias para ir a Roma. Concierne a todos hacer primero lo que sea más necesario. No debemos tomar a mal si nuestros amigos prefieren una obra que agrada a Dios antes que las visitas y los cumplidos que pueden complacernos a nosotros. De todos los cristianos se espera justamente que promuevan toda buena obra, especialmente la bendita obra de la conversión de almas. La sociedad cristiana es un cielo en la tierra, una primicia de nuestra reunión con Cristo en el gran día, pero es parcial comparada con nuestra comunión con Cristo, prque sólo ella satisfará al alma. El apóstol iba a Jerusalén como mensajero de la caridad. Dios ama al dador alegre. Todo lo que pasa entre los cristianos debe ser prueba y ejemplo de la unión que tienen en Jesucristo. Los gentiles recibieron el evangelio de salvación por los judíos; por tanto, estaban obligados a ministrarles lo que era necesario para el cuerpo. Respecto de lo que esperaba de ellos habla dubitativamente aunque habla confiado acerca de lo que esperaba de Dios. ¡Qué delicioso y ventajoso es tener el evangelio con la plenitud de sus bendiciones! ¡Qué efectos maravillosos y felices produce cuando se acompaña con el poder del Espíritu!


Vv. 30-33.Aprendamos a valorar la oración ferviente y eficaz del justo. ¡Cuánto cuidado debemos tener, para no abandonar nuestro interés en el amor y las oraciones del pueblo suplicante de Dios! Si hemos experimentado el amor del Espíritu, no nos faltemos en este oficio de bondad para con el prójimo. Los que prevalecen en oración, deben esforzarse en oración. Los que piden las oraciones de otras personas, no deben descuidar sus oraciones. Aunque conoce perfectamente nuestro estado y nuestras necesidades, Cristo quiere saberlo de nosotros. Como debemos buscar a Dios para que refrene la mala voluntad de nuestros enemigos, así también debemos hacerlo para preservar y aumentar la buena voluntad de nuestros amigos. Todo nuestro gozo depende de la voluntad de Dios. Seamos fervientes en las oraciones con otros y por otros, para que, por amor a Cristo, y por el amor del Espíritu Santo, puedan venir grandes bendiciones a las almas de los cristianos y a las labores de los ministros.



Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Copyright © 1960 by American Bible Society

Comentario Bíblico de Matthew Henry

Autor: Matthew Henry, Traducido al castellano por Francisco la Cueva, Copyright © Spanish House Ministries | Unilit



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