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Comentario Bíblico de Matthew Henry

Lucas 12

1. En esto, juntándose por millares la multitud, tanto que unos a otros se atropellaban, comenzó a decir a sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.

2. Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse.

3. Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas.

4. Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer.

5. Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed.

6. ¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios.

7. Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; más valéis vosotros que muchos pajarillos.

8. Os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios;

9. mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios.

10. A todo aquel que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado.

11. Cuando os trajeren a las sinagogas, y ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis por cómo o qué habréis de responder, o qué habréis de decir;

12. porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debáis decir.

13. Le dijo uno de la multitud: Maestro, dí a mi hermano que parta conmigo la herencia.

14. Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor?

15. Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.

16. También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho.

17. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos?

18. Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes;

19. y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate.

20. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?

21. Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.

22. Dijo luego a sus discípulos: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis.

23. La vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido.

24. Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen despensa, ni granero, y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves?

25. ¿Y quién de vosotros podrá con afanarse añadir a su estatura un codo?

26. Pues si no podéis ni aun lo que es menos, ¿por qué os afanáis por lo demás?

27. Considerad los lirios, cómo crecen; no trabajan, ni hilan; mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.

28. Y si así viste Dios la hierba que hoy está en el campo, y mañana es echada al horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe?

29. Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud.

30. Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas.

31. Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.

32. No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.

33. Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye.

34. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

35. Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas;

36. y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida.

37. Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles.

38. Y aunque venga a la segunda vigilia, y aunque venga a la tercera vigilia, si los hallare así, bienaventurados son aquellos siervos.

39. Pero sabed esto, que si supiese el padre de familia a qué hora el ladrón había de venir, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa.

40. Vosotros, pues, también, estad preparados, porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá.

41. Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola a nosotros, o también a todos?

42. Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente al cual su señor pondrá sobre su casa, para que a tiempo les dé su ración?

43. Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.

44. En verdad os digo que le pondrá sobre todos sus bienes.

45. Mas si aquel siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a los criados y a las criadas, y a comer y beber y embriagarse,

46. vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y le castigará duramente, y le pondrá con los infieles.

47. Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes.

48. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.

49. Fuego vine a echar en la tierra; ¿y qué quiero, si ya se ha encendido?

50. De un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla!

51. ¿Pensáis que he venido para dar paz en la tierra? Os digo: No, sino disensión.

52. Porque de aquí en adelante, cinco en una familia estarán divididos, tres contra dos, y dos contra tres.

53. Estará dividido el padre contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra.

54. Decía también a la multitud: Cuando veis la nube que sale del poniente, luego decís: Agua viene; y así sucede.

55. Y cuando sopla el viento del sur, decís: Hará calor; y lo hace.

56. ¡Hipócritas! Sabéis distinguir el aspecto del cielo y de la tierra; ¿y cómo no distinguís este tiempo?

57. ¿Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?

58. Cuando vayas al magistrado con tu adversario, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel.

59. Te digo que no saldrás de allí, hasta que hayas pagado aun la última blanca.

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Lucas 12

Vv. 1-12.Una firme creencia en la doctrina de la providencia universal de Dios y su magnitud debiera bastarnos cuando estamos en peligros, y estimularnos a confiar en Dios en el camino del deber. La providencia se fija en las criaturas más bajas, hasta de los gorriones, y en consecuencia en las preocupaciones menores de los discípulos de Cristo. Quienes ahora confiesen a Cristo serán reconocidos por Él en el día grande, ante los ángeles de Dios. Para disuadirnos de negar a Cristo, y desertar de sus verdades y caminos, aquí se nos asegura que los que niegan a Cristo, aunque puedan así salvar la vida misma, y aunque puedan ganar un reino, serán los grandes perdedores al final; porque Cristo no los conocerá, no los reconocerá, ni les mostrará favor. Pero que ningún descarriado penitente y tembloroso dude que obtendrá el perdón. Esto es muy diferente de la enemistad franca que es blasfemia contra el Espíritu Santo, la cual no será perdonada jamás porque de ella nunca habrá arrepentimiento.


Vv. 13-21.El reino de Cristo es espiritual, y no es de este mundo. El cristianismo no se mete en política; obliga a todos a obrar con justicia, pero el poder mundano no se fundamenta en la gracia. No estimula las expectativas de ventajas mundanas por medio de la religión. La recompensa de los discípulos de Cristo son de otra naturaleza. La avaricia es un pecado del cual tenemos que estar constantemente precavidos, porque la dicha y el consuelo no dependen de la riqueza de este mundo. Las cosas del mundo no satisfacen los deseos del alma. Aquí hay una parábola que muestra la necedad de los mundanos carnales mientras viven, y su miseria cuando mueren. El carácter descrito es exactamente el de un hombre mundano prudente que no tiene gratitud hacia la providencia de Dios, ni un pensamiento recto sobre la incertidumbre de los asuntos humanos, el valor de su alma o la importancia de la eternidad. ¡Cuántos, aún entre cristianos profesos, señalan a personajes semejantes como modelos para imitar y personas con las cuales sería bueno relacionarse! Erramos si pensamos que los pensamientos se pueden ocultar, y que los pensamientos son libres. Cuando vio una gran cosecha en su terreno, en lugar de dar gracias a Dios por ella, o de regocijarse por tener mayor capacidad para hacer el bien, se aflige. ¿Qué haré ahora? ¿Qué hago ahora? El mendigo más pobre del país no podría haber dicho algo con mayor ansiedad. Mientras más tengan los hombres, más confusión tienen. Fue necio no pensar en usar de otro modo la riqueza, sino en darse gustos carnales y satisfacer los apetitos sensuales, sin pensar en hacer el bien a los demás. Los mundanos carnales son necios; y llega el día en que Dios los llamará por nombre propio, y ellos se llamarán así. La muerte de tales personas es miserable en sí y terrible para ellos. Pedirán tu alma. Él detesta separase de sus bienes, pero Dios lo requerirá, requerirá una rendición de cuentas, lo requerirá como de alma culpable, para ser castigada sin demora. Necedad de la mayoría de los hombres es preocuparse y perseguir lo que es sólo para el cuerpo y para el tiempo, y no para el alma y para la eternidad.


Vv. 22-40.Cristo insiste mucho en que esta cautela no dé lugar a preocupaciones confusas e inquietantes, Mateo vi, 25-34. Los argumentos aquí usados son para animarnos a echar sobre Dios nuestra preocupación, que es la manera correcta de obtener tranquilidad. Como en nuestra estatura, así en nuestra condición es sabio aceptarla como es. Una búsqueda angustiosa y ansiosa de las cosas de este mundo, aún de las necesarias, no va con los discípulos de Cristo. Los temores no deben dominar cuando nos asustamos con pensamientos de un mal venidero, y nos disponemos a preocupaciones innecesarias sobre cómo evitarlo. Si valoramos la belleza de la santidad, no codiciaremos los lujos de la vida. Entonces, examinemos si pertenecemos a esta manada pequeña. Cristo es nuestro Maestro, y nosotros Sus siervos; no sólo siervos que trabajan, sino siervos que esperan. Debemos ser como hombres que esperan a su señor, que se sientan a esperar mientras él sigue afuera, preparados para recibirlo. En esto alude Cristo a su ascensión al cielo, su venida para reunir junto a Él su pueblo por la muerte, y segunda venida a juzgar al mundo. No tenemos certeza de la hora de su venida; por tanto, debemos estar siempre preparados. Si los hombres cuidan diligentes sus casas, seamos nosotros igualmente sabios con nuestras almas. Por tanto, estad vosotros preparados también; velando como lo haría el buen padre de familia si supiera a qué hora viene el ladrón.


Vv. 41-53.Todos tienen que tomar en serio lo que Cristo dice en su palabra e indagar al respecto. Nadie es dejado en tanta ignorancia como para no saber que muchas cosas que hace, y desprecia son buenas; por tanto, nadie tiene excusa en su pecado. Introducir la dispensación del evangelio puede producir desolación. No es que sea la tendencia de la religión de Cristo, que es pura, pacífica y amable; pero su efecto es ser contraria al orgullo y la lujuria del hombre. Habrá una amplia difusión del evangelio, pero antes Cristo tiene un bautismo con el cual ser bautizado, muy diferente del de agua y bautismo del Espíritu Santo. Debe soportar los sufrimientos y la muerte. No estaba en su plan de predicar el evangelio más ampliamente hasta haber pasado este bautismo. Nosotros debiéramos ser celosos para dar a conocer la verdad, porque aunque se susciten divisiones y la propia familia del hombre sea su enemiga, aún así, los pecadores se convertirán y Dios será glorificado.


Vv. 54-59.Cristo quiere que la gente sea tan sabia en cuanto a los intereses de su alma como con los asuntos exteriores. Que se apresuren a tener paz con Dios antes que sea demasiado tarde. Si un hombre halla que Dios está contra él por sus pecados, invoque a Dios en Cristo que reconcilia el mundo consigo mismo. Mientras estemos vivos estamos en el camino y ahora es nuestra oportunidad.



Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Copyright © 1960 by American Bible Society

Comentario Bíblico de Matthew Henry

Autor: Matthew Henry, Traducido al castellano por Francisco la Cueva, Copyright © Spanish House Ministries | Unilit




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