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Comentario Bíblico de Matthew Henry
Job 9

1. Respondió Job, y dijo:

2. Ciertamente yo sé que es así; ¿Y cómo se justificará el hombre con Dios?

3. Si quisiere contender con él, No le podrá responder a una cosa entre mil.

4. El es sabio de corazón, y poderoso en fuerzas; ¿Quién se endureció contra él, y le fue bien?

5. El arranca los montes con su furor, Y no saben quién los trastornó;

6. El remueve la tierra de su lugar, Y hace temblar sus columnas;

7. El manda al sol, y no sale; Y sella las estrellas;

8. El solo extendió los cielos, Y anda sobre las olas del mar;

9. El hizo la Osa, el Orión y las Pléyades, Y los lugares secretos del sur;

10. El hace cosas grandes e incomprensibles, Y maravillosas, sin número.

11. He aquí que él pasará delante de mí, y yo no lo veré; Pasará, y no lo entenderé.

12. He aquí, arrebatará; ¿quién le hará restituir? ¿Quién le dirá: ¿Qué haces?

13. Dios no volverá atrás su ira, Y debajo de él se abaten los que ayudan a los soberbios.

14. ¿Cuánto menos le responderé yo, Y hablaré con él palabras escogidas?

15. Aunque fuese yo justo, no respondería; Antes habría de rogar a mi juez.

16. Si yo le invocara, y él me respondiese, Aún no creeré que haya escuchado mi voz.

17. Porque me ha quebrantado con tempestad, Y ha aumentado mis heridas sin causa.

18. No me ha concedido que tome aliento, Sino que me ha llenado de amarguras.

19. Si habláremos de su potencia, por cierto es fuerte; Si de juicio, ¿quién me emplazará?

20. Si yo me justificare, me condenaría mi boca; Si me dijere perfecto, esto me haría inicuo.

21. Si fuese íntegro, no haría caso de mí mismo; Despreciaría mi vida.

22. Una cosa resta que yo diga: Al perfecto y al impío él los consume.

23. Si azote mata de repente, Se ríe del sufrimiento de los inocentes.

24. La tierra es entregada en manos de los impíos, Y él cubre el rostro de sus jueces. Si no es él, ¿quién es? ¿Dónde está?

25. Mis días han sido más ligeros que un correo; Huyeron, y no vieron el bien.

26. Pasaron cual naves veloces; Como el águila que se arroja sobre la presa.

27. Si yo dijere: Olvidaré mi queja, Dejaré mi triste semblante, y me esforzaré,

28. Me turban todos mis dolores; Sé que no me tendrás por inocente.

29. Yo soy impío; ¿Para qué trabajaré en vano?

30. Aunque me lave con aguas de nieve, Y limpie mis manos con la limpieza misma,

31. Aún me hundirás en el hoyo, Y mis propios vestidos me abominarán.

32. Porque no es hombre como yo, para que yo le responda, Y vengamos juntamente a juicio.

33. No hay entre nosotros árbitro Que ponga su mano sobre nosotros dos.

34. Quite de sobre mí su vara, Y su terror no me espante.

35. Entonces hablaré, y no le temeré; Porque en este estado no estoy en mí.

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Job 9

Vv. 1-13.Job declara en esta respuesta que no duda de la justicia de Dios, al negar que es un hipócrita, porque, ¿cómo podría el hombre ser justo ante Dios? Ante Él se declara culpable de más pecados que los que se pueden contar; y si Dios contendiera con él enjuiciándolo, él no podría justificar ni siquiera uno de los millares de todos los pensamientos, palabras y acciones de su vida; por tanto, merece algo peor que todos sus sufrimientos actuales. Cuando Job menciona la sabiduría y el poder de Dios, olvida sus quejas. No somos aptos para juzgar los procedimientos de Dios, porque no sabemos qué hace ni qué concibe. Dios actúa con un poder que ninguna criatura puede resistir. Los que piensan que tienen fuerzas suficientes para ayudar a otros, no podrán ayudarse a sí mismos contra eso.


Vv. 14-21.Job sigue siendo justo ante sus propios ojos, capítulo xxxii, 1, y esta respuesta, aunque establece el poder y la majestad de Dios, implica que la cuestión entre el afligido y el Señor de la providencia es cuestión de poder y no de derecho; y así empezamos a descubrir los malos frutos del orgullo y del espíritu de justicia propia. Job empieza a manifestar una disposición a condenar a Dios, para justificarse él, por lo cual después es reprobado. Job sabía tanto de sí mismo que no se atrevía a enfrentar un juicio. Si decimos que no tenemos pecados, no sólo nos engañamos a nosotros mismos, sino afrentamos a Dios, porque pecamos al decir eso, y acusamos de mentirosa a la Escritura. Pero Job reflexiona sobre la bondad y justicia de Dios, al decir que su aflicción era sin causa.


Vv. 22-24.Job toca brevemente el punto principal en debate. Sus amigos sostienen que los rectos y buenos, siempre prosperan en este mundo. Nadie sino el malo está en la miseria y aflicción: por el contrario, dice que es cosa común que el malo prospere y que el recto sea afligido. Pero hay demasiada pasión en lo que Job dice aquí, porque Dios no aflige voluntariamente. Cuando el espíritu está encendido con el debate o con el descontento, tenemos que poner guarda en nuestros labios.


Vv. 25-35.¡Qué poca necesidad tenemos de pasatiempos y qué gran necesidad de redimir el tiempo, cuando corre tan veloz hacia la eternidad! ¡Cuán vanos los placeres temporales, los cuales podemos perder por completo mientras el tiempo sigue su marcha! El recuerdo de haber cumplido con nuestro deber siempre será grato después; pero no será así el recuerdo de haber tenido riqueza mundana, cuando todo se pierde y se acaba. La queja de Job en cuanto a Dios, como que no puede apaciguarse y no podía dejar de ser duro, era el lenguaje de su corrupción. Hay un Mediador, un Intermediario, un Árbitro para nosotros, el amado Hijo de Dios que adquirió la paz para nosotros con la sangre de su cruz, que es capaz de salvar a todos los que vienen a Dios por medio de Él. Si confiamos en su nombre, nuestros pecados serán enterrados en las profundidades del mar, seremos lavados de toda nuestra inmundicia y hechos más blancos que la nieve, de modo que nadie pueda cargar nada a nuestra cuenta. Seremos vestidos con las túnicas de la justicia y la salvación, adornados con las gracias del Espíritu Santo, y presentados intachables ante la presencia de su gloria, con gozo supremo. Aprendamos la diferencia entre justificarnos a nosotros mismos, y a ser así justificados por el mismo Dios. Que el alma tempestuosa considere a Job, y se fije en que los demás han pasado este abismo espantoso; y aunque les parezca difícil creer que Dios los oye o los libra, aun así Él reprendió la tormenta y los llevó al puerto deseado. Resistid al diablo; no déis lugar a los pensamientos malos acerca de Dios, ni a las conclusiones desesperadas sobre vosotros mismos. Acudid a aquel que invita al cansado y cargado, al que promete que de ninguna manera los echará afuera.



Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Copyright © 1960 by American Bible Society

Comentario Bíblico de Matthew Henry

Autor: Matthew Henry, Traducido al castellano por Francisco la Cueva, Copyright © Spanish House Ministries | Unilit



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