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Comentario Bíblico de Matthew Henry
Isaías 33

1. ¡Ay de ti, que saqueas, y nunca fuiste saqueado; que haces deslealtad, bien que nadie contra ti la hizo! Cuando acabes de saquear, serás tú saqueado; y cuando acabes de hacer deslealtad, se hará contra ti.

2. Oh Jehová, ten misericordia de nosotros, a ti hemos esperado; tú, brazo de ellos en la mañana, sé también nuestra salvación en tiempo de la tribulación.

3. Los pueblos huyeron a la voz del estruendo; las naciones fueron esparcidas al levantarte tú.

4. Sus despojos serán recogidos como cuando recogen orugas; correrán sobre ellos como de una a otra parte corren las langostas.

5. Será exaltado Jehová, el cual mora en las alturas; llenó a Sion de juicio y de justicia.

6. Y reinarán en tus tiempos la sabiduría y la ciencia, y abundancia de salvación; el temor de Jehová será su tesoro.

7. He aquí que sus embajadores darán voces afuera; los mensajeros de paz llorarán amargamente.

8. Las calzadas están deshechas, cesaron los caminantes; ha anulado el pacto, aborreció las ciudades, tuvo en nada a los hombres.

9. Se enlutó, enfermó la tierra; el Líbano se avergonzó, y fue cortado; Sarón se ha vuelto como desierto, y Basán y el Carmelo fueron sacudidos.

10. Ahora me levantaré, dice Jehová; ahora seré exaltado, ahora seré engrandecido.

11. Concebisteis hojarascas, rastrojo daréis a luz; el soplo de vuestro fuego os consumirá.

12. Y los pueblos serán como cal quemada; como espinos cortados serán quemados con fuego.

13. Oíd, los que estáis lejos, lo que he hecho; y vosotros los que estáis cerca, conoced mi poder.

14. Los pecadores se asombraron en Sion, espanto sobrecogió a los hipócritas. ¿Quién de nosotros morará con el fuego consumidor? ¿Quién de nosotros habitará con las llamas eternas?

15. El que camina en justicia y habla lo recto; el que aborrece la ganancia de violencias, el que sacude sus manos para no recibir cohecho, el que tapa sus oídos para no oír propuestas sanguinarias; el que cierra sus ojos para no ver cosa mala;

16. éste habitará en las alturas; fortaleza de rocas será su lugar de refugio; se le dará su pan, y sus aguas serán seguras.

17. Tus ojos verán al Rey en su hermosura; verán la tierra que está lejos.

18. Tu corazón imaginará el espanto, y dirá: ¿Qué es del escriba? ¿qué del pesador del tributo? ¿qué del que pone en lista las casas más insignes?

19. No verás a aquel pueblo orgulloso, pueblo de lengua difícil de entender, de lengua tartamuda que no comprendas.

20. Mira a Sion, ciudad de nuestras fiestas solemnes; tus ojos verán a Jerusalén, morada de quietud, tienda que no será desarmada, ni serán arrancadas sus estacas, ni ninguna de sus cuerdas será rota.

21. Porque ciertamente allí será Jehová para con nosotros fuerte, lugar de ríos, de arroyos muy anchos, por el cual no andará galera de remos, ni por él pasará gran nave.

22. Porque Jehová es nuestro juez, Jehová es nuestro legislador, Jehová es nuestro Rey; él mismo nos salvará.

23. Tus cuerdas se aflojaron; no afirmaron su mástil, ni entesaron la vela; se repartirá entonces botín de muchos despojos; los cojos arrebatarán el botín.

24. No dirá el morador: Estoy enfermo; al pueblo que more en ella le será perdonada la iniquidad.

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Isaías 33

Vv. 1-14.Aquí tenemos al destructor soberbio y falso justamente tenido en cuenta por todo su fraude y violencia. El Dios justo suele pagar a los pecadores con su propia moneda. Los que por fe esperan humildemente en Dios, hallarán que los trata con gracia; como el día, así será la fuerza. Si Dios nos deja solos cualquier mañana, somos deshechos; cada mañana debemos encomendarnos a Él y seguir adelante en su poder para hacer la obra del día. Cuando Dios se levanta se dispersan sus enemigos. La sabiduría y el conocimiento verdadero guían a la fuerza de la salvación que nos hace constantes en los caminos de Dios; y la piedad verdadera es el único tesoro que nunca puede ser saqueado o gastado. Se describe la angustia que Jerusalén se estaba acarreando. El tiempo de Dios para comparecer en favor de su pueblo es cuando fallan todas las demás ayudas. Todos los que oigan lo que Dios ha hecho, reconozcan que todo lo puede hacer. Los pecadores de Sion tendrán mucho por qué responder, más que los demás pecadores. Los que se rebelan contra los mandamientos de la palabra no pueden hallar su consuelo en los momentos de necesidad. Su ira quemará eternamente a los que se hacen pasto para ella. Es un fuego que nunca será sofocado ni se extinguirá; es la ira del Dios eterno que hace presa en la conciencia del alma que nunca muere.


Vv. 15-24.El creyente verdadero vela contra todas las ocasiones de pecado. El poder divino lo mantiene a salvo y su fe en ese poder lo conserva en paz. Nada necesario le falta. Toda bendición de salvación la da gratuitamente a todos los que piden con oración humilde y en fe; y el creyente está a salvo en el tiempo y por la eternidad. Los que andan rectamente no sólo recibirán pan regalado y tendrán asegurada el agua; por fe, verán al Rey de reyes en su belleza, la belleza de la santidad. El recuerdo del terror en que estuvieron será agregado al placer de su liberación. Deseable es estar quietos en nuestras casas, pero mucho más es estar tranquilos en la casa de Dios; en toda época Cristo tendrá una simiente que le sirva. Jerusalén no tenía un río que la surcara, pero la presencia y el poder de Dios compensan todas las necesidades. Tenemos todo en Dios, todo lo que necesitamos o podemos necesitar. Por fe tomamos a Cristo como nuestro Príncipe y Salvador; Él reina sobre su pueblo redimido. Todos los que rehusen a tenerlo a Él reinando sobre ellos, hacen zozobrar su alma. La enfermedad la quita por misericordia, cuando el fruto de ella es quitar el pecado. Si se quita la iniquidad, tenemos poca razón para quejarnos de la aflicción externa. Este último versículo guía nuestros pensamientos, no sólo al estado más glorioso de la Iglesia del evangelio en la tierra, sino al cielo donde no pueden entrar la enfermedad ni la aflicción. El que borra nuestras transgresiones sanará nuestras almas.



Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Copyright © 1960 by American Bible Society

Comentario Bíblico de Matthew Henry

Autor: Matthew Henry, Traducido al castellano por Francisco la Cueva, Copyright © Spanish House Ministries | Unilit



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