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Comentario Bíblico de Matthew Henry
Hechos 2

1. Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.

2. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;

3. y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.

4. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

5. Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo.

6. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.

7. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?

8. ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?

9. Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia,

10. en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos,

11. cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.

12. Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?

13. Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto.

14. Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

15. Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día.

16. Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

17. Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños;

18. Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.

19. Y daré prodigios arriba en el cielo, Y señales abajo en la tierra, Sangre y fuego y vapor de humo;

20. El sol se convertirá en tinieblas, Y la luna en sangre, Antes que venga el día del Señor, Grande y manifiesto;

21. Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

22. Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis;

23. a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole;

24. al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.

25. Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido.

26. Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, Y aun mi carne descansará en esperanza;

27. Porque no dejarás mi alma en el Hades, Ni permitirás que tu Santo vea corrupción.

28. Me hiciste conocer los caminos de la vida; Me llenarás de gozo con tu presencia.

29. Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.

30. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono,

31. viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.

32. A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

33. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.

34. Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra,

35. Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.

36. Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

37. Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

38. Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

39. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

40. Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

41. Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.

42. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.

43. Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.

44. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas;

45. y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno.

46. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,

47. alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.

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Hechos 2

Vv. 1-4.No podemos olvidar con cuánta frecuencia, aunque su Maestro estaba con ellos, hubo discusiones entre los discípulos sobre cuál sería el más grande, pero ahora todas esas discordias habían terminado. Habían orado juntos más que antes. Si deseamos que el Espíritu sea derramado sobre nosotros desde lo alto, tengamos unanimidad. Pese a las diferencias de sentimientos e intereses, como las había entre esos discípulos, pongámonos de acuerdo para amarnos unos a otros, porque donde los hermanos habitan juntos en unidad, ahí manda el Señor su bendición. Un viento recio llegó con mucha fuerza. Esto era para significar las influencias y la obra poderosa del Espíritu de Dios en las mentes de los hombres, y por medio de ellos, en el mundo. De esta manera, las convicciones del Espíritu dan lugar a sus consolaciones; y las ráfagas recias de ese viento bendito preparan el alma para sus céfiros suaves y amables. Hubo una apariencia de algo como llamas de fuego, que iluminó a cada uno de ellos, según lo que Juan el Bautista decía de Cristo: Él os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. El Espíritu, como fuego, derrite el corazón, quema la escoria, y enciende afectos piadosos y devotos en el alma, en la cual, como el fuego del altar, se ofrecen los sacrificios espirituales. Fueron llenos del Espíritu Santo más que antes. Fueron llenos de las gracias del Espíritu, y más que antes, puestos bajo su influencia santificadora; más separados de este mundo, y más familiarizados con el otro. Fueron llenos más con las consolaciones del Espíritu, se regocijaron mas que antes en el amor de Cristo y la esperanza del cielo: en eso fueron sorbidos todos sus temores y sus penas. Fueron llenos de los dones del Espíritu Santo; tuvieron poderes milagrosos para el avance del evangelio. Hablaron, no de pensamientos o meditaciones previos, sino como el Espíritu les daba que hablasen.


Vv. 5-13.La diferencia de lenguas que surgió en Babel ha estorbado mucho la difusión del conocimiento y de la religión. Los instrumentos que el Señor empleó primero para difundir la religión cristiana, no podrían haber progresado sin este don, lo cual probó que su autoridad era de Dios.


Vv. 14-21.El sermón de Pedro muestra que estaba completamente recuperado de su caída y cabalmente restaurado al favor divino; porque el que había negado a Cristo, ahora lo confesaba osadamente. Su relato del derramamiento milagroso del Espíritu Santo estaba concebido para estimular a sus oyentes a que abrazaran la fe de Cristo y se unieran a su Iglesia. Fue cumplimiento de la Escritura y fruto de la resurrección y ascensión de Cristo, y prueba de ambos. Aunque Pedro estaba lleno del Espíritu Santo y hablaba en lenguas conforme el Espíritu le daba que hablase, no pensó en dejar de lado las Escrituras. Los sabios de Cristo nunca aprenden más que su Biblia; y el Espíritu es dado, no para suprimir las Escrituras, sino para capacitarnos para entenderlas, aprobarlas y obedecerlas. Con toda seguridad nadie escapará a la condenación del gran día salvo los que invocan el nombre del Señor, en y por medio de su Hijo Jesucristo, como el Salvador de pecadores, y el Juez de toda la humanidad.


Vv. 22-36.A partir de este don del Espíritu Santo, Pedro les predica a Jesús: y he aquí la historia de Cristo. Hay aquí un relato de su muerte y sus sufrimientos, que ellos presenciaron unas pocas semanas antes. Su muerte es considerada como acto de Dios y de maravillosa gracia y sabiduría. De manera que la justicia divina debe ser satisfecha, Dios y el hombre reunidos de nuevo, y Cristo mismo glorificado, conforme al consejo eterno que no puede ser modificado. En cuanto al acto de la gente; fue un acto de pecado y necedad horrendos en ellos. La resurrección de Cristo suprime el reproche de su muerte; Pedro habla mucho de esto. Cristo era el Santo de Dios, santificado y puesto aparte para su servicio en la obra de redención. Su muerte y sufrimiento deben ser la entrada a una vida bendecida para siempre jamás, no sólo para Él sino para todos los suyos. Este hecho tuvo lugar según estaba profetizado y los apóstoles fueron testigos. La resurrección no se apoyó sobre esto solo; Cristo había derramado dones milagrosos e influencias divinas sobre sus discípulos, y ellos fueron testimonio de sus efectos. Mediante el Salvador se dan a conocer los caminos de la vida y se nos exhorta a esperar la presencia de Dios y su favor para siempre. Todo esto surge de la creencia segura que Jesús es el Señor y el Salvador ungido.


Vv. 37-41.Desde la primera entrega del mensaje divino se vio que en él había poder divino; miles fueron llevados a la obediencia de la fe. Pero ni las palabras de Pedro ni el milagro presenciado pudieron producir tales efectos si no se hubiera dado el Espíritu Santo. Cuando los ojos de los pecadores son abiertos, no pueden sino sentir remordimiento de corazón por el pecado, no pueden menos que sentir una inquietud interior. El apóstol les exhorta a arrepentirse de sus pecados y confesar abiertamente su fe en Jesús como el Mesías, y ser bautizados en su nombre. Así, pues, profesando su fe en Él, iban a recibir la remisión de sus pecados, y a participar de los dones y gracias del Espíritu Santo. Separarse de la gente impía es la única manera de salvarnos de ellos. Los que se arrepienten de sus pecados y se entregan a Jesucristo, deben probar su sinceridad desembarazándose de los impíos. Debemos salvarnos de ellos, lo cual supone evitarlos con horror y santo temor. Por gracia de Dios tres mil personas aceptaron la invitación del evangelio. No puede haber duda que el don del Espíritu Santo, que todos recibieron, y del cual ningún creyente verdadero ha sido jamás exceptuado, era ese Espíritu de adopción, esa gracia que convierte, guía y santifica, la cual se da a todos los miembros de la familia de nuestro Padre celestial. El arrepentimiento y la remisión de pecados aún se predican a los principales de los pecadores en el nombre del Redentor; el Espíritu Santo aún sella la bendición en el corazón del creyente; aun las promesas alentadoras son para nosotros y para nuestros hijos; y aún se ofrecen las bendiciones a todos los que están lejos.


Vv. 42-47.En estos versículos tenemos la historia de la iglesia verdaderamente primitiva, de sus primeros tiempos; su estado de verdadera infancia, pero, como aquel, su estado de mayor inocencia. Se mantuvieron cerca de las ordenanzas santas y abundaron en piedad y devoción; porque el cristianismo, una vez que se admite en su poder, dispone el alma a la comunión con Dios en todas esas formas establecidas para que nos encontremos con Él, y en que ha prometido reunirse con nosotros. La grandeza del suceso los elevó por sobre del mundo, y el Espíritu Santo los llenó con tal amor que hizo que cada uno fuera para otro como para sí mismo, y, de este modo, hizo que todas las cosas fueran en común, sin destruir la propiedad, sino suprimiendo el egoísmo y provocando el amor. Dios que los movió a ello, sabía que ellos iban a ser rápidamente echados de sus posesiones en Judea. El Señor, de día en día, inclinaba más los corazones a abrazar el evangelio; no simples profesantes, sino los que eran realmente llevados a un estado de aceptación ante Dios, siendo partícipes de la gracia regeneradora. Los que Dios ha designado para la salvación eterna, serán eficazmente llevados a Cristo hasta que la tierra sea llena del conocimiento de su gloria.



Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Copyright © 1960 by American Bible Society

Comentario Bíblico de Matthew Henry

Autor: Matthew Henry, Traducido al castellano por Francisco la Cueva, Copyright © Spanish House Ministries | Unilit


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