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Comentario Bíblico de Matthew Henry
Deuteronomio 2

1. Luego volvimos y salimos al desierto, camino del Mar Rojo, como Jehová me había dicho; y rodeamos el monte de Seir por mucho tiempo.

2. Y Jehová me habló, diciendo:

3. Bastante habéis rodeado este monte; volveos al norte.

4. Y manda al pueblo, diciendo: Pasando vosotros por el territorio de vuestros hermanos los hijos de Esaú, que habitan en Seir, ellos tendrán miedo de vosotros; mas vosotros guardaos mucho.

5. No os metáis con ellos, porque no os daré de su tierra ni aun lo que cubre la planta de un pie; porque yo he dado por heredad a Esaú el monte de Seir.

6. Compraréis de ellos por dinero los alimentos, y comeréis; y también compraréis de ellos el agua, y beberéis;

7. pues Jehová tu Dios te ha bendecido en toda obra de tus manos; él sabe que andas por este gran desierto; estos cuarenta años Jehová tu Dios ha estado contigo, y nada te ha faltado.

8. Y nos alejamos del territorio de nuestros hermanos los hijos de Esaú, que habitaban en Seir, por el camino del Arabá desde Elat y Ezión-geber; y volvimos, y tomamos el camino del desierto de Moab.

9. Y Jehová me dijo: No molestes a Moab, ni te empeñes con ellos en guerra, porque no te daré posesión de su tierra; porque yo he dado a Ar por heredad a los hijos de Lot.

10. (Los emitas habitaron en ella antes, pueblo grande y numeroso, y alto como los hijos de Anac.

11. Por gigantes eran ellos tenidos también, como los hijos de Anac; y los moabitas los llaman emitas.

12. Y en Seir habitaron antes los horeos, a los cuales echaron los hijos de Esaú; y los arrojaron de su presencia, y habitaron en lugar de ellos, como hizo Israel en la tierra que les dio Jehová por posesión.)

13. Levantaos ahora, y pasad el arroyo de Zered. Y pasamos el arroyo de Zered.

14. Y los días que anduvimos de Cades-barnea hasta cuando pasamos el arroyo de Zered fueron treinta y ocho años; hasta que se acabó toda la generación de los hombres de guerra de en medio del campamento, como Jehová les había jurado.

15. Y también la mano de Jehová vino sobre ellos para destruirlos de en medio del campamento, hasta acabarlos.

16. Y aconteció que después que murieron todos los hombres de guerra de entre el pueblo,

17. Jehová me habló, diciendo:

18. Tú pasarás hoy el territorio de Moab, a Ar.

19. Y cuando te acerques a los hijos de Amón, no los molestes, ni contiendas con ellos; porque no te daré posesión de la tierra de los hijos de Amón, pues a los hijos de Lot la he dado por heredad.

20. (Por tierra de gigantes fue también ella tenida; habitaron en ella gigantes en otro tiempo, a los cuales los amonitas llamaban zomzomeos;

21. pueblo grande y numeroso, y alto, como los hijos de Anac; a los cuales Jehová destruyó delante de los amonitas. Estos sucedieron a aquéllos, y habitaron en su lugar,

22. como hizo Jehová con los hijos de Esaú que habitaban en Seir, delante de los cuales destruyó a los horeos; y ellos sucedieron a éstos, y habitaron en su lugar hasta hoy.

23. Y a los aveos que habitaban en aldeas hasta Gaza, los caftoreos que salieron de Caftor los destruyeron, y habitaron en su lugar.)

24. Levantaos, salid, y pasad el arroyo de Arnón; he aquí he entregado en tu mano a Sehón rey de Hesbón, amorreo, y a su tierra; comienza a tomar posesión de ella, y entra en guerra con él.

25. Hoy comenzaré a poner tu temor y tu espanto sobre los pueblos debajo de todo el cielo, los cuales oirán tu fama, y temblarán y se angustiarán delante de ti.

26. Y envié mensajeros desde el desierto de Cademot a Sehón rey de Hesbón con palabras de paz, diciendo:

27. Pasaré por tu tierra por el camino; por el camino iré, sin apartarme ni a diestra ni a siniestra.

28. La comida me venderás por dinero, y comeré; el agua también me darás por dinero, y beberé; solamente pasaré a pie,

29. como lo hicieron conmigo los hijos de Esaú que habitaban en Seir, y los moabitas que habitaban en Ar; hasta que cruce el Jordán a la tierra que nos da Jehová nuestro Dios.

30. Mas Sehón rey de Hesbón no quiso que pasásemos por el territorio suyo; porque Jehová tu Dios había endurecido su espíritu, y obstinado su corazón para entregarlo en tu mano, como hasta hoy.

31. Y me dijo Jehová: He aquí yo he comenzado a entregar delante de ti a Sehón y a su tierra; comienza a tomar posesión de ella para que la heredes.

32. Y nos salió Sehón al encuentro, él y todo su pueblo, para pelear en Jahaza.

33. Mas Jehová nuestro Dios lo entregó delante de nosotros; y lo derrotamos a él y a sus hijos, y a todo su pueblo.

34. Tomamos entonces todas sus ciudades, y destruimos todas las ciudades, hombres, mujeres y niños; no dejamos ninguno.

35. Solamente tomamos para nosotros los ganados, y los despojos de las ciudades que habíamos tomado.

36. Desde Aroer, que está junto a la ribera del arroyo de Arnón, y la ciudad que está en el valle, hasta Galaad, no hubo ciudad que escapase de nosotros; todas las entregó Jehová nuestro Dios en nuestro poder.

37. Solamente a la tierra de los hijos de Amón no llegamos; ni a todo lo que está a la orilla del arroyo de Jaboc ni a las ciudades del monte, ni a lugar alguno que Jehová nuestro Dios había prohibido.

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Deuteronomio 2

Vv. 1-7.Sólo se da un breve relato de la larga permanencia de Israel en el desierto. Dios no sólo los castigó por su murmuración e incredulidad; también los preparó para Canaán: Los humilló por pecar, enseñándoles a mortificar sus lujurias, a seguir a Dios y consolarse en Él. Aunque Israel tenga que estar por mucho tiempo a la espera de liberación y prosperidad, ellas al fin llegarán. Antes que Dios llevara a Israel a destruir a sus enemigos en Canaán, les enseñó a perdonar a sus enemigos en Edom. No debían pensar, bajo el pretexto del pacto y conducta de Dios, en apropiarse de todo cuanto pudieran echar mano. El dominio no se funda en la gracia. El Israel de Dios será bien puesto, pero no debe esperar ser puesto solo en medio de la tierra. La religión nunca debe ser un manto para la injusticia. Desdeñad el sentiros obligados con los edomitas, cuando tenéis un Dios todo suficiente del cual dependéis. Usad lo que tengáis, usadlo con alegría. Puesto que habéis tenido la experiencia del cuidado de la providencia divina, nunca uséis métodos retorcidos para vuestro abastecimiento. Todo esto ha de aplicarse por igual a la experiencia del creyente.


Vv. 8-23.Tenemos el origen de los moabitas, edomitas y amonitas. Moisés también proporciona un caso más antiguo que cualquiera de ellos: los caftoreos echaron a los aveos de su territorio. Estas revoluciones muestran cuán inseguras son las pertenencias mundanas. Así fue antaño y así será siempre. Las familias declinan y su fortuna se trasladan a familias que prosperan; tan poca continuidad hay en esas cosas. Esto queda escrito para animar a los hijos de Israel. Si la providencia de Dios ha hecho esto por moabitas y amonitas, mucho más hará su promesa por Israel, su pueblo peculiar. Se les advierte que no se metan con los moabitas ni amonitas. No se debe hacer daño ni siquiera a los impíos. Dios da y preserva las bendiciones externas para los impíos; estas no son las cosas mejores, pues Él tiene cosas mejores aún reservadas para sus hijos.


Vv. 24-37.Dios prueba a su pueblo prohibiéndoles entrometerse con los ricos países de Moab y Amón. Les da la tierra de los amorreos como posesión. Si nosotros nos abstenemos de los que Dios prohíbe, no perderemos por obedecer. De Jehová es la tierra y su plenitud; Él la da a quien le place; pero cuando no hay una expresión directa, nadie puede rogar que Él conceda esos bienes. Aunque Dios asegura a los israelitas que la tierra será de ellos, no obstante tienen que contender con el enemigo. Debemos esforzarnos para obtener lo que Dios nos da. ¡Qué mundo nuevo era aquel al que ahora entra Israel! De mayor gozo será el cambio que las almas santas experimentarán cuando pasen del desierto de este mundo a la patria mejor, esto es, la celestial, a la ciudad que tiene fundamentos. Que al reflexionar en los tratos de Dios con Israel, su pueblo, seamos guiados a meditar en los años de nuestra vanidad, a causa de nuestras transgresiones. Pero bienaventurados los que Jesús ha librado de la ira venidera; a quien haya dado el fervor de su Espíritu en su corazón. Su herencia no la pueden afectar las revoluciones de los reinos, ni los cambios de las posesiones terrenales.



Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Copyright © 1960 by American Bible Society

Comentario Bíblico de Matthew Henry

Autor: Matthew Henry, Traducido al castellano por Francisco la Cueva, Copyright © Spanish House Ministries | Unilit



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