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Comentario Bíblico de Matthew Henry
Apocalipsis 3

1. Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto.

2. Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios.

3. Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti.

4. Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas.

5. El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.

6. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

7. Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre:

8. Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.

9. He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado.

10. Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra.

11. He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.

12. Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.

13. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

14. Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto:

15. Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente!

16. Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.

17. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.

18. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.

19. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.

20. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

21. Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.

22. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

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Apocalipsis 3

Vv. 1-6.El Señor Jesús es el que tiene al Espíritu Santo con todos sus poderes, gracias y operaciones. La hipocresía y un lamentable deterioro de la religión son los pecados de que acusa a Sardis, Aquel que conocía bien a esa iglesia y todas sus obras. Las cosas externas parecían bien a los hombres, pero ahí había sólo la forma de la piedad, no el poder; un nombre que vive, pero no un principio de vida. Había gran mortandad en sus almas y en sus servicios; cantidades que eran totalmente hipócritas, otros que estaban viviendo en forma desordenada y muerta. Nuestro Señor los llamó a ponerse alertas contra sus enemigos y activos, y fervientes en sus deberes; y a proponerse, dependiendo de la gracia del Espíritu Santo, a revivir y fortalecer la fe y los afectos espirituales de los aún vivos para Dios, aunque en decadencia. Perdemos terreno cada vez que bajamos la guardia. Tus obras son huecas y vacías; las oraciones no están llenas de santos deseos, las limosnas no son obras llenas de caridad verdadera, los días de reposo no están llenos de devoción del alma adecuada para Dios. No hay afectos internos adecuados para los actos y expresiones externas; cuando falta el espíritu, la forma no permanece por mucho tiempo. Al procurar un avivamiento en nuestra alma o en las de otros, debemos comparar lo que profesamos con la manera en que vivimos, para ser humillados y vivificados y tomar firmemente lo que queda. Cristo enfatiza con una temible amenaza su consejo, si fuera despreciado. Sin embargo, nuestro amado Señor no deja a estos pecadores sin algo de aliento. Hace una honrosa mención del remanente fiel de Sardis, formula una promesa de gracia para ellos. El que venza será vestido con vestiduras blancas; la pureza de la gracia será recompensada con la pureza perfecta de la gloria. Cristo tiene su libro de la vida, un registro de todos los que heredarán la vida eterna; el libro de memorias de todos los que viven para Dios, y mantienen la vida y el poder de la piedad en los malos tiempos. Cristo sacará este libro de la vida y mostrará los nombres de los fieles, ante Dios, y ante todos los ángeles en el gran día.


Vv. 7-13.El mismo Señor Jesús tiene la llave del gobierno y autoridad en la Iglesia y sobre ella. Abre una puerta de oportunidad a sus iglesias; abre una puerta de predicación a sus ministros; abre una puerta de entrada, abre el corazón. Él cierra la puerta del cielo al necio que se duerme en el día de la gracia; y a los hacedores de iniquidad, por vanos y confiados que sean. Elogia a la iglesia de Filadelfia, pero con un suave reproche. Aunque Cristo acepta un poco de fuerza los creyentes, no deben, sin embargo, quedar satisfechos con un poquito, sino esforzarse para crecer en gracia, para ser fuertes en la fe, dando gloria a Dios. Cristo puede descubrir este, su favor, a su pueblo, de modo que sus enemigos se vean forzados a reconocerlo. Por la gracia de Cristo esto ablandará a sus enemigos y les hará desear ser admitidos a la comunión con su pueblo. Cristo promete preservar la gracia en las épocas de mayor prueba, como premio por la fidelidad pasada: al que tiene le será dado. Los que sostienen el evangelio en una época de paz, serán sostenidos por Cristo en la hora de la tentación, y la misma gracia divina que los ha hecho fructificar en tiempos de paz, los hará fieles en los tiempos de persecución. Cristo promete una gloriosa recompensa al creyente victorioso. Él será un pilar monumental del templo de Dios; un monumento a la poderosa gracia gratuita de Dios; un monumento que nunca será borrado ni quitado. Sobre este pilar será escrito el nombre nuevo de Cristo; por esto se manifestará bajo quien dio el creyente la buena batalla, y salió victorioso.


Vv. 14-22.Laodicea era la última y la peor de las siete iglesias de Asia. Aquí nuestro Señor Jesús se presenta a sí como “el Amén”: uno constante e inmutable en todos sus propósitos y promesas. Si la religión vale algo, lo vale todo. Cristo espera que los hombres sean fervorosos. ¡Cuántos hay que profesan la doctrina del evangelio y no son fríos ni calientes! Salvo que sean indiferentes en las cosas necesarias, y calientes y fieros en los debates de cosas de menor importancia. Se promete un severo castigo. Ellos darán una falsa impresión del cristianismo como si fuera una religión impía, mientras otros concluirán que no permite una satisfacción real, de lo contrario sus profesantes no pondrían tan poco corazón en ella, o no estarían tan dispuestos a buscar placer o felicidad en el mundo. Una causa de esta indiferencia e incoherencia en la religión es el orgullo y el engaño de sí mismo: “Porque dices”. ¡Qué diferencia hay entre lo que ellos piensan de sí mismos y lo que Cristo piensa de ellos! ¡Cuánto cuidado debemos tener para no engañar a nuestra propia alma! En el infierno hay muchos que pensaron que iban bien adelantados en el camino al cielo. Roguemos a Dios que no seamos entregados a halagarnos y engañarnos. Los profesantes se enorgullecieron a medida que se ponían carnales y formales. El estado de ellos era miserable de por sí. Eran pobres; realmente pobres cuando decían y pensaban que eran ricos. No podían ver su estado, su camino ni su peligro, pero pensaban que los veían. No tenían el manto de la justificación ni de la santificación: estaban desnudos al pecado y a la vergüenza; la justicia de ellos no era sino trapo de inmundicias; trapos que no los cubrirían; trapos de inmundicia que los contaminaban. Estaban desnudos, sin casa ni techo, porque estaban sin Dios, el Único en quien puede el alma hallar reposo y seguridad. Cristo aconsejó bien a esta gente pecadora. Dichosos son los que aceptan su consejo, porque todos los que no los aceptan deben perecer en sus pecados. Cristo les deja saber dónde pueden tener verdaderas riquezas y cómo pueden tenerlas. Deben dejar algunas cosas, pero nada de valor; y esto es sólo para dar lugar a recibir riquezas verdaderas. Abandónese el pecado y la confianza en sí mismo, para que pueda ser llenado con su tesoro oculto. Tienen que recibir de Cristo ese ropaje blanco que Él compró y proveyó para ellos: Su propia justicia imputada para justificación, y las vestiduras de la santidad y la santificación. Que ellos se entreguen a su palabra y a su Espíritu, y sus ojos serán abiertos para que vean su camino y su final. Examinémonos por la regla de su palabra y oremos con fervor por la enseñanza de su Espíritu Santo para que quite nuestra soberbia, los prejuicios y las concupiscencias carnales. Los pecadores debieran tomar las reprensiones de la palabra y de la vara de Dios como señales de su amor por sus almas. Cristo quedó afuera; llama por los tratos de su providencia, las advertencias y las enseñanzas de su palabra y la obra de su Espíritu. Cristo, con su palabra y Espíritu, y por gracia, aún sigue viniendo a la puerta del corazón de los pecadores. Los que le abran disfrutarán de su presencia. Si los que encuentre sirven sólo para una pobre fiesta, lo que Él trae la hará rica. Él dará una nueva provisión de gracia y consuelos. En la conclusión se halla la promesa para el creyente vencedor. El mismo Cristo tuvo tentaciones y conflictos; los venció a todos y fue más que vencedor. Los que son como Cristo en sus pruebas, serán hechos como Él en gloria. Todo termina con el pedido de atención general. Estos consejos, aunque aptos para las iglesias a los cuales se dirigieron, son profundamente interesantes para todos los hombres.



Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Copyright © 1960 by American Bible Society

Comentario Bíblico de Matthew Henry

Autor: Matthew Henry, Traducido al castellano por Francisco la Cueva, Copyright © Spanish House Ministries | Unilit