x

Bibliatodo Comentarios

Anuncios


Comentario Bíblico Mundo Hispano
Mateo 16

1. Y LLEGÁNDOSE los Fariseos y los Saduceos, tentando, le pedían que les mostrase señal del cielo.

2. Mas él respondiendo, les dijo: Cuando es la tarde del día, decís: Buen tiempo hará; porque el cielo tiene arreboles.

3. Y a la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo triste. Hipócritas, que sabéis hacer diferencia en la faz del cielo; ¿y en las señales de los tiempos no podéis?

4. La generación mala y adulterina demanda señal; mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás el profeta. Y dejándoles se fué.

5. Y venidos sus discípulos a la otra parte del lago, se habían olvidado de tomar pan.

6. Y Jesús les dijo: Mirád, y guardáos de la levadura de los Fariseos, y de los Saduceos.

7. Y ellos pensaban dentro de sí, diciendo: Esto es porque no tomámos pan.

8. Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Qué pensáis dentro de vosotros, hombres de poca fé, que no tomasteis pan?

9. ¿No entendéis aun, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil varones, y cuántos esportones tomasteis?

10. ¿Ni de los siete panes entre cuatro mil, y cuántas espuertas tomasteis?

11. ¿Cómo? ¿No entendéis que no por el pan os dije, que os guardaséis de la levadura de los Fariseos, y de los Saduceos?

12. Entónces entendieron que no les había dicho que se guardasen de levadura de pan, sino de la doctrina de los Fariseos, y de los Saduceos.

13. Y viniendo Jesús a las partes de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?

14. Y ellos dijeron: Unos: Juan el Bautista; y otros: Elías; y otros: Jeremías, o alguno de los profetas.

15. Díceles él: ¿Y vosotros, quién decís que soy?

16. Y respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

17. Entónces respondiendo Jesús, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

18. Y yo también te digo, que tú eres Pedro; y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.

19. Y a tí daré las llaves del reino de los cielos; que todo lo que ligares en la tierra, será ligado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra, será desatado en los cielos.

20. Entónces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo.

21. Desde aquel tiempo comenzó Jesús a declarar a sus discípulos, que convenía ir él a Jerusalem, y padecer muchas cosas de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercero día.

22. Y Pedro, tomándole aparte, comenzó a reprenderle, diciendo: Señor, ten compasión de ti: en ninguna manera esto te acontezca.

23. Entónces él volviéndose, dijo a Pedro: Quítate de delante de mí, Satanás: escándalo me eres; porque no entiendes lo que es de Dios, sino lo que es de los hombres.

24. Entónces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

25. Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, la hallará.

26. Porque, ¿de qué aprovecha al hombre, si grangeare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O, qué recompensa dará el hombre por su alma?

27. Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles; y entónces pagará a cada uno conforme a sus obras.

28. De cierto os digo, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del hombre viniendo en su reino.

×
Mateo 16

7 Una advertencia en cuanto a los líderes religiosos, 16:1-12 En esta sección Jesús se enfrenta con la oposición unida de parte de los fariseos y saduceos, quienes demandan una señal especial (vv. 1-4). Luego se encara con la falta de fe y discernimiento espiritual de parte de los discípulos (vv. 5-12). (1) Jesús advierte a los fariseos y saduceos, 16:1-4. Esta es la primera vez que los fariseos se unen con los saduceos para atacar a Jesús. Hay seis referencias en Mateo a la unión de estos dos grupos (3:7; 16:1, 6, 11, 12; 22:34), cuatro de las cuales se encuentran en este capítulo. Sin embargo, hubo solamente tres ocasiones distintas cuando se unen, dos de ellas para enfrentarse con Jesús. Aparentemente Mateo no tiene tanto interés en las diferencias entre estos dos grupos, aunque había muchas y grandes. Lo que le interesa, sí, es el hecho de que eran los líderes religiosos del pueblo y que se oponían a Jesús. Su unión fue momentánea y con un propósito definido: el de destruir a Jesús. En el texto griego hay un solo artículo definido ante los dos grupos, indicando cierta clase de unión entre los dos. Aprovecharon el regreso de Jesús del lado oriental del mar de Galilea, ocupado mayormente por gentiles, a Magdala (15:39), en la orilla occidental. Su estadía en las regiones de Magdala, territorio de Herodes y ocupado mayormente por judíos, fue muy breve, probablemente de uno o dos días. Los escribas y fariseos habían demandado una señal a Jesús anteriormente (12:38), pero ahora son los fariseos y saduceos. La intención es la misma: tentarle. Y la respuesta de Jesús es la misma: negar su petición. El término griego usado puede traducirse “probándole” (ver la interpretación en 4:1), pero el contexto determina que su propósito era malo. Habían visto ya muchas señales, o milagros, pero aquí piden una clase especial: una señal del cielo. Señal del cielo (v. 1) puede significar una “señal en el cielo”, o una “señal claramente obrada desde el cielo”. Moisés había dado “pan del cielo” a los israelitas en el desierto (Joh 6:30-31); Josué hizo parar el sol y la luna en su órbita (Jos 10:12-13); Elías llamó fuego del cielo para consumir el altar de Baal (1Ki 18:36-38); Isaías hizo volver la sombra diez grados atrás (2Ki 20:10). Orígenes sostuvo que algunos judíos pensaban que las señales en la tierra eran obra de Beelzebul (comp. 12:24). Este texto de 2b y 3 quizá proviene de Luk 2:54-56. Los fariseos y saduceos tenían mucha habilidad para pronosticar el tiempo por las señales en el cielo, pero eran incapaces de discernir las señales de los tiempos. Tiempos (v. 3) es la traducción del término griego kairós G2540. En el griego hay dos términos para “tiempo”. Crónos G5550, del cual proviene “cronología”, se refiere al correr del tiempo (segundos, minutos, horas, días, años). En cambio, kairós G2540 se refiere a momentos muy especiales, decisivos, estratégicos, apropiados y oportunos. El ministerio de Jesús, sus milagros y especialmente su cruz y resurrección, constituyen los “tiempos (kairoí G2540) de Dios”. Son precisamente estos tiempos que no sabían discernir. Jesús clasifica a los líderes religiosos como generación malvada y adúltera (v. 4), porque pedían una señal que obligaría la fe. Pero tal “fe” dejaría de ser fe cristiana, fe que agrada a Dios. Habían oído y visto abundantes evidencias de que Jesús era el Hijo de Dios. El concepto de una “generación adúltera” se usa a menudo en el AT para referirse a la infidelidad espiritual. Jehová se consideraba como el “esposo” de su pueblo. Si el pueblo seguía a un dios pagano, se consideraba como un acto adúltero. Los fariseos y saduceos, pretendiendo servir a Jehová, realmente estaban sirviendo a otros dioses ajenos y paganos. Mateo cita dos veces esta advertencia solemne de Jesús (Luk 12:39; Luk 16:4), de que la única señal que tendrían sería la de Jonás. Es una señal que les sería dada en el futuro y seguramente se refiere a la resurrección de la muerte al tercer día. Los fariseos creían en la resurrección de los justos en el día final, pero los saduceos negaban la realidad de la vida futura. Jonás predicó solamente un mensaje de juicio, pero los ninivitas se arrepintieron. Sin embargo, uno mayor que Jonás estaba en ese lugar (Luk 12:41), y no se arrepintieron. Por lo tanto, el juicio sobre los líderes religiosos sería mucho mayor (ver sobre 12:38-42). Al pronunciar esta advertencia, Jesús los dejó (comp. los entregó, Rom 1:24, Rom 1:26, Rom 1:28). Las señales de los tiempos La señal, o el milagro, es un indicio de una intervención divina especial y que aparentemente afectaría el desarrollo natural de las cosas. Es Dios interviniendo en el mundo. Es un obrar personal que depende de su exclusiva voluntad. En principio denota una prueba innegable de su divinidad. La señal en sí misma no tiene mérito alguno; no es intención de Dios obrar por obrar o sin propósito alguno. Tampoco se trata de satisfacer a insatisfechos como los fariseos y saduceos. (Comp. 16:1.) Pero algo notable en los milagros de Jesucristo es su carácter humanitario. Siempre responde a una necesidad de las personas. Esto es lo contradictorio en los religiosos en la época de Jesús, que siempre buscaron ver algo espectacular y a quienes jamás les interesó la intervención divina a través de los milagros para ayudar a la gente. Prefirieron una señal del tiempo meteorológico antes que una señal de ayuda al prójimo. (2) Jesús reprende la falta de fe de los discípulos, 16:5-12. Habiendo dejado a los líderes religiosos, Jesús inicia el cuarto y último retiro con los discípulos. Este retiro, el más importante, los llevaría otra vez a un territorio gentil, lejos de la jurisdicción de Herodes y de la crítica acérrima de los líderes religiosos. Jesús tendría oportunidad de instruir a los discípulos sin interrupciones. Este retiro tendría una duración de varias semanas, quizá meses, y se relata en un pasaje extendido (16:5-17:20). Cuando dejaron las regiones de Magdala (15:39; comp. 16; 4b), se fueron en una barca a la otra orilla, hacia el noreste. Marcos (8:22) identifica el lugar como Betsaida (Julias) Después fueron a Cesarea de Filipo. Los discípulos se olvidaron de llevar pan. Cuando Jesús les exhortó de guardarse de la levadura de los fariseos y de los saduceos (v. 6), los discípulos pensaban que se refería a su negligencia de traer comida. Jesús aprovecha para enseñarles dos lecciones valiosas: (1) hay una relación estrecha entre el discernimiento espiritual y la fe y (2) Dios es fiel para proveer para los suyos. La levadura, en este pasaje, tiene el significado bíblico normal, refiriéndose a la impureza o corrupción espiritual (comp. Exo 34:25; Lev 2:11; 1Co 5:6-7). Jesús quería dar una aplicación figurada, pero ellos lo entendieron en el sentido literal. Hombres de poca fe (v. 8) es la traducción de una sola palabra compuesta en griego ( G3640A). Literalmente, sería pocafehombres o los de poca fe. La poca fe en Dios lleva a dos faltas importantes en la vida espiritual: (1) falta de capacidad para entender, o discernir, verdades espirituales y (2) falta de confianza en la provisión de Dios para nuestras necesidades. Esta falta de confianza en Dios produce ansiedad innecesaria en los discípulos. Jesús les recuerda de su provisión para las necesidades físicas de sus seguidores cuando multiplicó los panes y peces en dos ocasiones. Jesús mismo aclara que la alimentación de los cinco mil hombres y de los cuatro mil son dos ocasiones distintas, aunque parecidas. Mirad y guardaos (v. 6) son dos imperativos del tiempo presente que significan acción continua. Son mandatos de alerta (mirad) y de acción (guardaos). El creyente debe estar alerta en todo momento para discernir las influencias malas en su derredor y guardarse para evitar la intromisión de ellas en su vida. IX UN PERIODO DE INSTRUCCION EN CUANTO AL REINO Y LA MUERTE DEL REY, 16:13--20:34 Esta sección constituye una de las más importantes en el Evangelio. Jesús está a unos seis meses de la cruz. Había muchas cosas más que quería enseñar a los discípulos, pero previamente sería necesario verificar la comprensión de los discípulos en cuanto a su identidad. 1 La confesión de Pedro, 16:13-20 Jesús conduce a los discípulos a reconocer su identidad divina y anuncia la institución de la iglesia que él vino a establecer, dos temas vitalmente relacionados. La confesión de Pedro y la respuesta de Jesús, indicando cómo fundaría su iglesia y la cruz como el camino del triunfo, marcan el punto clave en los tres sinópticos. Sintéticamente, el evangelio es la proclamación de lo que Dios ha hecho en la persona de Jesús, que culminó en su muerte, resurrección y ascensión, e incorporado en su pueblo redimido que ha creado y que está creando, la iglesia. El lugar de este gran acontecimiento fue las regiones de Cesarea de Filipo (v. 13). Esta población estaba ubicada en el punto del extremo norte de Palestina, a unos 35 km. del mar de Galilea, a poca distancia de Dan, al lado de una de las dos fuentes que alimentan el Jordán. Este pueblo tenía una elevación de más de 300 m. sobre el nivel del mar Mediterráneo y estaba cerca de la base del monte Hermón. Herodes el Grande edificó aquí un templo de mármol blanco, en honor de Augusto César. Luego Felipe, el tetrarca, amplió la construcción y le puso el nombre “Cesarea” en honor del emperador Tiberio. Para distinguirlo de la Cesarea sobre el mar Mediterráneo, lo llamaron Cesarea de Filipo. Los habitantes eran en su mayoría paganos. Aunque el propósito principal de Jesús era de instruir en privado a los discípulos, no rehusó sanar a los enfermos (17:14; Mar 8:22-26). Habiendo establecido la importancia del pasaje, la ubicación geográfica y la descripción de los habitantes de Cesarea de Filipo, vemos que Jesús somete a sus discípulos a dos preguntas de suma importancia. Las preguntas tienen el propósito de determinar hasta qué punto los discípulos estaban al tanto de la opinión pública en cuanto a la identidad de Jesús. Más importante: Jesús quería saber hasta qué punto los mismos discípulos habían captado su verdadera naturaleza. Para ser mensajeros eficaces en el reino de Dios, es necesario estar en contacto íntimo con la gente a la cual pretendemos ministrar. Es necesario saber cómo piensan sobre una serie de temas, pero especialmente cómo piensan en cuanto al Hijo del Hombre (v. 13). Esta fue la primera pregunta de Jesús. Los discípulos presentaron cuatro opiniones populares. Primero, el Hijo del Hombre sería Juan el Bautista (v. 14) resucitado de la muerte (comp. 14:2). Hubo una relación muy estrecha entre ambos, y ambos jugaron un papel importante en el comienzo del reino de Dios. Pero también había grandes diferencias como Tasker señala: Juan preparó a los hombres para recibir el reino de Dios en su corazón, pero Jesús inició el reino en el mundo por su ministerio, muerte y resurrección. Juan se paró en los umbrales del reino, pero Jesús fue la puerta por medio de la cual los hombres entran en el reino. Segundo, algunos opinaban que el Hijo del Hombre sería Elías (v. 14) resucitado, según la interpretación literal de una de las profecías (Mal 4:5). Ambos eran hombres fuertes en la oración, ambos realizaron muchas obras sobrenaturales y ambos lucharon contra las religiones falsas. Sin embargo, las conquistas de Elías fueron en la esfera de lo físico y con armas físicas, mientras que Jesús utilizó solamente armas espirituales. En vez de derramar sangre de otros, derramó su propia sangre. Elías vaciló ante la amenaza de Jezabel, pero Jesús afirmó su rostro para ir a la cruz y no vaciló. Tercero, otros pensaban que Jesús era la reaparición del profeta Jeremías (v. 14). Ambos denunciaron la maldad y corrupción de su día, y ambos fueron perseguidos y sufrieron injustamente. Sin embargo, Jeremías solamente anunció la creación de un nuevo pacto en el futuro, por medio del cual los hombres obtendrían el perdón de sus pecados (Jer 31:31). Jesús mismo realizó el nuevo pacto por el derramamiento de su sangre (Jer 26:28). Cuarto, otros entendían que Jesús sería la reaparición de uno de los venerados profetas del AT, sin especificar cuál de ellos (comp. v. 14; Luk 7:16; Joh 6:14). Tasker observa que las distintas opiniones en cuanto a la identidad de Jesús tienen dos cosas en común: (1) Lo identifican con una figura del pasado, en vez de reconocerlo como una persona única y suprema; (2) las opiniones contenían medias verdades peligrosas y engañosas. Jesús se asemejaba a las personas mencionadas, pero trascendía a todas ellas. La Epístola a los Hebreos establece la superioridad de Jesús a todas las personas e instituciones del AT. La única categoría que satisface la persona de Jesús es la que los discípulos emplearon: el Cristo (v. 16), es decir, el Mesías. La segunda pregunta de Jesús fue dirigida a los discípulos en forma enfática y personal. Literalmente sería: Y vosotros, ¿quién me decís ser? Es importante saber lo que otros opinan en cuanto a Jesús, pero el discípulo aprobado para representar a Jesús en el mundo debe tener una convicción personal en cuanto a la identidad de su Señor. En la primera pregunta, varios de los discípulos contestaron, pero en esta ocasión solamente Pedro, el vocero del grupo, contesta. Los sinópticos registran las palabras de Pedro con algunas diferencias verbales, pero con un acuerdo básico: ¡Tú eres el Cristo! (Mar 8:29); ¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente! (Mat 16:16); y El Cristo de Dios (Luk 9:20). Esta variedad de expresiones indica que no existía una fórmula “ortodoxa” y reconocida universalmente. Sin embargo, las tres expresiones emplean la palabra clave: el Cristo, o sea el Mesías. Este título reconocía que Jesús es el ungido por Dios para reinar sobre el universo y en los corazones de sus súbditos. (Ver el significado de “Cristo” en 1:1.) Del Dios viviente (v. 16b) llama la atención a dos verdades solemnes: (1) En contraste con los dioses paganos muertos, Jesús era Hijo del único Dios que vive eternamente; (2) en contraste con los dioses paganos inoperantes, el Dios del Mesías obra activamente en los asuntos de los hombres. Se revela por medio de sus obras, a la vez poderosas y misericordiosas. Cabe la pregunta: ¿Hay algo nuevo en esta confesión? ¿Es la primera vez que los discípulos habían reconocido que Jesús era el Hijo de Dios? Contestamos que sí y que no. En el comienzo de su ministerio terrenal, Jesús fue reconocido como el Mesías por Felipe (Joh 1:41). En el mismo tiempo, Natanael lo identificó como el Hijo de Dios (Joh 1:49). Más adelante, en el bautismo de Jesús, los discípulos escucharon la voz del cielo que decía: Este es mi Hijo amado (Joh 3:17). Los discípulos clamaron ¡Verdaderamente eres Hijo de Dios! (Joh 14:33) después de ver a Jesús caminar sobre el agua. La confesión en Cesarea de Filipo es distinta a las anteriores en dos sentidos: (1) Es la contestación a una pregunta directa y personal hecha por Jesús, y (2) es una respuesta madura y meditada. En las ocasiones anteriores, las confesiones habían sido espontáneas e impulsivas. Respondiendo a la confesión de Pedro, Jesús pronuncia una bendición y una aclaración (v. 17). Jesús acepta la confesión de Pedro como acertada ya se lo declara bienaventurado (ver el significado del término en 5:3 ss.; comp. 11:6; 13:16). El nombre griego Simón (v. 17) probablemente es la contracción del nombre hebreo “Simeón” que significa “oye”, “oyendo” (Gen 29:33). Simón era de Betsaida (Joh 1:44), un poblado cerca del mar de Galilea, y su padre era Jonás. Algunos traductores hacen una transliteración del nombre como “BarJonás”, que significa hijo de Jonás (v. 17b). Jesús aclara que la percepción espiritual demostrada por Simón en la confesión no era el resultado de una deducción natural y humana, de carne y sangre, sino que era el resultado de una revelación del Padre Celestial (v. 17). No había base de jactancia, ni de sentirse superior a los demás. Fue un acto de gracia de parte de Dios. Dios había favorecido a Simón en este particular, y por eso era un hombre dichoso. La Biblia no abre sus secretos a la ciencia pura, sino a la fe comprometida. Por otro lado, la devoción de fe requiere la disciplina del método científico. A continuación, Jesús anuncia la formación de la única institución que él estableció, explica el papel que los discípulos tendrían en la edificación de la iglesia y promete la victoria final de ella sobre todas las fuerzas del mal. En estos tres versículos (18-20) encontramos a lo menos cuatro expresiones que merecen una atención especial: Sobre esta roca, mi iglesia, las puertas del Hades y las llaves del reino. Sobre esta roca. Pocos pasajes despiertan una controversia tan apasionada como éste: Tu eres Pedro (pétros G4074 ) y sobre esta roca (pétra G4073)... Pedro (pétros G4074) es el sustantivo griego que significa “piedra”. El equivalente en arameo es “cefas”. Jesús predijo, cuando Simón se presentó por primera vez: Tú eres Simón... Tú serás llamado Cefas —que significa piedra (Joh 1:42b). Fue una promesa de lo que llegaría a ser, por la gracia de Dios. Simón no tenía la firmeza de una roca al principio, pero llegó a tener esa característica después de Pentecostés (Hech. 3:11-4:22). Este tipo de cambio es lo que Cristo quiere hacer en la vida de todo creyente. No importa tanto lo que uno “es” cuando se enfrenta con Cristo, como lo que “llegará a ser”. Algunos opinan que el juego de palabras en griego es significativo. Tu eres Pedro (pétros G4074), que significa una piedra pequeña, y sobre esta roca (pétra G4073) edificaré mi iglesia. Pétros es masculino y se usa cuando se refiere a un hombre. En cambio, pétra es femenino y se refiere a una roca grande. Sin embargo, debemos recordar que Jesús enseñaba en arameo, y en ese idioma no hay tal diferencia entre los términos para piedra y roca. Puesto que Mateo escuchó personalmente el discurso, probablemente hizo esta distinción en griego porque entendió que tal fue el intento de Jesús. Si aceptamos esta opinión, quizá Jesús estaría diciendo que edificaría su iglesia sobre una roca grande y sólida, compuesta de muchas “piedras” representadas por Pedro. Es imposible determinar con precisión el antecedente del término pétra (roca), sobre la cual Cristo prometió establecer su iglesia. Las distintas posibilidades son: Pedro mismo, la fe de Pedro, la confesión de Pedro, Cristo mismo, o una combinación de algunos de estos. Los teólogos primitivos y modernos se han inclinado, unos para una interpretación y otros para otra. La Iglesia Católica Romana, en la cuna de su formación, a partir del siglo II, ha elaborado una serie de dogmas que pretenden demostrar que Pedro fue el primer papa. El texto bíblico clave que los teólogos católicos han utilizado para sostener la autoridad y sucesión apostólicas de Pedro es precisamente esta respuesta de Jesús a la confesión de Pedro. Sin embargo, pocos intérpretes no católicos sostienen que el antecedente de esta roca (v. 18) sea Pedro mismo, como persona. No es probable que Jesús se refiera a Pedro, como persona, pues Mateo usa el sustantivo femenino (sobre esta roca) cuando traduce al griego lo que Jesús dijo en arameo. Si fuera como dicen los católicos, la construcción más correcta sería así: “Tu eres pétros y sobre este pétros edificaré...”, o “Tu eres pétros y sobre ti edificaré...” Aunque reconocemos que Pedro ocupa una posición prominente entre los apóstoles, tanto en los Evangelios, como en el Libro de los Hechos, en ninguna parte se le da el honor de ser, como persona, la base sobre la cual Jesús edificó su iglesia. Es más probable que el antecedente sea la fe o la confesión de Pedro, como representante de los demás apóstoles y luego, como representante de todos los verdaderos seguidores de Cristo. Sobre la fe y la confesión de hombres como Pedro, Jesús podría edificar su iglesia. Es más natural entender que Jesús se dirija a Pedro (tú eres Pedro) y luego diga algo referente a él (Sobre esta roca). Muchos comentaristas adoptan esta posición (comp. Eph 2:19-20; Apoc. 21:14). El comentarista Broadus presenta una discusión amplia sobre cada una de las posiciones, señalando los argumentos a favor y en contra. Hay otros intérpretes que sostienen que el antecedente es Cristo mismo. Sin lugar a duda, en última instancia, Cristo es la base, o la roca, sobre la cual se edifica la iglesia. Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo (1Co 3:11; comp. 1Co 10:4). Pero parece que el énfasis en este pasaje es otro. Sería una confusión de figuras o símbolos decir: “Yo edificaré mi iglesia sobre esta roca, que es mi persona.” En tal caso, Jesús sería el edificador y la base sobre la cual se edifica. Edificaré mi iglesia (v. 18). La segunda expresión que merece una atención especial es la promesa de Jesús de crear una institución que sería la agencia divina para extender su reino. No perdamos de vista que Jesús mismo es el que edifica la iglesia. Los creyentes son llamados para participar en la tarea pero el que hace la obra es Dios (1Co 3:5-9). Mi es enfático. En el texto griego dice: Edificaré de mi la iglesia. A veces hablamos de “mi iglesia”, o “nuestra iglesia”, pero en última instancia Jesús es el dueño, pues él la compró con su sangre (Eph 5:25). El término “iglesia” se encuentra aquí por primera vez. Jesús lo utilizó solamente dos veces (comp. 18:17), pero se encuentra un total de unas 115 veces en el NT. El término “iglesia” es la transliteración del término griego eklesía G1577, que significa “los llamados afuera”. En el mundo secular se refería a la “asamblea política y democrática” de las ciudades libres en el Imperio Romano. Así se usa dos veces en el NT (Act 19:32, Act 19:39). Eklesía es equivalente al término hebreo qahal G6951 que se utilizaba para referirse a la “asamblea” o “congregación” del pueblo de Israel, bajo el reinado teocrático de Dios (comp. Act 7:38; Heb 2:12). El término eklesía se usa en dos sentidos en el NT para referirse a la iglesia de Cristo. Se refiere a la iglesia universal, invisible (Heb 16:18), es decir, a los creyentes en todo el mundo. En la vasta mayoría de las referencias (unas 92 de las 115 veces) se refiere a la iglesia local. En este sentido Jesús la emplea en su enseñanza sobre la disciplina cristiana (Heb 18:17). A veces se citan Act 9:31 y 1Ti 3:15 para apoyar el uso moderno del término “iglesia” para referirse a una denominación, o a una iglesia regional. Sin embargo, es dudable que una correcta interpretación lleve a esa clasificación. Dos conclusiones son bien claras: (1) Jesús utilizó el término para referirse a la iglesia local y a la iglesia universal; (2) el uso más frecuente es a la iglesia local. La iglesia que Jesús fundó es esencialmente un compañerismo (koinonía G2842) de creyentes en Cristo, unidos por la experiencia común de la gracia de Dios, por su compromiso con Cristo y por su misión en el mundo. No es tanto una organización, como lo es un organismo vivo, un cuerpo en el cual habita el Espíritu de Cristo. El gobierno de la iglesia debe ser democrático en el sentido de que todos los miembros tendrán el privilegio de participar con voz y voto. También, su gobierno es teocrático en el sentido de que Cristo es la cabeza y cada miembro debe estar sometido al señorío de Cristo en su vida y decisiones. Es cierto que Jesús mismo no fundó ninguna iglesia local en particular, pero los apóstoles, especialmente el apóstol Pablo, entendieron que su misión era la de fundar núcleos de creyentes en todo el mundo, llamándolos iglesias. Las iglesias de Cristo deben ser siempre fieles a ese compromiso misionero. Las puertas del Hades no prevalecerán contra ella (v. 18). En esta expresión Jesús aseguró a los discípulos de la permanencia de la iglesia mientras exista el mundo. Como hemos visto arriba, Hades G86 significa “lugar no visible”. El equivalente en el hebreo es Seol G7585 y se refería generalmente a la tumba (comp. Isa 38:10). En el NT frecuentemente el contexto determina que es sinónimo al término gehenna y se refiere al infierno. No prevalecerán significa que “no tendrán fuerza contra”, o “no se impondrán”. Parece ser que Jesús está prometiendo a los apóstoles que la tumba, o el infierno, no podrán resistir el avance, o el ataque, de la iglesia militante. En un sentido, la muerte y el infierno ya son el destino y tienen poder sobre los incrédulos. La iglesia tiene la misión gloriosa, proclamando el evangelio, de librar a los hombres de ese destino e introducirlos en el reino de Dios donde hay vida eterna. Hobbs entiende que se refiere, más bien, a los creyentes que han muerto y están en la tumba y que un día, según la promesa de Cristo, resucitarán, venciendo el poder de la tumba. Broadus considera que el significado más natural es que las puertas del Hades no se tragarán la iglesia. El fondo de esta expresión parece encontrarse en Isaías (Isa 28:15-18). Allí Isaías amonesta a los gobernantes de Jerusalén, quienes en su arrogancia habían hecho un pacto con la muerte para evitar que muriesen. El profeta pronuncia la palabra de Jehová, diciendo que ese pacto sería anulado y no serviría en el momento de la muerte. Por otro lado, Dios promete seguridad ante la amenaza de la muerte: He aquí que yo pongo como cimiento en Sion una piedra, una piedra probada. Una preciosa piedra angular es puesta como cimiento. El que crea no se apresure (Isa 28:16). Esta profecía se cumplió cabalmente en Cristo. Las llaves del reino (v. 19). Jesús continúa su diálogo con Pedro y le promete las llaves del reino. Las llaves simbolizan poder o autoridad. Evidentemente su intención era de darle a Pedro, como representante del grupo, las llaves. En 18:18 (comp. Joh 20:23), Jesús promete la misma autoridad a todos los apóstoles. En el cap. 16 la autoridad se refiere a la enseñanza, mientras que en el cap. 18 tiene que ver con la aplicación de disciplina en la iglesia. La Iglesia Católica Romana, contra esta evidencia bíblica, sostiene que las llaves fueron dadas a Pedro, “el primer papa” y que se traspasan de papa a papa a través de los siglos. “Atar” y “desatar” eran términos rabínicos para referirse a “prohibir” y “permitir”. Las llaves sirven para cerrar y abrir puertas. Las llaves del reino probablemente se refieren a la autoridad para abrir el reino a los que reúnen las condiciones para entrar: arrepentimiento y fe en Cristo. También se refieren a la autoridad de pronunciar cerradas las puertas a los que no reúnen estas condiciones. Pedro utilizó estas llaves con gran autoridad en el día de Pentecostés cuando proclamó el sermón y dio entrada a tres mil personas al reino de Dios. Los otros apóstoles y creyentes fieles de todos los siglos han utilizado la misma autoridad, las llaves del reino, para introducir millones en el reino de Dios. El texto griego tiene una construcción especial en este caso, llamada perifrástico del futuro perfecto pasivo como bien se muestra en nuestra traducción. Significa que el cielo no ratifica lo que el creyente dice o hace en la tierra, sino, al revés, que si el creyente proclama fielmente el evangelio, estará ratificando lo que ya está determinado en el cielo. El creyente puede decir a un incrédulo: “Mi buen amigo, en base a la Palabra de Dios, si tu reconoces tus pecados, los confiesas de corazón y confías que Jesús murió en la cruz por tus pecados, tus pecados serán perdonados y Dios te dará vida eterna.” El creyente tiene la autoridad de prometer perdón y salvación, si el incrédulo cumple las condiciones establecidas en la Palabra, es decir, en el cielo. Por otro lado, puede asegurar al incrédulo que si no reúne esas condiciones bíblicas, las puertas del reino le serán cerradas. En este sentido estaría permitiendo o prohibiendo la entrada en el cielo. Parece contradictorio que Jesús prohibiera a los discípulos utilizar las llaves en ese momento, que no dijesen a nadie que él era el Cristo (v. 20). Había aceptado la confesión de Pedro en cuanto a su identidad como el Cristo (v. 16), pero quería evitar que los discípulos publicasen esa verdad hasta después de su resurrección. Por un lado, quería evitar la confrontación con las autoridades judaicas y romanas antes del tiempo establecido por su Padre. Por otro lado, los apóstoles no estaban debidamente preparados para emplear correctamente las llaves del reino antes de Pentecostés, cuando recibirían la plenitud del Espíritu Santo. Pedro ante la roca En griego pétros es Pedro, y pétra es piedra o roca. Ahora bien, ¿qué importancia tenía para los judíos el significado de la palabra roca? La idea es que la roca sirve como refugio y protección. Su durabilidad y consistencia inspira seguridad. En Deu 32:4 se menciona a Dios como la Roca. El Salmo 18 lo exalta y alaba por cuanto él es el más alto escondite y protector. En 1Sa 2:2 se nos dice que no hay ninguna otra roca como Dios. Isaías refiriéndose al reinado mesiánico dice que habrá un rey como la sombra de un gran peñasco en una tierra sedienta (Isa 32:2). También de la roca puede surgir un manantial según Num 20:11. De ahí que el apóstol Pablo diga que todos bebieron de la roca que es Cristo (1Co 10:4). La roca es tan fuerte que no hay mejor cimiento para la construcción de una casa, (ver 7:24), o también una ciudad como las de Edom (Abd. 3), siendo la más conocida Petra o Sela. Por eso que la roca es símbolo de habitación o refugio, de abrigo, seguridad, durabilidad, fortaleza. De ahí vienen la relación de la roca con Dios. Toda vez que se hablaba de la roca, el judío pensaba inmediatamente en Dios y jamás en hombre alguno. En el NT sigue la misma idea pero ahora con referencia a Cristo. A Simón, hijo de Jonás, no se lo llamó Petros por su personalidad, sino porque sería una de las primeras piedras con las que el Señor construiría su iglesia. El mismo Pedro así lo interpreta (1Pe 2:4-5). 2 El rey predice por primera vez su muerte,1Pe 16:21-28 En esta sección Jesús anuncia su muerte y resurrección por primera vez, reprende a Pedro por su falta de discernimiento espiritual y pronuncia las condiciones para poder seguirlo. (1) Jesús anuncia su muerte y resurrección,1Pe 16:21-23. Jesús ya había insinuado que tendría que sufrir y morir, pero que resucitaría al tercer día. La señal de Jonás (1Pe 12:39-40; 1Pe 16:4) fue un anuncio encubierto de su destino. En este pasaje lo anuncia claramente. Faltaban seis meses para el cumplimiento de esta profecía. El tiempo corría rápidamente y Jesús comenzó a explicar este plan desde entonces (v. 21). Quiere decir que la confesión de Pedro de la identidad mesiánica de Jesús fue necesaria antes de que Jesús siguiera con las lecciones finales. Era necesario reconocer primero su identidad mesiánica, y luego Jesús aclararía la naturaleza de su papel mesiánico. Contrario a la expectativa popular y aun la de los discípulos (Act 1:6), no sería un rey político, ni libertador con ejércitos armados. Sería el “Siervo Sufriente” descrito por Isaías (53). Era preciso (dei G1163 ) es la traducción de un verbo impersonal que denota una necesidad moral, no una imposición ni obligación de afuera. Era la voluntad del Padre que fuera a Jerusalén y padeciera y fuera muerto, y resucitara al tercer día (comp. v. 21). La voluntad de Jesús estaba en perfecta armonía con la del Padre. La mención de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas (v. 21) se refiere al Sanedrín. El anuncio de Jesús cayó como una bomba sobre los discípulos, y Pedro no tardó en reaccionar. Jesús era el Cristo, sí, pero no el “Siervo Sufriente”, según pensaba Pedro. El discípulo reprende a su Maestro. Pretende saber mejor que él lo que era la voluntad de Dios. Pedro dijo literalmente: sea propicio (o favorable) a ti, pero se entiende que Pedro está implorando el favor de Dios sobre Jesús, o que Jesús mismo sea misericordioso consigo mismo. Pedro exclama literalmente: “No, no será a ti esto” (v. 22). Es una expresión fuerte con doble negación. Quizá Pedro estaba comprometiéndose a defender a Jesús ante los enemigos. En todo caso, no podía admitir la idea del sufrimiento y muerte de su Maestro. Jesús reprende a Pedro en los términos más categóricos. Detectó la mano de Satanás obrando por medio de uno de los líderes de entre sus seguidores, procurando desviarlo del camino de la cruz. Por los labios de Pedro, escuchó la misma voz que le había tentado en el comienzo de su ministerio (Act 4:1-11). Pedro, por revelación de Dios, confesó a Jesús como el Mesías. Ahora bajo la influencia de Satanás, estaba procurando estorbar el plan de Dios. Este hecho nos enseña la necesidad de mantener una dependencia de la dirección del Espíritu Santo en todo momento para revelarnos la voluntad de Dios. Posiblemente Pedro se infló de orgullo por la alabanza anterior de Jesús y perdió su comunicación con el Padre y por eso, el discernimiento espiritual. Tropiezo (v. 22) traduce el término griego skándalon G4625, del cual viene nuestra palabra “escándalo”. Antes Pedro era una piedra de bendición, pero ahora una piedra de tropiezo. En vez de pensar según la voluntad de Dios, bajo la influencia del Espíritu Santo, estaba pensando como los hombres carnales o incrédulos piensan. Tal actitud falible dista mucho de la supuesta infalibilidad atribuida a Pedro y sus “sucesores papales”. Verdades prácticas 1. ¿Qué es lo que impulsaba a Jesús hacia la cruz? ¡Su intenso amor por los pecadores! ¿Incluía a los principales sacerdotes y a los escribas? ¡Aun por los sacerdotes y escribas y también fariseos! Siempre que estén dispuestos a afiliarse a la larga lista de pecadores. 2. Jesús anuncia su muerte y victoria. Los discípulos se detienen pensando en la muerte; Jesús no deja de pensar en el triunfo, es decir, la resurrección (Act 16:21). 3. La piedra llamada Pedro, en vez de ser una roca de apoyo era una roca de tropiezo. Esto demuestra una vez más que los aciertos y los errores se alternan en la vida de los cristianos. Lo importante es no sentarnos sobre el fracaso sino hacer de ellos los escalones que nos conducen a una oportunidad más alta. (2) Condiciones para seguir a Jesús,Act 16:24-28. Pedro había reaccionado fuertemente ante la perspectiva de la muerte de Jesús. Ahora Jesús le enseña a Pedro, a los demás discípulos y a la multitud en general (Mar 8:34; Luk 9:23) una lección muy dolorosa: Seguir a Jesús significa seguir a un Jesús que será humillado, maltratado y crucificado. Jesús no encubrió a sus discípulos las demandas difíciles del discipulado (comp. 10:16-25), aun bajo riesgo de asustarlos, o ahuyentarlos (comp. Joh 6:66-69). El camino de la cruz sería literal para Jesús y para algunos de sus seguidores, pero para todos sería un principio de renuncia de sí mismos, de las cosas y del mundo. No se trata de renunciar a una o dos cosas, por más importantes que sean, sino la renuncia a las demandas egoístas de la vida. Sería un cambio radical de un ser egocéntrico a un ser Cristocéntrico. Se habla de la autopreservación como uno de los instintos más fundamentales del hombre, pero muchas veces se entiende como preservación del hombre natural o carnal (comp. 1 Cor. 2:14-3:1), como autoagrandamiento. Cristo no demanda la negación de la personalidad, sino que presenta el único camino para descubrir el verdadero ser y la verdadera libertad de la personalidad. Si alguno quiere... (v. 24) es la clave. Es condicional, es voluntaria, está abierta a todos, pero depende del querer de cada uno. Se trata de una oración condicional, de primera clase, que presume la realidad de la premisa. Jesús espera que toda persona razonable querrá seguirle. En el v. 24, Jesús presenta tres apelaciones, en forma de imperativos de mandato, a la voluntad de la persona que quiera ir en pos, o detrás, de él. Niéguese a sí mismo, tome su cruz son dos imperativos del tiempo aoristo que denotan acción decisiva, inmediata, puntual. La cruz es símbolo de muerte. Tome su cruz significa decidir morir a si mismo, decir que sí a Dios y no a sí mismo (comp. Rom 6:11). Los judíos estaban familiarizados con la práctica que establecía que el condenado a morir en la cruz tenía que “tomar su cruz” y llevarla a cuestas al sitio de la ejecución. En contraste, el tercer imperativo, sígame, es de tiempo presente que denota acción continuada, repetida. En efecto, Jesús dice que el que quiera seguirle debe adoptar una norma y actitud, en un momento dado, de negarse y tomar su cruz, pero que el seguirle es una acción que continúa el resto de la vida. Fue la acción tomada por Jesús en el momento de las tentaciones después de su bautismo y durante todo su vida terrenal. Jesús emplea dos paradojas para advertir a los apóstoles de las consecuencias de seguir el principio egocéntrico de la vida (v. 25). El que decida seguir el camino de la autopreservación, y así salvar su vida, la perderá, porque es una vida egocéntrica. En cambio, el que decide seguir en pos de Jesús, el que pierda su vida por causa de mi, descubrirá la vida en toda su plenitud, la vida Cristocéntrica. Obsérvese el énfasis en el querer: el que quiera salvar su vida... Otra vez depende de la voluntad de cada individuo. Jesús emplea dos preguntas que obligan a la reflexión y muestran la necedad de seguir el principio de la auto preservación en forma egoísta, acumulando cosas, inclusive el mundo entero (v. 26). En efecto está preguntando: ¿Qué cosa es de tanto valor que serviría como recompensa, o intercambio, por la pérdida del alma? En un negocio uno da algo y recibe algo. Es un mal negocio si lo que recibe es de poco o ningún valor en comparación con lo que entrega. ¡Es un muy mal negocio ganar todo el mundo y perder el alma! Jesús dice que el alma vale más que el mundo entero. Es un negocio “redondo” seguir fielmente a Cristo. El término griego psuché G5590 se refiere a la totalidad de la vida, física y espiritual. Puede traducirse como “vida”, o como “alma”. En la RVA el mismo término se traduce como “vida” (v. 25) y como “alma” (v. 26). En el primer caso, el énfasis está sobre la vida terrenal, pero en el siguiente sobre el destino del alma en el juicio final. Los dos versículos finales se refieren a un evento futuro del cual serían testigos oculares algunos de los oyentes. Literalmente, algunos no gustarán la muerte antes de suceder el evento. ¿A qué evento se refiere la venida del Hijo del Hombre? Podría referirse a su muerte y resurrección, al evento de Pentecostés, a la destrucción de Jerusalén (70 d. de J.C.), o a la Segunda Venida. Si fuera la Segunda Venida, Jesús estaría equivocado, pues todos murieron sin presenciarla. Descartamos estaposibilidad, pues Jesús es la verdad (Joh 14:6) y siempre habló la verdad. También hay otras posibilidades que caben. En un sentido real, Jesús triunfó y trajo juicio sobre el pecado del hombre en su muerte y resurrección. Este evento sería el cumplimiento más natural a la profecía. En la destrucción de Jerusalén, el Hijo del Hombre vino también en juicio sobre una nación rebelde. El destino final de cada uno se establece de acuerdo a su respuesta, sí o no, ante Jesús como Hijo de Dios y Salvador del mundo. En cambio, las recompensas se establecen de acuerdo con las obras de cada uno, muchas o pocas, buenas o malas.


7 Una advertencia en cuanto a los líderes religiosos, 16:1-12 En esta sección Jesús se enfrenta con la oposición unida de parte de los fariseos y saduceos, quienes demandan una señal especial (vv. 1-4). Luego se encara con la falta de fe y discernimiento espiritual de parte de los discípulos (vv. 5-12). (1) Jesús advierte a los fariseos y saduceos, 16:1-4. Esta es la primera vez que los fariseos se unen con los saduceos para atacar a Jesús. Hay seis referencias en Mateo a la unión de estos dos grupos (3:7; 16:1, 6, 11, 12; 22:34), cuatro de las cuales se encuentran en este capítulo. Sin embargo, hubo solamente tres ocasiones distintas cuando se unen, dos de ellas para enfrentarse con Jesús. Aparentemente Mateo no tiene tanto interés en las diferencias entre estos dos grupos, aunque había muchas y grandes. Lo que le interesa, sí, es el hecho de que eran los líderes religiosos del pueblo y que se oponían a Jesús. Su unión fue momentánea y con un propósito definido: el de destruir a Jesús. En el texto griego hay un solo artículo definido ante los dos grupos, indicando cierta clase de unión entre los dos. Aprovecharon el regreso de Jesús del lado oriental del mar de Galilea, ocupado mayormente por gentiles, a Magdala (15:39), en la orilla occidental. Su estadía en las regiones de Magdala, territorio de Herodes y ocupado mayormente por judíos, fue muy breve, probablemente de uno o dos días. Los escribas y fariseos habían demandado una señal a Jesús anteriormente (12:38), pero ahora son los fariseos y saduceos. La intención es la misma: tentarle. Y la respuesta de Jesús es la misma: negar su petición. El término griego usado puede traducirse “probándole” (ver la interpretación en 4:1), pero el contexto determina que su propósito era malo. Habían visto ya muchas señales, o milagros, pero aquí piden una clase especial: una señal del cielo. Señal del cielo (v. 1) puede significar una “señal en el cielo”, o una “señal claramente obrada desde el cielo”. Moisés había dado “pan del cielo” a los israelitas en el desierto (Joh 6:30-31); Josué hizo parar el sol y la luna en su órbita (Jos 10:12-13); Elías llamó fuego del cielo para consumir el altar de Baal (1Ki 18:36-38); Isaías hizo volver la sombra diez grados atrás (2Ki 20:10). Orígenes sostuvo que algunos judíos pensaban que las señales en la tierra eran obra de Beelzebul (comp. 12:24). Este texto de 2b y 3 quizá proviene de Luk 2:54-56. Los fariseos y saduceos tenían mucha habilidad para pronosticar el tiempo por las señales en el cielo, pero eran incapaces de discernir las señales de los tiempos. Tiempos (v. 3) es la traducción del término griego kairós G2540. En el griego hay dos términos para “tiempo”. Crónos G5550, del cual proviene “cronología”, se refiere al correr del tiempo (segundos, minutos, horas, días, años). En cambio, kairós G2540 se refiere a momentos muy especiales, decisivos, estratégicos, apropiados y oportunos. El ministerio de Jesús, sus milagros y especialmente su cruz y resurrección, constituyen los “tiempos (kairoí G2540) de Dios”. Son precisamente estos tiempos que no sabían discernir. Jesús clasifica a los líderes religiosos como generación malvada y adúltera (v. 4), porque pedían una señal que obligaría la fe. Pero tal “fe” dejaría de ser fe cristiana, fe que agrada a Dios. Habían oído y visto abundantes evidencias de que Jesús era el Hijo de Dios. El concepto de una “generación adúltera” se usa a menudo en el AT para referirse a la infidelidad espiritual. Jehová se consideraba como el “esposo” de su pueblo. Si el pueblo seguía a un dios pagano, se consideraba como un acto adúltero. Los fariseos y saduceos, pretendiendo servir a Jehová, realmente estaban sirviendo a otros dioses ajenos y paganos. Mateo cita dos veces esta advertencia solemne de Jesús (Luk 12:39; Luk 16:4), de que la única señal que tendrían sería la de Jonás. Es una señal que les sería dada en el futuro y seguramente se refiere a la resurrección de la muerte al tercer día. Los fariseos creían en la resurrección de los justos en el día final, pero los saduceos negaban la realidad de la vida futura. Jonás predicó solamente un mensaje de juicio, pero los ninivitas se arrepintieron. Sin embargo, uno mayor que Jonás estaba en ese lugar (Luk 12:41), y no se arrepintieron. Por lo tanto, el juicio sobre los líderes religiosos sería mucho mayor (ver sobre 12:38-42). Al pronunciar esta advertencia, Jesús los dejó (comp. los entregó, Rom 1:24, Rom 1:26, Rom 1:28). Las señales de los tiempos La señal, o el milagro, es un indicio de una intervención divina especial y que aparentemente afectaría el desarrollo natural de las cosas. Es Dios interviniendo en el mundo. Es un obrar personal que depende de su exclusiva voluntad. En principio denota una prueba innegable de su divinidad. La señal en sí misma no tiene mérito alguno; no es intención de Dios obrar por obrar o sin propósito alguno. Tampoco se trata de satisfacer a insatisfechos como los fariseos y saduceos. (Comp. 16:1.) Pero algo notable en los milagros de Jesucristo es su carácter humanitario. Siempre responde a una necesidad de las personas. Esto es lo contradictorio en los religiosos en la época de Jesús, que siempre buscaron ver algo espectacular y a quienes jamás les interesó la intervención divina a través de los milagros para ayudar a la gente. Prefirieron una señal del tiempo meteorológico antes que una señal de ayuda al prójimo. (2) Jesús reprende la falta de fe de los discípulos, 16:5-12. Habiendo dejado a los líderes religiosos, Jesús inicia el cuarto y último retiro con los discípulos. Este retiro, el más importante, los llevaría otra vez a un territorio gentil, lejos de la jurisdicción de Herodes y de la crítica acérrima de los líderes religiosos. Jesús tendría oportunidad de instruir a los discípulos sin interrupciones. Este retiro tendría una duración de varias semanas, quizá meses, y se relata en un pasaje extendido (16:5-17:20). Cuando dejaron las regiones de Magdala (15:39; comp. 16; 4b), se fueron en una barca a la otra orilla, hacia el noreste. Marcos (8:22) identifica el lugar como Betsaida (Julias) Después fueron a Cesarea de Filipo. Los discípulos se olvidaron de llevar pan. Cuando Jesús les exhortó de guardarse de la levadura de los fariseos y de los saduceos (v. 6), los discípulos pensaban que se refería a su negligencia de traer comida. Jesús aprovecha para enseñarles dos lecciones valiosas: (1) hay una relación estrecha entre el discernimiento espiritual y la fe y (2) Dios es fiel para proveer para los suyos. La levadura, en este pasaje, tiene el significado bíblico normal, refiriéndose a la impureza o corrupción espiritual (comp. Exo 34:25; Lev 2:11; 1Co 5:6-7). Jesús quería dar una aplicación figurada, pero ellos lo entendieron en el sentido literal. Hombres de poca fe (v. 8) es la traducción de una sola palabra compuesta en griego ( G3640A). Literalmente, sería pocafehombres o los de poca fe. La poca fe en Dios lleva a dos faltas importantes en la vida espiritual: (1) falta de capacidad para entender, o discernir, verdades espirituales y (2) falta de confianza en la provisión de Dios para nuestras necesidades. Esta falta de confianza en Dios produce ansiedad innecesaria en los discípulos. Jesús les recuerda de su provisión para las necesidades físicas de sus seguidores cuando multiplicó los panes y peces en dos ocasiones. Jesús mismo aclara que la alimentación de los cinco mil hombres y de los cuatro mil son dos ocasiones distintas, aunque parecidas. Mirad y guardaos (v. 6) son dos imperativos del tiempo presente que significan acción continua. Son mandatos de alerta (mirad) y de acción (guardaos). El creyente debe estar alerta en todo momento para discernir las influencias malas en su derredor y guardarse para evitar la intromisión de ellas en su vida. IX UN PERIODO DE INSTRUCCION EN CUANTO AL REINO Y LA MUERTE DEL REY, 16:13--20:34 Esta sección constituye una de las más importantes en el Evangelio. Jesús está a unos seis meses de la cruz. Había muchas cosas más que quería enseñar a los discípulos, pero previamente sería necesario verificar la comprensión de los discípulos en cuanto a su identidad. 1 La confesión de Pedro, 16:13-20 Jesús conduce a los discípulos a reconocer su identidad divina y anuncia la institución de la iglesia que él vino a establecer, dos temas vitalmente relacionados. La confesión de Pedro y la respuesta de Jesús, indicando cómo fundaría su iglesia y la cruz como el camino del triunfo, marcan el punto clave en los tres sinópticos. Sintéticamente, el evangelio es la proclamación de lo que Dios ha hecho en la persona de Jesús, que culminó en su muerte, resurrección y ascensión, e incorporado en su pueblo redimido que ha creado y que está creando, la iglesia. El lugar de este gran acontecimiento fue las regiones de Cesarea de Filipo (v. 13). Esta población estaba ubicada en el punto del extremo norte de Palestina, a unos 35 km. del mar de Galilea, a poca distancia de Dan, al lado de una de las dos fuentes que alimentan el Jordán. Este pueblo tenía una elevación de más de 300 m. sobre el nivel del mar Mediterráneo y estaba cerca de la base del monte Hermón. Herodes el Grande edificó aquí un templo de mármol blanco, en honor de Augusto César. Luego Felipe, el tetrarca, amplió la construcción y le puso el nombre “Cesarea” en honor del emperador Tiberio. Para distinguirlo de la Cesarea sobre el mar Mediterráneo, lo llamaron Cesarea de Filipo. Los habitantes eran en su mayoría paganos. Aunque el propósito principal de Jesús era de instruir en privado a los discípulos, no rehusó sanar a los enfermos (17:14; Mar 8:22-26). Habiendo establecido la importancia del pasaje, la ubicación geográfica y la descripción de los habitantes de Cesarea de Filipo, vemos que Jesús somete a sus discípulos a dos preguntas de suma importancia. Las preguntas tienen el propósito de determinar hasta qué punto los discípulos estaban al tanto de la opinión pública en cuanto a la identidad de Jesús. Más importante: Jesús quería saber hasta qué punto los mismos discípulos habían captado su verdadera naturaleza. Para ser mensajeros eficaces en el reino de Dios, es necesario estar en contacto íntimo con la gente a la cual pretendemos ministrar. Es necesario saber cómo piensan sobre una serie de temas, pero especialmente cómo piensan en cuanto al Hijo del Hombre (v. 13). Esta fue la primera pregunta de Jesús. Los discípulos presentaron cuatro opiniones populares. Primero, el Hijo del Hombre sería Juan el Bautista (v. 14) resucitado de la muerte (comp. 14:2). Hubo una relación muy estrecha entre ambos, y ambos jugaron un papel importante en el comienzo del reino de Dios. Pero también había grandes diferencias como Tasker señala: Juan preparó a los hombres para recibir el reino de Dios en su corazón, pero Jesús inició el reino en el mundo por su ministerio, muerte y resurrección. Juan se paró en los umbrales del reino, pero Jesús fue la puerta por medio de la cual los hombres entran en el reino. Segundo, algunos opinaban que el Hijo del Hombre sería Elías (v. 14) resucitado, según la interpretación literal de una de las profecías (Mal 4:5). Ambos eran hombres fuertes en la oración, ambos realizaron muchas obras sobrenaturales y ambos lucharon contra las religiones falsas. Sin embargo, las conquistas de Elías fueron en la esfera de lo físico y con armas físicas, mientras que Jesús utilizó solamente armas espirituales. En vez de derramar sangre de otros, derramó su propia sangre. Elías vaciló ante la amenaza de Jezabel, pero Jesús afirmó su rostro para ir a la cruz y no vaciló. Tercero, otros pensaban que Jesús era la reaparición del profeta Jeremías (v. 14). Ambos denunciaron la maldad y corrupción de su día, y ambos fueron perseguidos y sufrieron injustamente. Sin embargo, Jeremías solamente anunció la creación de un nuevo pacto en el futuro, por medio del cual los hombres obtendrían el perdón de sus pecados (Jer 31:31). Jesús mismo realizó el nuevo pacto por el derramamiento de su sangre (Jer 26:28). Cuarto, otros entendían que Jesús sería la reaparición de uno de los venerados profetas del AT, sin especificar cuál de ellos (comp. v. 14; Luk 7:16; Joh 6:14). Tasker observa que las distintas opiniones en cuanto a la identidad de Jesús tienen dos cosas en común: (1) Lo identifican con una figura del pasado, en vez de reconocerlo como una persona única y suprema; (2) las opiniones contenían medias verdades peligrosas y engañosas. Jesús se asemejaba a las personas mencionadas, pero trascendía a todas ellas. La Epístola a los Hebreos establece la superioridad de Jesús a todas las personas e instituciones del AT. La única categoría que satisface la persona de Jesús es la que los discípulos emplearon: el Cristo (v. 16), es decir, el Mesías. La segunda pregunta de Jesús fue dirigida a los discípulos en forma enfática y personal. Literalmente sería: Y vosotros, ¿quién me decís ser? Es importante saber lo que otros opinan en cuanto a Jesús, pero el discípulo aprobado para representar a Jesús en el mundo debe tener una convicción personal en cuanto a la identidad de su Señor. En la primera pregunta, varios de los discípulos contestaron, pero en esta ocasión solamente Pedro, el vocero del grupo, contesta. Los sinópticos registran las palabras de Pedro con algunas diferencias verbales, pero con un acuerdo básico: ¡Tú eres el Cristo! (Mar 8:29); ¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente! (Mat 16:16); y El Cristo de Dios (Luk 9:20). Esta variedad de expresiones indica que no existía una fórmula “ortodoxa” y reconocida universalmente. Sin embargo, las tres expresiones emplean la palabra clave: el Cristo, o sea el Mesías. Este título reconocía que Jesús es el ungido por Dios para reinar sobre el universo y en los corazones de sus súbditos. (Ver el significado de “Cristo” en 1:1.) Del Dios viviente (v. 16b) llama la atención a dos verdades solemnes: (1) En contraste con los dioses paganos muertos, Jesús era Hijo del único Dios que vive eternamente; (2) en contraste con los dioses paganos inoperantes, el Dios del Mesías obra activamente en los asuntos de los hombres. Se revela por medio de sus obras, a la vez poderosas y misericordiosas. Cabe la pregunta: ¿Hay algo nuevo en esta confesión? ¿Es la primera vez que los discípulos habían reconocido que Jesús era el Hijo de Dios? Contestamos que sí y que no. En el comienzo de su ministerio terrenal, Jesús fue reconocido como el Mesías por Felipe (Joh 1:41). En el mismo tiempo, Natanael lo identificó como el Hijo de Dios (Joh 1:49). Más adelante, en el bautismo de Jesús, los discípulos escucharon la voz del cielo que decía: Este es mi Hijo amado (Joh 3:17). Los discípulos clamaron ¡Verdaderamente eres Hijo de Dios! (Joh 14:33) después de ver a Jesús caminar sobre el agua. La confesión en Cesarea de Filipo es distinta a las anteriores en dos sentidos: (1) Es la contestación a una pregunta directa y personal hecha por Jesús, y (2) es una respuesta madura y meditada. En las ocasiones anteriores, las confesiones habían sido espontáneas e impulsivas. Respondiendo a la confesión de Pedro, Jesús pronuncia una bendición y una aclaración (v. 17). Jesús acepta la confesión de Pedro como acertada ya se lo declara bienaventurado (ver el significado del término en 5:3 ss.; comp. 11:6; 13:16). El nombre griego Simón (v. 17) probablemente es la contracción del nombre hebreo “Simeón” que significa “oye”, “oyendo” (Gen 29:33). Simón era de Betsaida (Joh 1:44), un poblado cerca del mar de Galilea, y su padre era Jonás. Algunos traductores hacen una transliteración del nombre como “BarJonás”, que significa hijo de Jonás (v. 17b). Jesús aclara que la percepción espiritual demostrada por Simón en la confesión no era el resultado de una deducción natural y humana, de carne y sangre, sino que era el resultado de una revelación del Padre Celestial (v. 17). No había base de jactancia, ni de sentirse superior a los demás. Fue un acto de gracia de parte de Dios. Dios había favorecido a Simón en este particular, y por eso era un hombre dichoso. La Biblia no abre sus secretos a la ciencia pura, sino a la fe comprometida. Por otro lado, la devoción de fe requiere la disciplina del método científico. A continuación, Jesús anuncia la formación de la única institución que él estableció, explica el papel que los discípulos tendrían en la edificación de la iglesia y promete la victoria final de ella sobre todas las fuerzas del mal. En estos tres versículos (18-20) encontramos a lo menos cuatro expresiones que merecen una atención especial: Sobre esta roca, mi iglesia, las puertas del Hades y las llaves del reino. Sobre esta roca. Pocos pasajes despiertan una controversia tan apasionada como éste: Tu eres Pedro (pétros G4074 ) y sobre esta roca (pétra G4073)... Pedro (pétros G4074) es el sustantivo griego que significa “piedra”. El equivalente en arameo es “cefas”. Jesús predijo, cuando Simón se presentó por primera vez: Tú eres Simón... Tú serás llamado Cefas —que significa piedra (Joh 1:42b). Fue una promesa de lo que llegaría a ser, por la gracia de Dios. Simón no tenía la firmeza de una roca al principio, pero llegó a tener esa característica después de Pentecostés (Hech. 3:11-4:22). Este tipo de cambio es lo que Cristo quiere hacer en la vida de todo creyente. No importa tanto lo que uno “es” cuando se enfrenta con Cristo, como lo que “llegará a ser”. Algunos opinan que el juego de palabras en griego es significativo. Tu eres Pedro (pétros G4074), que significa una piedra pequeña, y sobre esta roca (pétra G4073) edificaré mi iglesia. Pétros es masculino y se usa cuando se refiere a un hombre. En cambio, pétra es femenino y se refiere a una roca grande. Sin embargo, debemos recordar que Jesús enseñaba en arameo, y en ese idioma no hay tal diferencia entre los términos para piedra y roca. Puesto que Mateo escuchó personalmente el discurso, probablemente hizo esta distinción en griego porque entendió que tal fue el intento de Jesús. Si aceptamos esta opinión, quizá Jesús estaría diciendo que edificaría su iglesia sobre una roca grande y sólida, compuesta de muchas “piedras” representadas por Pedro. Es imposible determinar con precisión el antecedente del término pétra (roca), sobre la cual Cristo prometió establecer su iglesia. Las distintas posibilidades son: Pedro mismo, la fe de Pedro, la confesión de Pedro, Cristo mismo, o una combinación de algunos de estos. Los teólogos primitivos y modernos se han inclinado, unos para una interpretación y otros para otra. La Iglesia Católica Romana, en la cuna de su formación, a partir del siglo II, ha elaborado una serie de dogmas que pretenden demostrar que Pedro fue el primer papa. El texto bíblico clave que los teólogos católicos han utilizado para sostener la autoridad y sucesión apostólicas de Pedro es precisamente esta respuesta de Jesús a la confesión de Pedro. Sin embargo, pocos intérpretes no católicos sostienen que el antecedente de esta roca (v. 18) sea Pedro mismo, como persona. No es probable que Jesús se refiera a Pedro, como persona, pues Mateo usa el sustantivo femenino (sobre esta roca) cuando traduce al griego lo que Jesús dijo en arameo. Si fuera como dicen los católicos, la construcción más correcta sería así: “Tu eres pétros y sobre este pétros edificaré...”, o “Tu eres pétros y sobre ti edificaré...” Aunque reconocemos que Pedro ocupa una posición prominente entre los apóstoles, tanto en los Evangelios, como en el Libro de los Hechos, en ninguna parte se le da el honor de ser, como persona, la base sobre la cual Jesús edificó su iglesia. Es más probable que el antecedente sea la fe o la confesión de Pedro, como representante de los demás apóstoles y luego, como representante de todos los verdaderos seguidores de Cristo. Sobre la fe y la confesión de hombres como Pedro, Jesús podría edificar su iglesia. Es más natural entender que Jesús se dirija a Pedro (tú eres Pedro) y luego diga algo referente a él (Sobre esta roca). Muchos comentaristas adoptan esta posición (comp. Eph 2:19-20; Apoc. 21:14). El comentarista Broadus presenta una discusión amplia sobre cada una de las posiciones, señalando los argumentos a favor y en contra. Hay otros intérpretes que sostienen que el antecedente es Cristo mismo. Sin lugar a duda, en última instancia, Cristo es la base, o la roca, sobre la cual se edifica la iglesia. Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo (1Co 3:11; comp. 1Co 10:4). Pero parece que el énfasis en este pasaje es otro. Sería una confusión de figuras o símbolos decir: “Yo edificaré mi iglesia sobre esta roca, que es mi persona.” En tal caso, Jesús sería el edificador y la base sobre la cual se edifica. Edificaré mi iglesia (v. 18). La segunda expresión que merece una atención especial es la promesa de Jesús de crear una institución que sería la agencia divina para extender su reino. No perdamos de vista que Jesús mismo es el que edifica la iglesia. Los creyentes son llamados para participar en la tarea pero el que hace la obra es Dios (1Co 3:5-9). Mi es enfático. En el texto griego dice: Edificaré de mi la iglesia. A veces hablamos de “mi iglesia”, o “nuestra iglesia”, pero en última instancia Jesús es el dueño, pues él la compró con su sangre (Eph 5:25). El término “iglesia” se encuentra aquí por primera vez. Jesús lo utilizó solamente dos veces (comp. 18:17), pero se encuentra un total de unas 115 veces en el NT. El término “iglesia” es la transliteración del término griego eklesía G1577, que significa “los llamados afuera”. En el mundo secular se refería a la “asamblea política y democrática” de las ciudades libres en el Imperio Romano. Así se usa dos veces en el NT (Act 19:32, Act 19:39). Eklesía es equivalente al término hebreo qahal G6951 que se utilizaba para referirse a la “asamblea” o “congregación” del pueblo de Israel, bajo el reinado teocrático de Dios (comp. Act 7:38; Heb 2:12). El término eklesía se usa en dos sentidos en el NT para referirse a la iglesia de Cristo. Se refiere a la iglesia universal, invisible (Heb 16:18), es decir, a los creyentes en todo el mundo. En la vasta mayoría de las referencias (unas 92 de las 115 veces) se refiere a la iglesia local. En este sentido Jesús la emplea en su enseñanza sobre la disciplina cristiana (Heb 18:17). A veces se citan Act 9:31 y 1Ti 3:15 para apoyar el uso moderno del término “iglesia” para referirse a una denominación, o a una iglesia regional. Sin embargo, es dudable que una correcta interpretación lleve a esa clasificación. Dos conclusiones son bien claras: (1) Jesús utilizó el término para referirse a la iglesia local y a la iglesia universal; (2) el uso más frecuente es a la iglesia local. La iglesia que Jesús fundó es esencialmente un compañerismo (koinonía G2842) de creyentes en Cristo, unidos por la experiencia común de la gracia de Dios, por su compromiso con Cristo y por su misión en el mundo. No es tanto una organización, como lo es un organismo vivo, un cuerpo en el cual habita el Espíritu de Cristo. El gobierno de la iglesia debe ser democrático en el sentido de que todos los miembros tendrán el privilegio de participar con voz y voto. También, su gobierno es teocrático en el sentido de que Cristo es la cabeza y cada miembro debe estar sometido al señorío de Cristo en su vida y decisiones. Es cierto que Jesús mismo no fundó ninguna iglesia local en particular, pero los apóstoles, especialmente el apóstol Pablo, entendieron que su misión era la de fundar núcleos de creyentes en todo el mundo, llamándolos iglesias. Las iglesias de Cristo deben ser siempre fieles a ese compromiso misionero. Las puertas del Hades no prevalecerán contra ella (v. 18). En esta expresión Jesús aseguró a los discípulos de la permanencia de la iglesia mientras exista el mundo. Como hemos visto arriba, Hades G86 significa “lugar no visible”. El equivalente en el hebreo es Seol G7585 y se refería generalmente a la tumba (comp. Isa 38:10). En el NT frecuentemente el contexto determina que es sinónimo al término gehenna y se refiere al infierno. No prevalecerán significa que “no tendrán fuerza contra”, o “no se impondrán”. Parece ser que Jesús está prometiendo a los apóstoles que la tumba, o el infierno, no podrán resistir el avance, o el ataque, de la iglesia militante. En un sentido, la muerte y el infierno ya son el destino y tienen poder sobre los incrédulos. La iglesia tiene la misión gloriosa, proclamando el evangelio, de librar a los hombres de ese destino e introducirlos en el reino de Dios donde hay vida eterna. Hobbs entiende que se refiere, más bien, a los creyentes que han muerto y están en la tumba y que un día, según la promesa de Cristo, resucitarán, venciendo el poder de la tumba. Broadus considera que el significado más natural es que las puertas del Hades no se tragarán la iglesia. El fondo de esta expresión parece encontrarse en Isaías (Isa 28:15-18). Allí Isaías amonesta a los gobernantes de Jerusalén, quienes en su arrogancia habían hecho un pacto con la muerte para evitar que muriesen. El profeta pronuncia la palabra de Jehová, diciendo que ese pacto sería anulado y no serviría en el momento de la muerte. Por otro lado, Dios promete seguridad ante la amenaza de la muerte: He aquí que yo pongo como cimiento en Sion una piedra, una piedra probada. Una preciosa piedra angular es puesta como cimiento. El que crea no se apresure (Isa 28:16). Esta profecía se cumplió cabalmente en Cristo. Las llaves del reino (v. 19). Jesús continúa su diálogo con Pedro y le promete las llaves del reino. Las llaves simbolizan poder o autoridad. Evidentemente su intención era de darle a Pedro, como representante del grupo, las llaves. En 18:18 (comp. Joh 20:23), Jesús promete la misma autoridad a todos los apóstoles. En el cap. 16 la autoridad se refiere a la enseñanza, mientras que en el cap. 18 tiene que ver con la aplicación de disciplina en la iglesia. La Iglesia Católica Romana, contra esta evidencia bíblica, sostiene que las llaves fueron dadas a Pedro, “el primer papa” y que se traspasan de papa a papa a través de los siglos. “Atar” y “desatar” eran términos rabínicos para referirse a “prohibir” y “permitir”. Las llaves sirven para cerrar y abrir puertas. Las llaves del reino probablemente se refieren a la autoridad para abrir el reino a los que reúnen las condiciones para entrar: arrepentimiento y fe en Cristo. También se refieren a la autoridad de pronunciar cerradas las puertas a los que no reúnen estas condiciones. Pedro utilizó estas llaves con gran autoridad en el día de Pentecostés cuando proclamó el sermón y dio entrada a tres mil personas al reino de Dios. Los otros apóstoles y creyentes fieles de todos los siglos han utilizado la misma autoridad, las llaves del reino, para introducir millones en el reino de Dios. El texto griego tiene una construcción especial en este caso, llamada perifrástico del futuro perfecto pasivo como bien se muestra en nuestra traducción. Significa que el cielo no ratifica lo que el creyente dice o hace en la tierra, sino, al revés, que si el creyente proclama fielmente el evangelio, estará ratificando lo que ya está determinado en el cielo. El creyente puede decir a un incrédulo: “Mi buen amigo, en base a la Palabra de Dios, si tu reconoces tus pecados, los confiesas de corazón y confías que Jesús murió en la cruz por tus pecados, tus pecados serán perdonados y Dios te dará vida eterna.” El creyente tiene la autoridad de prometer perdón y salvación, si el incrédulo cumple las condiciones establecidas en la Palabra, es decir, en el cielo. Por otro lado, puede asegurar al incrédulo que si no reúne esas condiciones bíblicas, las puertas del reino le serán cerradas. En este sentido estaría permitiendo o prohibiendo la entrada en el cielo. Parece contradictorio que Jesús prohibiera a los discípulos utilizar las llaves en ese momento, que no dijesen a nadie que él era el Cristo (v. 20). Había aceptado la confesión de Pedro en cuanto a su identidad como el Cristo (v. 16), pero quería evitar que los discípulos publicasen esa verdad hasta después de su resurrección. Por un lado, quería evitar la confrontación con las autoridades judaicas y romanas antes del tiempo establecido por su Padre. Por otro lado, los apóstoles no estaban debidamente preparados para emplear correctamente las llaves del reino antes de Pentecostés, cuando recibirían la plenitud del Espíritu Santo. Pedro ante la roca En griego pétros es Pedro, y pétra es piedra o roca. Ahora bien, ¿qué importancia tenía para los judíos el significado de la palabra roca? La idea es que la roca sirve como refugio y protección. Su durabilidad y consistencia inspira seguridad. En Deu 32:4 se menciona a Dios como la Roca. El Salmo 18 lo exalta y alaba por cuanto él es el más alto escondite y protector. En 1Sa 2:2 se nos dice que no hay ninguna otra roca como Dios. Isaías refiriéndose al reinado mesiánico dice que habrá un rey como la sombra de un gran peñasco en una tierra sedienta (Isa 32:2). También de la roca puede surgir un manantial según Num 20:11. De ahí que el apóstol Pablo diga que todos bebieron de la roca que es Cristo (1Co 10:4). La roca es tan fuerte que no hay mejor cimiento para la construcción de una casa, (ver 7:24), o también una ciudad como las de Edom (Abd. 3), siendo la más conocida Petra o Sela. Por eso que la roca es símbolo de habitación o refugio, de abrigo, seguridad, durabilidad, fortaleza. De ahí vienen la relación de la roca con Dios. Toda vez que se hablaba de la roca, el judío pensaba inmediatamente en Dios y jamás en hombre alguno. En el NT sigue la misma idea pero ahora con referencia a Cristo. A Simón, hijo de Jonás, no se lo llamó Petros por su personalidad, sino porque sería una de las primeras piedras con las que el Señor construiría su iglesia. El mismo Pedro así lo interpreta (1Pe 2:4-5). 2 El rey predice por primera vez su muerte,1Pe 16:21-28 En esta sección Jesús anuncia su muerte y resurrección por primera vez, reprende a Pedro por su falta de discernimiento espiritual y pronuncia las condiciones para poder seguirlo. (1) Jesús anuncia su muerte y resurrección,1Pe 16:21-23. Jesús ya había insinuado que tendría que sufrir y morir, pero que resucitaría al tercer día. La señal de Jonás (1Pe 12:39-40; 1Pe 16:4) fue un anuncio encubierto de su destino. En este pasaje lo anuncia claramente. Faltaban seis meses para el cumplimiento de esta profecía. El tiempo corría rápidamente y Jesús comenzó a explicar este plan desde entonces (v. 21). Quiere decir que la confesión de Pedro de la identidad mesiánica de Jesús fue necesaria antes de que Jesús siguiera con las lecciones finales. Era necesario reconocer primero su identidad mesiánica, y luego Jesús aclararía la naturaleza de su papel mesiánico. Contrario a la expectativa popular y aun la de los discípulos (Act 1:6), no sería un rey político, ni libertador con ejércitos armados. Sería el “Siervo Sufriente” descrito por Isaías (53). Era preciso (dei G1163 ) es la traducción de un verbo impersonal que denota una necesidad moral, no una imposición ni obligación de afuera. Era la voluntad del Padre que fuera a Jerusalén y padeciera y fuera muerto, y resucitara al tercer día (comp. v. 21). La voluntad de Jesús estaba en perfecta armonía con la del Padre. La mención de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas (v. 21) se refiere al Sanedrín. El anuncio de Jesús cayó como una bomba sobre los discípulos, y Pedro no tardó en reaccionar. Jesús era el Cristo, sí, pero no el “Siervo Sufriente”, según pensaba Pedro. El discípulo reprende a su Maestro. Pretende saber mejor que él lo que era la voluntad de Dios. Pedro dijo literalmente: sea propicio (o favorable) a ti, pero se entiende que Pedro está implorando el favor de Dios sobre Jesús, o que Jesús mismo sea misericordioso consigo mismo. Pedro exclama literalmente: “No, no será a ti esto” (v. 22). Es una expresión fuerte con doble negación. Quizá Pedro estaba comprometiéndose a defender a Jesús ante los enemigos. En todo caso, no podía admitir la idea del sufrimiento y muerte de su Maestro. Jesús reprende a Pedro en los términos más categóricos. Detectó la mano de Satanás obrando por medio de uno de los líderes de entre sus seguidores, procurando desviarlo del camino de la cruz. Por los labios de Pedro, escuchó la misma voz que le había tentado en el comienzo de su ministerio (Act 4:1-11). Pedro, por revelación de Dios, confesó a Jesús como el Mesías. Ahora bajo la influencia de Satanás, estaba procurando estorbar el plan de Dios. Este hecho nos enseña la necesidad de mantener una dependencia de la dirección del Espíritu Santo en todo momento para revelarnos la voluntad de Dios. Posiblemente Pedro se infló de orgullo por la alabanza anterior de Jesús y perdió su comunicación con el Padre y por eso, el discernimiento espiritual. Tropiezo (v. 22) traduce el término griego skándalon G4625, del cual viene nuestra palabra “escándalo”. Antes Pedro era una piedra de bendición, pero ahora una piedra de tropiezo. En vez de pensar según la voluntad de Dios, bajo la influencia del Espíritu Santo, estaba pensando como los hombres carnales o incrédulos piensan. Tal actitud falible dista mucho de la supuesta infalibilidad atribuida a Pedro y sus “sucesores papales”. Verdades prácticas 1. ¿Qué es lo que impulsaba a Jesús hacia la cruz? ¡Su intenso amor por los pecadores! ¿Incluía a los principales sacerdotes y a los escribas? ¡Aun por los sacerdotes y escribas y también fariseos! Siempre que estén dispuestos a afiliarse a la larga lista de pecadores. 2. Jesús anuncia su muerte y victoria. Los discípulos se detienen pensando en la muerte; Jesús no deja de pensar en el triunfo, es decir, la resurrección (Act 16:21). 3. La piedra llamada Pedro, en vez de ser una roca de apoyo era una roca de tropiezo. Esto demuestra una vez más que los aciertos y los errores se alternan en la vida de los cristianos. Lo importante es no sentarnos sobre el fracaso sino hacer de ellos los escalones que nos conducen a una oportunidad más alta. (2) Condiciones para seguir a Jesús,Act 16:24-28. Pedro había reaccionado fuertemente ante la perspectiva de la muerte de Jesús. Ahora Jesús le enseña a Pedro, a los demás discípulos y a la multitud en general (Mar 8:34; Luk 9:23) una lección muy dolorosa: Seguir a Jesús significa seguir a un Jesús que será humillado, maltratado y crucificado. Jesús no encubrió a sus discípulos las demandas difíciles del discipulado (comp. 10:16-25), aun bajo riesgo de asustarlos, o ahuyentarlos (comp. Joh 6:66-69). El camino de la cruz sería literal para Jesús y para algunos de sus seguidores, pero para todos sería un principio de renuncia de sí mismos, de las cosas y del mundo. No se trata de renunciar a una o dos cosas, por más importantes que sean, sino la renuncia a las demandas egoístas de la vida. Sería un cambio radical de un ser egocéntrico a un ser Cristocéntrico. Se habla de la autopreservación como uno de los instintos más fundamentales del hombre, pero muchas veces se entiende como preservación del hombre natural o carnal (comp. 1 Cor. 2:14-3:1), como autoagrandamiento. Cristo no demanda la negación de la personalidad, sino que presenta el único camino para descubrir el verdadero ser y la verdadera libertad de la personalidad. Si alguno quiere... (v. 24) es la clave. Es condicional, es voluntaria, está abierta a todos, pero depende del querer de cada uno. Se trata de una oración condicional, de primera clase, que presume la realidad de la premisa. Jesús espera que toda persona razonable querrá seguirle. En el v. 24, Jesús presenta tres apelaciones, en forma de imperativos de mandato, a la voluntad de la persona que quiera ir en pos, o detrás, de él. Niéguese a sí mismo, tome su cruz son dos imperativos del tiempo aoristo que denotan acción decisiva, inmediata, puntual. La cruz es símbolo de muerte. Tome su cruz significa decidir morir a si mismo, decir que sí a Dios y no a sí mismo (comp. Rom 6:11). Los judíos estaban familiarizados con la práctica que establecía que el condenado a morir en la cruz tenía que “tomar su cruz” y llevarla a cuestas al sitio de la ejecución. En contraste, el tercer imperativo, sígame, es de tiempo presente que denota acción continuada, repetida. En efecto, Jesús dice que el que quiera seguirle debe adoptar una norma y actitud, en un momento dado, de negarse y tomar su cruz, pero que el seguirle es una acción que continúa el resto de la vida. Fue la acción tomada por Jesús en el momento de las tentaciones después de su bautismo y durante todo su vida terrenal. Jesús emplea dos paradojas para advertir a los apóstoles de las consecuencias de seguir el principio egocéntrico de la vida (v. 25). El que decida seguir el camino de la autopreservación, y así salvar su vida, la perderá, porque es una vida egocéntrica. En cambio, el que decide seguir en pos de Jesús, el que pierda su vida por causa de mi, descubrirá la vida en toda su plenitud, la vida Cristocéntrica. Obsérvese el énfasis en el querer: el que quiera salvar su vida... Otra vez depende de la voluntad de cada individuo. Jesús emplea dos preguntas que obligan a la reflexión y muestran la necedad de seguir el principio de la auto preservación en forma egoísta, acumulando cosas, inclusive el mundo entero (v. 26). En efecto está preguntando: ¿Qué cosa es de tanto valor que serviría como recompensa, o intercambio, por la pérdida del alma? En un negocio uno da algo y recibe algo. Es un mal negocio si lo que recibe es de poco o ningún valor en comparación con lo que entrega. ¡Es un muy mal negocio ganar todo el mundo y perder el alma! Jesús dice que el alma vale más que el mundo entero. Es un negocio “redondo” seguir fielmente a Cristo. El término griego psuché G5590 se refiere a la totalidad de la vida, física y espiritual. Puede traducirse como “vida”, o como “alma”. En la RVA el mismo término se traduce como “vida” (v. 25) y como “alma” (v. 26). En el primer caso, el énfasis está sobre la vida terrenal, pero en el siguiente sobre el destino del alma en el juicio final. Los dos versículos finales se refieren a un evento futuro del cual serían testigos oculares algunos de los oyentes. Literalmente, algunos no gustarán la muerte antes de suceder el evento. ¿A qué evento se refiere la venida del Hijo del Hombre? Podría referirse a su muerte y resurrección, al evento de Pentecostés, a la destrucción de Jerusalén (70 d. de J.C.), o a la Segunda Venida. Si fuera la Segunda Venida, Jesús estaría equivocado, pues todos murieron sin presenciarla. Descartamos estaposibilidad, pues Jesús es la verdad (Joh 14:6) y siempre habló la verdad. También hay otras posibilidades que caben. En un sentido real, Jesús triunfó y trajo juicio sobre el pecado del hombre en su muerte y resurrección. Este evento sería el cumplimiento más natural a la profecía. En la destrucción de Jerusalén, el Hijo del Hombre vino también en juicio sobre una nación rebelde. El destino final de cada uno se establece de acuerdo a su respuesta, sí o no, ante Jesús como Hijo de Dios y Salvador del mundo. En cambio, las recompensas se establecen de acuerdo con las obras de cada uno, muchas o pocas, buenas o malas.



Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Copyright © 1960 by American Bible Society

Comentario Bíblico Mundo Hispano

7000 Alabama St. El Paso, TX 79904, Copyright 2000 © Editorial Mundo Hispano



Anuncios