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Comentario Bíblico de Matthew Henry
Juan 4

1. Jesús* se enteró de que los fariseos sabían que él estaba haciendo y bautizando más discípulos que Juan

2. (aunque en realidad no era Jesús quien bautizaba sino sus discípulos).

3. Por eso se fue de Judea y volvió otra vez a Galilea.

4. Como tenía que pasar por Samaria,

5. llegó a un pueblo samaritano llamado Sicar, cerca del terreno que Jacob le había dado a su hijo José.

6. Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se sentó junto al pozo. Era cerca del mediodía.*

7. Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida. En eso llegó a sacar agua una mujer de Samaria, y Jesús le dijo: --Dame un poco de agua.

8.

9. Pero como los judíos no usan nada en común* con los samaritanos, la mujer le respondió: --¿Cómo se te ocurre pedirme agua, si tú eres judío y yo soy samaritana?

10. --Si supieras lo que Dios puede dar, y conocieras al que te está pidiendo agua --contestó Jesús--, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua que da vida.

11. --Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua, y el pozo es muy hondo; ¿de dónde, pues, vas a sacar esa agua que da vida?

12. ¿Acaso eres tú superior a nuestro padre Jacob, que nos dejó este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y su ganado?

13. --Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed --respondió Jesús--,

14. pero el que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed jamás, sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna.

15. --Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni siga viniendo aquí a sacarla.

16. --Ve a llamar a tu esposo, y vuelve acá --le dijo Jesús.

17. --No tengo esposo --respondió la mujer. --Bien has dicho que no tienes esposo.

18. Es cierto que has tenido cinco, y el que ahora tienes no es tu esposo. En esto has dicho la verdad.

19. --Señor, me doy cuenta de que tú eres profeta.

20. Nuestros antepasados adoraron en este monte, pero ustedes los judíos dicen que el lugar donde debemos adorar está en Jerusalén.

21. --Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre.

22. Ahora ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación proviene de los judíos.

23. Pero se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad,* porque así quiere el Padre que sean los que le adoren.

24. Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.

25. --Sé que viene el Mesías, al que llaman el Cristo --respondió la mujer--. Cuando él venga nos explicará todas las cosas.

26. --Ése soy yo, el que habla contigo --le dijo Jesús.

27. En esto llegaron sus discípulos y se sorprendieron de verlo hablando con una mujer, aunque ninguno le preguntó: '¿Qué pretendes?' o '¿De qué hablas con ella?'

28. La mujer dejó su cántaro, volvió al pueblo y le decía a la gente:

29. --Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Cristo?

30. Salieron del pueblo y fueron a ver a Jesús.

31. Mientras tanto, sus discípulos le insistían: --Rabí, come algo.

32. --Yo tengo un alimento que ustedes no conocen --replicó él.

33. '¿Le habrán traído algo de comer?', comentaban entre sí los discípulos.

34. --Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y terminar su obra --les dijo Jesús--.

35. ¿No dicen ustedes: 'Todavía faltan cuatro meses para la cosecha'? Yo les digo: ¡Abran los ojos y miren los campos sembrados! Ya la cosecha está madura;

36. ya el segador recibe su salario y recoge el fruto para vida eterna. Ahora tanto el sembrador como el segador se alegran juntos.

37. Porque como dice el refrán: 'Uno es el que siembra y otro el que cosecha.'

38. Yo los he enviado a ustedes a cosechar lo que no les costó ningún trabajo. Otros se han fatigado trabajando, y ustedes han cosechado el fruto de ese trabajo.

39. Muchos de los samaritanos que vivían en aquel pueblo creyeron en él por el testimonio que daba la mujer: 'Me dijo todo lo que he hecho.'

40. Así que cuando los samaritanos vinieron a su encuentro le insistieron en que se quedara con ellos. Jesús permaneció allí dos días,

41. y muchos más llegaron a creer por lo que él mismo decía.

42. --Ya no creemos sólo por lo que tú dijiste --le decían a la mujer--; ahora lo hemos oído nosotros mismos, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo.

43. Después de esos dos días salió de allí rumbo a Galilea

44. (pues, como él mismo había dicho, a ningún profeta se le honra en su propia tierra).

45. Cuando llegó a Galilea, fue bien recibido por los galileos, pues éstos habían visto personalmente todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua, ya que ellos habían estado también allí.

46. Y volvió otra vez Jesús a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Capernaúm.

47. Cuando este hombre se enteró de que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a su encuentro y le suplicó que bajara a sanar a su hijo, pues estaba a punto de morir.

48. --Ustedes nunca van a creer si no ven señales y prodigios --le dijo Jesús.

49. --Señor --rogó el funcionario--, baja antes de que se muera mi hijo.

50. --Vuelve a casa, que tu hijo vive --le dijo Jesús--. El hombre creyó lo que Jesús le dijo, y se fue.

51. Cuando se dirigía a su casa, sus siervos salieron a su encuentro y le dieron la noticia de que su hijo estaba vivo.

52. Cuando les preguntó a qué hora había comenzado su hijo a sentirse mejor, le contestaron: --Ayer a la una de la tarde* se le quitó la fiebre.

53. Entonces el padre se dio cuenta de que precisamente a esa hora Jesús le había dicho: 'Tu hijo vive.' Así que creyó él con toda su familia.

54. Ésta fue la segunda señal que hizo Jesús después que volvió de Judea a Galilea.

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Juan 4

Vv. 1-3.Jesús se dedicó más a predicar, que era más excelente, que a bautizar, 1 Corintios i, 17. Honraría a sus discípulos empleándolos para bautizar. Nos enseña que el beneficio de los sacramentos no depende de la mano que los administra.


Vv. 4-26.Había mucho odio entre samaritanos y judíos. El camino de Cristo desde Judea a Galilea pasaba por Samaria. No debemos meternos en lugares de tentación, sino cuando debemos y, entonces, no debemos permanecer en ellos, sino apresurarnos a pasar por ellos. Aquí tenemos a nuestro Señor Jesús sujeto a la fatiga normal de los viajeros. Así vemos que era verdadero hombre. El trabajo agotador vino con el pecado; por tanto, Cristo, habiéndose hecho maldición por nosotros, estuvo sujeto a ella. Además, era pobre y realizó todos sus viajes a pie. Cansado, pues, se sentó en el pozo; no tenía un cojín donde descansar. De este modo se sentó, como se sienta alguien cansado de viajar. Con toda seguridad debemos someternos rápidamente a ser como el Hijo de Dios en cosas como esas. Cristo pidió agua a la mujer. Ella se sorprendió porque Él no demostró la ira de su nación contra los samaritanos. Los hombres moderados de todas partes son los hombres que asombran. Cristo aprovechó la ocasión para enseñarle cosas divinas: Convirtió a esta mujer demostrándole su ignorancia y pecaminosidad y su necesidad de un Salvador. Se alude al Espíritu con el agua viva. Con esta comparación se había prometido la bendición del Mesías en el Antiguo Testamento. Las gracias del Espíritu y sus consolaciones satisfacen el alma sedienta que conoce su propia naturaleza y necesidad. Lo que Jesús dijo figuradamente, ella lo entendió literalmente. Cristo señala que el agua del pozo de Jacob daba una satisfacción de breve duración. No importa cuáles sean las aguas de consolación que bebamos, volveremos a tener sed. Pero a quien participa del Espíritu de gracia, y del consuelo del evangelio, nunca le faltará lo que dará abundante satisfacción a su alma. Los corazones carnales no miran más alto que las metas carnales. Dame, dijo ella, no para que yo tenga la vida eterna, propuesta por Cristo, sino para que no tenga que venir más aquí a buscar agua. La mente carnal es muy ingeniosa para cambiar las convicciones e impedir que apremien, pero ¡nuestro Señor Jesús dirige muy certeramente la convicción de pecado a la conciencia de ella! La reprendió severamente por su presente estado de vida. La mujer reconoció que Cristo era profeta. El poder de su palabra para escudriñar el corazón y convencer de cosas secretas a la conciencia es prueba de autoridad divina. Pensar que desaparecen las cosas por las que luchamos debiera enfriar nuestras contiendas. El objeto de adoración seguirá siendo el mismo, Dios, como Padre, pero se pondrá fin a todas las diferencias sobre el lugar de adoración. La razón nos enseña a considerar la decencia y la conveniencia en los lugares de nuestro servicio de adoración, pero la religión no da preferencia a un lugar respecto de otro en cuanto a la santidad y la aprobación de Dios. Los judíos tenían, por cierto, la razón. Quienes han obtenido cierto conocimiento de Dios por las Escrituras, saben a quién adoran. La palabra de salvación era de los judíos. Llegó a otras naciones a través de ellos. Cristo prefirió, con justicia, la adoración judía antes que la samaritana, pero aquí habla de lo anterior como algo que pronto se terminará. Dios estaba por ser revelado como el Padre de todos los creyentes de toda nación. El espíritu o alma del hombre, influido por el Espíritu Santo, debe adorar a Dios y tener comunión con Él. Los afectos espirituales, como se demuestran en las oraciones, súplicas y acciones de gracia fervorosas, constituyen la adoración de un corazón recto, en el cual Dios se deleita y es glorificado. La mujer estaba dispuesta a dejar la cuestión sin decidir hasta la venida del Mesías, pero Cristo le dijo: Yo soy, el que habla contigo. Ella era una samaritana extranjera y hostil; el sólo hablar con ella era considerado como desprestigio para nuestro Señor Jesús. Sin embargo, nuestro Señor se reveló a esta mujer con más plenitud de lo que había hecho con cualquiera de sus discípulos. Ningún pecado pasado puede impedir que seamos aceptados por Él, si nos humillamos ante Él, creyendo en Él como el Cristo, el Salvador del mundo.


Vv. 27-42.Los discípulos se asombraron de que Cristo conversara con una samaritana, aunque sabían que era por una buena razón y para un propósito bueno. Así, pues, cuando aparecen dificultades en detalles en la palabra y en la providencia de Dios, es bueno que nos satisfagamos con que todo lo que Jesucristo dice y hace está bien. Dos cosas afectaron a la mujer. La magnitud de su conocimiento. Cristo conoce todos los pensamientos, palabras y acciones de todos los hijos de los hombres. El poder de su palabra. Le habló con poder de sus pecados secretos. Ella se aferró de esa parte del discurso de Cristo, muchos pensarían que ella se podía mostrar reacia a repetir, pero el conocimiento de Cristo, al cual somos guiados por la convicción de pecado, es muy probable que sea sano y salvador. Ellos fueron a Él: los que deseen conocer a Cristo deben hallarlo donde Él registre su nombre. Nuestro Maestro nos ha dejado un ejemplo para que aprendamos a hacer la voluntad de Dios como Él la hizo; con diligencia como los que hacen su actividad de ella; con deleite y placer en ella. Cristo compara su obra con la siega. La siega está determinada y se cuida antes que llegue; así fue el evangelio. El tiempo de cosechar es tiempo de mucho trabajo; entonces, todos deben estar en las labores. El tiempo de la siega es corto y la obra de la cosecha debe hacerse entonces, o no se hará; así, pues, el tiempo del evangelio es una temporada que no puede recuperarse si se pasó. A veces Dios usa instrumentos muy débiles e improbables para empezar y seguir la buena obra. Nuestro Salvador difunde conocimiento en todo un pueblo enseñándole a una pobre mujer. Benditos son los que no se ofenden con Cristo. Desean verdaderamente aprender más aquellos a quienes Dios enseña. Mucho agrega a la alabanza de nuestro amor por Cristo y su palabra si vence prejuicios. La fe de ellos creció. En cuanto a esto: ellos creyeron que Él era el Salvador no sólo de los judíos, sino del mundo. Con esa certeza sabemos que el Cristo es verdaderamente Aquel, y sobre esa base, porque nosotros mismos le hemos oído.


Vv. 43-54.El padre era un oficial del rey, pero el hijo estaba enfermo. Los honores y los títulos no son garantía contra la enfermedad y la muerte. Los hombres más grandes deben ir a Dios, deben volverse mendigos. El noble no se detuvo en su petición hasta que prevaleció, pero primeramente, descubrió la debilidad de su fe en el poder de Cristo. Cuesta convencernos de que la distancia de tiempo y lugar no obstaculizan el conocimiento, la misericordia ni el poder de nuestro Señor Jesús. Cristo dio una respuesta de paz. Si Cristo dice que el alma viva, vivirá. El padre siguió su camino lo que demostró la sinceridad de su fe. Satisfecho, no se apresuró a volver a casa esa noche; regresó como quien está en paz con su conciencia. Sus sirvientes le salieron al encuentro con la noticia de la recuperación de su hijo. La buena nueva saldrá al encuentro de los que esperan en la palabra de Dios. Confirma nuestra fe que comparemos diligentemente las obras de Jesús con su palabra. Y llevar la curación a la familia le trajo la salvación. Así, pues, experimentar el poder de una palabra de Cristo puede establecer la autoridad de Cristo en el alma. Toda la familia creyó igualmente. El milagro hizo que quisieran a Jesús para ellos. El conocimiento de Cristo aún se difunde por las familias, y los hombres hallan salud y salvación para sus almas.



Nueva Versión Internacional (NVI)

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Comentario Bíblico de Matthew Henry

Autor: Matthew Henry, Traducido al castellano por Francisco la Cueva, Copyright © Spanish House Ministries | Unilit